Entre el narco, la doble nacionalidad y el coordinador que nadie quería —o eso parece

POR HORUS | La columna

Hay días en la política chihuahuense en los que uno necesita café, otro café y, de ser posible, un abogado constitucionalista al lado.

Porque entre la resolución de la Suprema Corte, el pleito por la intervención del crimen organizado en las elecciones, la reforma de la doble nacionalidad y el nombramiento de Cruz Pérez Cuéllar como coordinador de Morena rumbo a 2027, la política local parece haber decidido que la tranquilidad es un lujo innecesario.

La Corte, el narco y la interpretación política

La gobernadora Maru Campos salió a fijar postura después de la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la reforma electoral de Chihuahua.

Su lectura fue particularmente dura.

La mandataria sostuvo que la Corte eliminó precisamente la parte de la reforma que, desde su perspectiva, impedía que una candidatura beneficiada por recursos, amenazas o acciones del crimen organizado pudiera conservar automáticamente su postulación.

Campos acusó a Morena de haber votado contra el blindaje electoral y posteriormente impugnar ante la Corte las disposiciones aprobadas por el Congreso estatal. Incluso afirmó que el partido buscó retirar “lo que más le duele al narco”: que un candidato beneficiado por actividades criminales pudiera perder la candidatura.

Pero aquí hay que ponerle freno al acelerador político.

En estricto sentido la SCJN no eliminó la posibilidad de anular una elección cuando se acrediten actos de delincuencia permanente o sistemática que hayan incidido en el proceso y cumplan los requisitos constitucionales de gravedad, dolo y determinancia.

Lo que sí invalidó fueron disposiciones que permitían responsabilizar a una candidatura por el simple beneficio obtenido de actos cometidos por terceros, sin acreditar responsabilidad personal. También invalidó la pérdida automática del registro como sanción fija.

Es decir: la Corte no dijo “adelante con el narco”.

Dijo, en términos jurídicos, que no se puede castigar automáticamente a una persona por actos ajenos sin demostrar su responsabilidad, pero tampoco desapareció la posibilidad de anular una elección cuando la intervención criminal quede debidamente acreditada y tenga la gravedad y determinancia exigidas.

La diferencia no es menor. En política, sin embargo, siempre resulta mucho más rentable un buen eslogan que una buena clase de derecho constitucional.

Y ahí está precisamente el pleito.

La otra puerta que quedó abierta

La sentencia también puso al Congreso de Chihuahua frente a otra tarea: armonizar la legislación estatal con la nueva causal constitucional relacionada con la intervención o injerencia extranjera en los procesos electorales.

El problema es que, por los tiempos constitucionales de las reformas electorales, esa adecuación no podrá aplicarse al proceso electoral que está por comenzar y su efecto práctico quedará para un proceso posterior.

Así que, mientras unos festejan y otros lamentan la resolución, la letra pequeña vuelve a recordar que las elecciones no se ganan —ni se anulan— con discursos de redes sociales.

Se necesitan pruebas, procedimientos y determinaciones de las autoridades competentes.


Y mientras tanto… Morena estrena coordinador

Screenshot

Como si el debate jurídico no fuera suficiente, Morena decidió ponerle otra cucharada al caldo.

Cruz Pérez Cuéllar fue designado coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Chihuahua.

Y, naturalmente, comenzaron las reacciones.

El primero en ponerle sal a la herida fue Luis Carlos “Capi” Arrieta.

Cuando le preguntaron si estaba molesto, respondió:

“¿Molestos? No, no molestos, simplemente decepcionados”.

Hasta ahí, diplomacia morenista.

Pero después vino el misil.

Arrieta sostuvo que había sido elegido alguien que, desde su perspectiva, acumula numerosos señalamientos de corrupción y cuestionó qué mensaje se estaba enviando a las nuevas generaciones.

Lo curioso es que el video no quedó perdido en el cajón de las entrevistas.

Fue difundido en redes sociales por Martha Serrano, identificada en el propio material como simpatizante de Andrea Chávez y aspirante a la alcaldía de Chihuahua por Morena.

Y ahí es donde la política se pone interesante.

Porque una cosa es que un adversario de Morena cuestione a Cruz.

Otra muy distinta es que una expresión crítica de uno de los participantes en el proceso interno sea amplificada por alguien políticamente identificada con otra de las figuras que participaron en la contienda.

¿Mensaje?

Cada quien sacará sus conclusiones.

Lo único verificable es que la designación no produjo un silencio sepulcral entre todos los participantes.


Andrea: “soy un soldado de la 4T”

Andrea Chávez tampoco dejó pasar la definición.

Cuando se le preguntó si cerraría filas con Cruz Pérez Cuéllar, respondió que cerraba filas con Claudia Sheinbaum y se definió como “un soldado de la 4T”.

La frase tiene su propia lectura política, pero tampoco conviene ponerle palabras que no dijo.

No fue un respaldo explícito a Cruz.

Tampoco fue una ruptura con Morena.

Fue una respuesta que colocó su lealtad política en el proyecto nacional de la Cuarta Transformación.

Y mientras tanto, el Partido del Trabajo decidió recordar algo bastante elemental: Morena no es toda la coalición.

El PT informó que no participó en la medición interna de Morena, que no acompaña ese resultado como definición de la coalición y que existe una mesa técnica entre Morena, PT y Verde para acordar metodología, encuestas y reglas con las que se medirá a los perfiles de las tres fuerzas.

Traducido al idioma de la política:

“Calma, todavía no hemos terminado”.


PAN: tampoco desaprovechó la oportunidad

Del otro lado de la cancha, el PAN encontró en la designación de Cruz una oportunidad que difícilmente iba a dejar pasar.

Alfredo Chávez Madrid afirmó que Acción Nacional mantendrá una postura de defensa frente a cualquier intento de intervención del crimen organizado en la política estatal y cuestionó algunas posiciones de Pérez Cuéllar respecto de la Fiscalía General del Estado y la Torre Centinela.

Daniela Álvarez, dirigente estatal panista, también entró al quite y puso sobre la mesa el pasado político de Pérez Cuéllar, particularmente su paso por Acción Nacional antes de militar en otras fuerzas políticas.

Y, por supuesto, llegó la frase de rigor:

“Miedo a Cruz no le tenemos, ya lo hemos vencido antes y lo vamos a vencer ahora”.

La segunda parte, como correctamente señala el propio material, es una expectativa política y no un resultado electoral anticipado.

Porque hasta ahora nadie ha inventado una urna que funcione a base de declaraciones.


Cuauhtémoc Estrada pide cerrar filas… y tiene trabajo

Y aquí aparece Cuauhtémoc Estrada.

El coordinador de los diputados de Morena intentó poner orden después del proceso interno y llamó a dejar atrás la contienda.

“Ya hay un coordinador”, fue la idea central.

Estrada reconoció la participación de Andrea Chávez, Martín Chaparro y Capi Arrieta y sostuvo que ahora corresponde trabajar en unidad.

Hasta ahí, todo bien.

El problema es que cerrar filas después de una contienda interna siempre resulta más sencillo cuando nadie se queda preguntando por qué perdió.

Y Morena tiene además otra discusión pendiente: qué hacer con las diferencias ideológicas de Cruz Pérez Cuéllar respecto de determinados temas tradicionalmente asociados con sectores de izquierda como el aborto, la eutanasia, el matrimonio igualitario entre otros que impulsa la 4T.

Estrada respondió que Morena no tiene un “pensamiento único”, que dentro del movimiento existen distintas opiniones y que Pérez Cuéllar, desde su incorporación, adoptó el programa y la plataforma del partido.

Una explicación que, políticamente, tiene lógica dentro de la estrategia de apertura del partido.

Pero también deja una pregunta inevitable:

¿Hasta dónde puede llegar la diversidad interna antes de convertirse en contradicción?

Eso, por supuesto, lo tendrá que resolver Morena y no esta columna.


Y como si faltara algo: la doble nacionalidad

Mientras Chihuahua discutía entre narco, candidatos y coordinadores, en el Senado apareció otro asunto de alcance nacional: la reforma constitucional para establecer el requisito de nacionalidad única para quienes aspiren a la Presidencia, gubernaturas o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

El debate volvió a dividir las bancadas.

Desde Morena se defendió la propuesta bajo argumentos de soberanía y lealtad nacional, mientras legisladores de oposición cuestionaron que tener otra nacionalidad pueda utilizarse como criterio para limitar derechos políticos. La reforma modifica los artículos 82, 116 y 122 constitucionales y fue enviada a los congresos estatales para continuar el proceso de reforma constitucional.

Otra vez, dos visiones frente a frente.

Unos dicen soberanía.

Otros dicen derechos políticos.

Y, como suele suceder en el Senado, cada bancada tiene una explicación perfectamente patriótica para demostrar que la razón está de su lado.

Qué coincidencia.


Chihuahua entra a la recta política

Entre la sentencia de la Corte, la discusión sobre crimen organizado e injerencia extranjera, la reforma de nacionalidad, la designación de Cruz Pérez Cuéllar, las reservas de Capi Arrieta, la posición de Andrea Chávez, el llamado de Cuauhtémoc Estrada, el deslinde temporal del PT y las críticas del PAN, una cosa queda clara:

el proceso rumbo a 2027 ya dejó de ser una conversación de sobremesa. Y apenas estamos calentando motores.

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