Juan Blanco se va entre cuestionamientos; Hacienda “no sabe nada” y Santiago de la Peña sigue cosechando respaldos
Hay salidas que generan tristeza, otras preocupación y unas cuantas que, en los pasillos de la política, provocan aquello de: “ya era hora”.

La versión sobre la salida de Juan Alberto Blanco Zaldívar del área encargada de las casetas de cobro del estado pertenece, por lo pronto, a esta última categoría para quienes venían señalando deficiencias en la operación de las carreteras estatales.
Y es que, según los señalamientos que comenzaron a acumularse, el desempeño de Blanco habría dejado bastante que desear, particularmente en asuntos relacionados con los aforos y el mantenimiento de las propias casetas.
El asunto, dicen, dejó de ser un simple comentario de pasillo cuando las quejas ciudadanas llegaron hasta una entrevista de la gobernadora María Eugenia Campos en Cuauhtémoc.
Ahí, usuarios de la carretera hicieron públicos sus reclamos por la desatención y los problemas que enfrentaban en una vía de comunicación particularmente importante para la región.
Y cuando los ciudadanos tienen la oportunidad de reclamarle directamente a la gobernadora lo que ocurre en una carretera, difícilmente el asunto puede esconderse debajo de una alfombra administrativa.
Vino entonces la llamada de atención pública.
Porque una cosa es que un funcionario tenga problemas operativos y otra muy distinta es que esos problemas terminen convirtiéndose en una queja ciudadana frente a la titular del Ejecutivo estatal.
La vieja escuela: cuando nadie sabe nada
Pero aquí viene la parte divertida —políticamente hablando—.
Al ser cuestionado sobre la eventual salida de Blanco, el secretario de Hacienda, José de Jesús Granillo Vázquez, habría dicho desconocer el movimiento.
¡Vaya sorpresa!
Sobre todo porque se trata de un área que depende directamente de la Secretaría de Hacienda.
Así que uno podría pensar que el titular de la dependencia sería precisamente uno de los primeros en enterarse de un movimiento de esa naturaleza.
Claro que también existe otra posibilidad: que el secretario haya preferido no meterse en camisa de once varas.
Y eso, en política, tiene cierta lógica.
Porque responder preguntas de periodistas sobre movimientos administrativos puede ser una especie de deporte extremo para quien no quiera regalar titulares, cometer una indiscreción o, peor aún, anunciar antes de tiempo algo que todavía no está formalizado.
Para eso están los silencios institucionales, las respuestas de manual y el clásico:
“No tengo información al respecto”.
Santo remedio.
Aunque también hay que reconocer que, si de experiencia política y manejo de medios se trata, en el gabinete estatal hay quien juega en otra cancha.
Ahí aparece Santiago de la Peña, secretario general de Gobierno, quien conoce bastante bien los terrenos de la política, los tiempos, los mensajes y, sobre todo, la importancia de no dejar pasar una oportunidad.
Mientras unos salen, otros suman
Y mientras en Hacienda se habla de posibles relevos, en el otro extremo del tablero político Santiago de la Peña continúa acumulando simpatías.

Ahora fue la maestra Micaela Arteaga quien hizo público su respaldo al funcionario.
Y no se trató de un apoyo basado en cifras, obras, presupuesto o estadísticas.
No.
La profesora puso sobre la mesa un elemento mucho más emocional: la familia.
En su mensaje, Arteaga explicó que decidió respaldar a De la Peña porque, desde su perspectiva, el funcionario ha demostrado que la familia ocupa un lugar importante dentro de su visión y de su trayectoria.
“Mi apoyo es para el señor Santiago De La Peña. Él ha demostrado que para él la familia es algo muy importante, y eso es lo que a mí me ha convencido de él”, expresó.
Y en política, los símbolos cuentan.
Mucho.
Porque cuando alguien empieza a recibir respaldos públicos y éstos provienen de sectores distintos, el mensaje no necesariamente está en el número de adhesiones, sino en la diversidad de quienes comienzan a pronunciarse.
La maestra, además, pertenece al sector educativo, un espacio que políticamente nunca debe menospreciarse.
De casetas y proyectos
Así que el contraste resulta interesante.
Por un lado, un funcionario cuya eventual salida ocurre en medio de cuestionamientos sobre la operación de las casetas y después de reclamos ciudadanos.
Por otro, un secretario de Gobierno que sigue apareciendo en el radar político y que comienza a recibir respaldos públicos de ciudadanos que explican abiertamente por qué confían en él.
Y aquí es donde la política vuelve a demostrar que los vacíos de poder duran poco.
Cuando un funcionario sale de escena, alguien más comienza a ocupar el espacio.
Cuando un proyecto pierde fuerza, otro empieza a ganar terreno.
Y mientras algunos todavía están tratando de explicar por qué no sabían que venía un relevo que depende de su propia oficina, otros ya están construyendo relaciones, sumando simpatías y dejando que los respaldos hablen por sí solos.
Eso sí: habrá que esperar la confirmación oficial sobre la salida de Juan Blanco y, sobre todo, conocer quién será el próximo responsable de las casetas.
Porque después del ruido, los reclamos y los cuestionamientos, lo mínimo que esperan los usuarios es que llegue alguien que sí sepa que una carretera no se administra desde el escritorio y que una caseta tampoco funciona con buenas intenciones.
Y si el relevo llega con ganas de trabajar, mantener las instalaciones y atender los aforos como corresponde, quizá hasta los automovilistas terminen agradeciendo el cambio.
Porque en política podrán existir muchas casetas, muchas versiones y muchas excusas.
Pero para los ciudadanos hay una sola tarifa que realmente importa:
que su dinero se vea reflejado en carreteras que funcionen.