POR HORUS

Hay encuentros que dicen mucho más por lo que se habla a puerta cerrada que por lo que posteriormente se declara frente a los micrófonos. Y el encuentro entre la gobernadora Maru Campos y la presidenta Claudia Sheinbaum, finalmente concretado en privado en el aeropuerto de Ciudad Juárez, tiene precisamente ese ingrediente.
Después de meses de diferencias públicas alrededor de la estrategia de seguridad y de la relación entre Chihuahua y la Federación, ambas mandatarias decidieron sentarse a hablar. Sin poses, sin discursos de plaza pública y, según la propia gobernadora, con “mucha franqueza y con firmeza”.
El resultado no fue un cambio de convicciones, sino algo bastante más práctico: mejorar la comunicación.
Y eso, en política, no es poca cosa.
Maru Campos dejó claro que acercarse a la presidenta no significa bajar la guardia ni modificar la postura que su administración ha sostenido frente al combate contra la delincuencia organizada. Por el contrario, confirmó que Chihuahua seguirá actuando dentro del marco legal y utilizando las capacidades institucionales disponibles.
La frase de la gobernadora fue contundente: ambas pueden mejorar sus canales de comunicación “sin que renunciemos a nuestras convicciones y a las posiciones que ambas defendemos”.
Traducido al lenguaje político: pueden no estar de acuerdo en todo, pero tendrán que hablar.
Y quizá esa sea precisamente la parte más importante del encuentro.
Porque en seguridad, infraestructura, agua, desarrollo económico y todos aquellos asuntos donde las decisiones federales terminan impactando directamente en Chihuahua, la coordinación institucional no debería depender de simpatías partidistas.
El acercamiento tampoco borra las diferencias anteriores. Simplemente abre una vía distinta para procesarlas.
Y mientras unos hablan, otros quedan retratados
En Ciudad Juárez, mientras la agenda política se mueve entre reuniones y acuerdos, otro episodio generó conversación en redes sociales.
El senador Juan Carlos Loera fue captado en El Paso, Texas, durante el concierto de Alejandro Fernández celebrado el sábado 19 de septiembre en el Don Haskins Center.
La escena cobró particular interés porque anteriormente el legislador había difundido públicamente un mensaje relacionado con su decisión de dejar su residencia en El Paso para trasladarse a Ciudad Juárez, incluso en medio de la polémica generada por la situación migratoria de Andy López Beltrán.
De ahí surgieron los cuestionamientos.
No porque un ciudadano mexicano cruce la frontera para acudir a un espectáculo —algo perfectamente legal y cotidiano en una región binacional—, sino por el contraste que algunos usuarios de redes sociales señalaron entre aquel discurso político y su presencia nuevamente en territorio estadounidense.
Las imágenes del senador disfrutando del concierto volvieron a colocar sobre la mesa aquella declaración y dieron material suficiente para que sus críticos hablaran de incongruencia.
La política, a fin de cuentas, tiene esa peculiaridad: lo que un día se utiliza como mensaje político puede regresar después convertido en pregunta.
Y en tiempos de redes sociales, la hemeroteca ya no duerme.
La otra fotografía: tres mil voces
Mientras tanto, en el terreno panista, Jorge Romero lanzó una definición que merece atención de cara al proceso político que viene: “Todas, absolutamente todas las candidaturas del PAN están a disposición de la gente”.
La frase abre el discurso partidista hacia la participación ciudadana y plantea que las candidaturas no necesariamente deben limitarse a las estructuras tradicionales de los partidos.
En Chihuahua, esa narrativa encontró eco en un evento que reunió a más de tres mil personas, entre militantes panistas y ciudadanos sin partido, alrededor de Santiago de la Peña.
Ahí, De la Peña presentó una visión centrada en las familias, en las oportunidades para los jóvenes y en la necesidad de facilitar la actividad de ciudadanos y empresas.
Pero más allá del discurso, el dato político está en la capacidad de convocatoria.
Tres mil personas reunidas no convierten automáticamente una aspiración en candidatura ni resuelven un proceso electoral que todavía tendrá que atravesar reglas, tiempos y decisiones partidistas. Pero sí muestran que existe un grupo organizado dispuesto a participar y a respaldar una determinada visión de ciudad.
Y en política, la movilización también comunica.
La frase que acompañó ese planteamiento resulta igualmente significativa: “Lo bien hecho se defiende, y lo que falta se construye sobre lo bien hecho”.
Ahí está, quizá, la apuesta discursiva de De la Peña: no plantear una ruptura absoluta con lo realizado, sino presentarse como continuidad con capacidad de construir sobre lo existente.
Y en medio de todo, una pérdida
En este escenario político también llegó una noticia de carácter personal que tocó directamente al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar.

Jaime Enríquez, quien se desempeñó como director de Vialidad y Tránsito durante la administración del exgobernador César Duarte, falleció recientemente.
Enríquez era además suegro del presidente municipal juarense, por lo que la noticia provocó muestras de solidaridad y condolencias hacia sus familiares y allegados.
La vida política suele estar llena de confrontaciones, posiciones encontradas, cálculos electorales y disputas por espacios de poder. Pero hay momentos en los que todo eso queda a un lado.
La pérdida de un familiar recuerda que detrás de los cargos, los partidos y las aspiraciones existen personas y familias.
Chihuahua se mueve
Así transcurre la política chihuahuense: una gobernadora que logra sentarse con la presidenta después de meses de diferencias; un senador que vuelve a quedar bajo la lupa por una imagen que contrasta con un discurso anterior; un grupo ciudadano que comienza a tomar forma alrededor de una aspiración política; y, al mismo tiempo, una familia que enfrenta una pérdida. En paz descanse Jaime Enríquez y consuelo para su familia.