Por HORUS, La Columna

Vaya que la gobernadora Maru Campos se aventó una jugada de tres bandas que, por lo visto, agarró a más de uno con los reflejos políticos apagados.
Porque resulta que la mandataria decidió hacer algo que, en política, debería ser de lo más normal del mundo: pedirle formalmente a la presidenta Claudia Sheinbaum una reunión de trabajo para hablar de los problemas de Chihuahua.
¡Qué barbaridad!
Agua, seguridad, campo, ganado y coordinación institucional.
Es decir, asuntos que afectan directamente a los chihuahuenses y que, por su naturaleza, requieren que el Gobierno estatal y el federal se sienten a hablar.
Pero, curiosamente, la solicitud cayó como balde de agua fría en algunas trincheras de Morena.
La carta, fechada el 15 de septiembre, plantea tres cosas concretas: que Sheinbaum reciba personalmente a Maru Campos durante su visita a Ciudad Juárez, que participe en una sesión de la Mesa Estatal de Seguridad en la Torre Centinela y que ambas aborden temas prioritarios para Chihuahua. Entre ellos, el agua y el Tratado de Aguas de 1944, además de la problemática del gusano barrenador.
Y aquí viene lo interesante.
Si Claudia acepta, habrá quienes digan que Maru quiere colgarse la medalla de las puertas abiertas al diálogo.
Y si no acepta, entonces quedará flotando una pregunta bastante incómoda: ¿quién está poniendo obstáculos a la coordinación institucional que tanto se reclama?
Porque durante años el argumento de algunos sectores de Morena ha sido precisamente que Chihuahua necesita mayor coordinación con la Federación.
Bueno…
ahí está la solicitud.
Ahora resulta que tampoco.
Como dicen en el rancho: “ningún palo les embona”.
¡Después de cinco años amaneció de buenas!
El primero en brincar fue Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia y aspirante morenista, quien soltó una de esas frases que parecen diseñadas para convertirse en titular:
“Después de cinco años apenas amaneció de buenas”.
Pérez Cuéllar cuestionó que Maru Campos busque ahora una relación de coordinación con Claudia Sheinbaum y calificó la postura de la gobernadora como “cinismo”. También sostuvo que durante la administración de Andrés Manuel López Obrador tampoco existió una relación adecuada entre Chihuahua y la Federación.
Bueno, Cruz…
Si la gobernadora pide reunirse con la presidenta, está mal.
Si no pide reunirse, seguramente también estaría mal.
Si habla con la Federación, que por qué habla.
Si no habla, que por qué no habla.
Si invita a Sheinbaum a la Torre Centinela, “circo mediático”.
Y si no la invita, seguramente sería “falta de voluntad”.
¡Caray!
Así cualquiera hace oposición: el problema nunca es lo que haga el adversario, sino que lo haga el adversario.
María Antonieta tampoco quedó satisfecha
Y por si faltaba alguien para completar la recepción de bienvenida, apareció la diputada María Antonieta Pérez Reyes, quien calificó como “frivolidad” la solicitud de la gobernadora y cuestionó que pretenda establecerle una agenda a la presidenta durante su visita.
La pregunta de la legisladora fue: “¿En qué cabeza cabe pensar que la presidenta se va a ajustar a su agenda?”
Pues en ninguna, diputada.
La gobernadora no está ordenándole a la presidenta qué hacer.
Le está haciendo una propuesta formal de trabajo.
Que la presidenta acepte, modifique o rechace la propuesta es otra historia.
Pero resulta curioso que una invitación para hablar de agua, seguridad y campo se convierta, de pronto, en una afrenta política.
Y aquí aparece Jael… con un poquito de sensatez
Entre tanto fuego amigo, la diputada morenista Jael Argüelles tuvo una postura bastante menos incendiaria.
Reconoció que si la solicitud de Maru representa un gesto genuino de buena voluntad, ella lo celebraría, aunque recordó los desencuentros entre ambos gobiernos y la ausencia de la gobernadora en el Segundo Informe de Sheinbaum.
Vaya.
Una voz que, por lo menos, entendió que la coordinación institucional no debería depender del partido que gobierna de cada lado del escritorio.
Porque eso sí sería pedir demasiado: que los políticos descubrieran que los problemas del estado no tienen credencial partidista.
El asunto que todavía les duele: El Pinal
Y quizá aquí esté una de las claves para entender por qué la relación política entre Chihuahua y algunos sectores de Morena se volvió particularmente áspera.
El episodio de El Pinal, municipio de Morelos, donde autoridades localizaron un importante laboratorio clandestino relacionado con la producción de drogas sintéticas, provocó una fuerte controversia política y de seguridad.
El Gobierno estatal informó entonces que mantenía comunicación con autoridades federales, y la propia Maru Campos señaló posteriormente que se reunió con el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, para compartir información sobre las investigaciones derivadas del operativo.
También hubo cuestionamientos públicos por la participación de autoridades estadounidenses y por la cooperación internacional alrededor del caso.
Pero una cosa es la controversia política y otra muy distinta afirmar, sin pruebas públicas suficientes, que determinado actor político o funcionario tenía vínculos con el narcotráfico o que la operación afectó determinadas finanzas.
Eso, hasta donde está documentado públicamente, no puede darse como un hecho.
Lo que sí puede decirse es que aquel episodio se convirtió en otro punto de fricción entre los gobiernos estatal y federal.
Y ahora resulta que tampoco quieren que se hablen
Lo verdaderamente curioso de todo este sainete es que la misma oposición que durante años reclamó una mayor coordinación entre Chihuahua y la Federación ahora parece incómoda porque la gobernadora tomó la iniciativa.
Maru incluso propone llevar a Sheinbaum a la Torre Centinela para que conozca directamente la infraestructura de seguridad y los mecanismos de coordinación con fuerzas federales.
Y aquí hay otro pequeño detalle que quizá convenga recordar.
La Torre Centinela ya es una realidad.
El Gobierno de Chihuahua inauguró formalmente sus instalaciones el pasado 9 de septiembre y señaló que desde ahí se coordinarán acciones de vigilancia en el estado.
Así que la invitación no salió de una ocurrencia de sobremesa.
Hay una infraestructura concreta, una Mesa Estatal de Seguridad y una agenda de coordinación que ya existe.
La jugada de tres bandas
Por eso la carta de Maru tiene una lectura política bastante sencilla.
Primera banda: si Sheinbaum acepta, ambas mandatarias pueden sentarse a hablar directamente de problemas que requieren coordinación federal-estatal.
Segunda banda: si la presidenta no puede o decide no aceptar la agenda propuesta, la responsabilidad de esa decisión quedará del lado de Palacio Nacional, no de la gobernadora.
Tercera banda: mientras tanto, Maru se coloca públicamente en el terreno de la coordinación institucional y obliga a sus críticos a explicar por qué una reunión para hablar de agua, seguridad y campo les resulta tan incómoda.
Y eso, en política, no es poca cosa.
Porque hay momentos en que pedir diálogo es también una forma de poner a prueba a quienes dicen quererlo.
Ahora falta saber qué hará Claudia Sheinbaum.
Si se sienta con Maru, habrá reunión.
Si visita Centinela, habrá recorrido.
Si hablan de agua, seguridad y campo, habrá agenda.
Y si no ocurre nada de eso…
Bueno, entonces seguramente aparecerá otro video explicando por qué tampoco era buena idea reunirse.
Porque, a estas alturas, parece que para algunos el problema no es que Chihuahua tenga coordinación con la Federación.
El problema es quién toca primero la puerta.
Y esta vez, para disgusto de varios, la tocó Maru Campos.