POR HORUS | La Columna
Resulta que en Chihuahua ya no se sabe si vivimos en un estado de derecho o en un capítulo mal dirigido de La Rosa de Guadalupe, con toques de espionaje internacional y romance político a 30 mil pies de altura.

El patriarca del periodismo de revelación, Carlos Loret de Mola, nos regaló la teoría conspirativa del año: el mismísimo «Pacto del Aeropuerto». Según el oráculo de Latinus, en una cumbre secreta entre la gobernadora blanquiazul Maru Campos y la mismísima titular del Ejecutivo federal, Claudia Sheinbaum Pardo, se armó el enjugue perfecto en el aeropuerto de Ciudad Juárez. ¿El saldo? Se decreta una tregua de declaracionitis mutua, se congela a la senadora Andrea Chávez (a quien ya mandaron a la banca antes de que se convirtiera en una bomba radioactiva para Morena) y, como cereza del pastel, se le entrega a las fuerzas federales al exfiscal César Jáuregui Moreno, directo y sin escalas al penal de máxima seguridad del Altiplano por aquello de la «traición a la patria». ¡Casi nada!
Según la teoría, Maru Campos y Claudia Sheinbaum, después de medio año tirándose a matar en redes y tribunas, se encontraron en el aeropuerto de Juárez, se dieron un apretón de manos invisible y acordaron: tú bajas a Andrea Chávez, yo te entrego a Jáuregui para que lo metan a Almoloya acusado de traición a la patria. ¿Hay más? Loret pregunta si no habrá también un empujoncito electoral. Claro, porque en Chihuahua todo se arregla con una plática en la sala VIP.
La justicia ciega… y bien coordinada
Pero claro, la respuesta desde Palacio Nacional no se hizo esperar. La presidenta Claudia Sheinbaum se desgarró las vestiduras desde la mañanera asegurando que «no hay pactos políticos con la justicia» y tachando todo de «periodismo de ficción». ¡Imagínense ponerse de acuerdo con un gobernador para ver a quién meten a la cárcel!, exclamó con la inocencia de quien nunca ha leído un libro de historia política mexicana. Según la versión oficial, todo este enredo por el que acusan a Jáuregui se debe, nada más y nada menos, a un accidente carretero en la Sierra Tarahumara donde agentes estadounidenses perdieron la vida.
Por su parte, el exfiscal, desde las sombras de su audiencia, jura por la virgencita de Guadalupe que él no sabe nada de gringos infiltrados, que en las carpetas de investigación no hay llamadas, ni registros, ni un solo chismoso que lo señale directamente.
El secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña, en entrevista baquetera, rechazó que la detención del exfiscal general del Estado, César Jáuregui Moreno, deba interpretarse como un asunto político o como una estrategia para favorecer sus posibles aspiraciones a la candidatura por la presidencia municipal de Chihuahua, al señalar que se trata de un procedimiento judicial derivado de dos investigaciones iniciadas desde abril, aunque aceptó que lo de «traición a la patria» federal suena un tanto… exagerado.
Al ser cuestionado sobre las acusaciones de que la detención de Jáuregui Moreno podría beneficiarlo políticamente al dejarle el camino libre hacia una eventual candidatura a la alcaldía de Chihuahua, De la Peña Grajeda aseguró que no encuentra relación entre ambos asuntos.
El Titanic azul y la carpa guinda
Mientras tanto, en el cuartel de Acción Nacional el ambiente está que arde. Los leales a Jáuregui armaron su peregrinación a las instalaciones del PAN y se metieron a una reunión privada con la dirigente estatal, Daniela Álvarez, a exigir que saquen las manos del proceso interno y que el mismísimo líder nacional, Jorge Romero, venga a poner orden a este manicomio.
Frente a este incendio, el coordinador de los diputados locales, Alfredo Chávez Madrid, salió a repartir apapachos y a llamar a cerrar filas con Marco Bonilla para «ganar Chihuahua», aceptando que existe una crisis interna, crisis que ya no se niega: se administra. Alfredo Chávez llama a cerrar filas con Marco Bonilla, reconoce que hay crisis, que los militantes tienen derecho a protestar “de buena fe” y que Morena se lava las manos esperando verlos desunidos. “Esto trasciende los temas internos”, dice. “Sería muy primario”. Y luego pide diálogo, facilitadores y que todos se sienten a la mesa. Traducción: hay bronca, hay que hablar, pero el candidato es Bonilla y punto.
Y en la acera de enfrente, los morenistas no cantan mal las rancheras. Mientras Cruz Pérez Cuéllar predica la palabra de la unidad a billetazo limpio —perdón, con reuniones por doquier—, en la frontera la senadora Andrea Chávez ya recorre las bases intentando convencer a la militancia a los verdaderos de izquierda no los de oportunidad, abriendo la puerta a un jugoso voto cruzado. Por si fuera poco, los fuegoamigos vuelan por los aires: Juan Carlos Loera ya denunció un cerco mediático en su contra y se ventiló por otro lado, una campaña negra de mensajes masivos y encuestas mañosas donde te bombardean con lodo para terminar preguntándote si prefieres a Cruz o a Bonilla.
¿Quién será el próximo en caer del arbolito? Hagan sus apuestas.