El ejemplo de Parral y los panistas que todavía no entienden la palabra unidad

Algo pasó en Parral que, aunque pudiera parecer un detalle protocolario, en realidad encierra un mensaje político bastante más grande.

Durante la gira de trabajo de la gobernadora Maru Campos, quien terminó llevándose buena parte de las miradas fue el alcalde Salvador Calderón. Y no precisamente por el cargo, sino por algo que últimamente parece escasear en ciertos círculos políticos: disciplina.

Antes de rendir su informe, Calderón hizo un reconocimiento público a Valenciano, destacando su disciplina y, sobre todo, su decisión de poner primero a Chihuahua por encima de cualquier interés personal.

Poner primero al estado, después el proyecto, luego el partido y hasta el final, si queda tiempo, las aspiraciones personales.

Porque mientras en distintas regiones del estado el panismo parece entender que para conservar un proyecto político se necesita unidad, disciplina y trabajo, en la capital todavía hay algunos que parecen estar escuchando otra estación de radio.

Ahí están Rafa Loera y César Jáuregui, por ejemplo, a quienes quizá habría que enviarles copia del discurso de Parral. No vaya a ser que entre tanta aspiración personal se les haya extraviado el concepto de proyecto colectivo.

Porque una cosa es tener aspiraciones legítimas —que nadie está prohibiendo— y otra muy distinta es convertirlas en el centro de la actividad política.

Y esa diferencia puede terminar siendo determinante rumbo a 2027.

De la Peña y el famoso “rebase por la derecha”

Y hablando de aspiraciones, hay alguien que parece estar haciendo su tarea sin necesidad de organizar demasiado ruido alrededor.

Se trata de Santiago de la Peña Grajeda.

La encuesta de Massive Caller, publicada el 7 de septiembre de 2026, coloca al actual secretario general de Gobierno en el primer lugar de las preferencias entre panistas y simpatizantes del PAN para la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua.

La fotografía de la medición es bastante clara:

  • Santiago de la Peña: 27.2%
  • Manque Granados: 20.2%
  • César Jáuregui: 17.2%
  • Rafa Loera: 14.1%
  • Alfredo Chávez: 7.9%

Y aquí aparece una frase que el propio De la Peña había soltado tiempo atrás y que ahora sus simpatizantes seguramente están desempolvando:

“El rebase por la derecha”.

Pues parece que el rebase ya tiene números.

Claro, una encuesta no elige candidatos y todavía falta muchísimo para que el PAN defina método, reglas, convocatoria y, sobre todo, quiénes estarán realmente en la boleta interna.

Pero las encuestas sí tienen una virtud: permiten saber quién está creciendo y quién está obligado a acelerar por su estrepitosa caída.

Y hoy, al menos en esta medición, el secretario general de Gobierno aparece arriba.

La política, por supuesto, es una carrera de resistencia, no una fotografía.

Pero hay fotografías que incomodan.

Jorge Soto pone el dedo en la llaga federal

Mientras el panismo local discute quién corre más rápido, desde el Congreso estatal Jorge Soto puso sobre la mesa otro asunto bastante menos divertido: las finanzas públicas federales.

El diputado advirtió que al Gobierno Federal se le está acabando el margen y que llegó el momento de tomar decisiones.

La fórmula, según Soto, es bastante sencilla: o aumentan los ingresos o reducen el gasto.

Lo que no acepta es que la solución siga siendo pedir prestado.

Y aquí viene la parte interesante: el próximo paquete económico tendrá que revelar cómo pretende la Federación reducir el déficit sin seguir cargando la factura a los ciudadanos, estados y municipios.

Porque una cosa es el discurso.

Y otra son las cuentas.

Soto recordó que el déficit llegó a niveles cercanos al 6 por ciento del PIB al cierre del gobierno de López Obrador y que, aunque ha disminuido, las finanzas públicas continúan bajo presión.

La pregunta, entonces, será inevitable:

¿cuánto piensa gastar el Gobierno Federal, cuánto pretende recaudar y cuánto piensa pedir prestado?

Ahí se acaba la mañanera y empieza la aritmética.

La educación tampoco quiere escuchar discursos

Fracasa de nueva escuela mexicana del comunista Marx Arriaga.

Y si hablamos de cuentas que preocupan, las educativas tampoco salen precisamente bien libradas.

Los datos proporcionados sobre la prueba PISA pintan un panorama complicado para México: rezago en matemáticas y lectura, un desempeño todavía bajo en ciencias y una posición desfavorable frente a otros países.

El dato que más debería preocupar es el de matemáticas: 388 puntos, siete menos que en 2022, mientras apenas alrededor de tres de cada diez estudiantes alcanzan el nivel básico señalado en la evaluación.

En lectura fueron 408 puntos y en ciencias 414.

Y sí, ya conocemos el argumento que suele aparecer cuando una evaluación no favorece al gobierno en turno: que PISA es una herramienta del “neoliberalismo”.

Pero los niños siguen teniendo que aprender matemáticas aunque la prueba sea neoliberal, socialista, capitalista o marciana.

El problema no es quién inventó la evaluación.

El problema es que los estudiantes mexicanos están quedándose atrás.

Y eso no se resuelve descalificando al termómetro.

Si el termómetro marca fiebre, romper el termómetro no cura al paciente.

Marco Bonilla también se mete a la discusión nacional

Y precisamente frente a ese escenario, Marco Bonilla llevó a la Ciudad de México un mensaje desde el norte.

En entrevista nacional, el alcalde de Chihuahua planteó una idea que resume buena parte del discurso político que comienza a tomar fuerza en el estado:

Chihuahua no quiere convertirse en otro estado donde la inseguridad termine condicionando la vida pública.

Bonilla puso como ejemplo a Sinaloa que al cierre de esta columna se reportaron fieros enfrentamientos armados, y habló de la necesidad de defender al estado frente a los riesgos que representa el avance del crimen organizado.

Pero quizá lo más interesante de su discurso fue que no redujo la discusión a una pelea partidista.

Su argumento fue más amplio: mientras algunos gobiernos parecen concentrarse en la próxima elección, Chihuahua debe pensar en la próxima generación.

Y ahí hay una diferencia de visión política.

Gobernar para la siguiente elección es una cosa. Gobernar pensando en los siguientes 20 años es otra.

Bonilla recordó además que Chihuahua, pese a vivir en una región desértica, ha construido una economía basada en sectores como la ganadería, la agricultura y la exportación hacia Estados Unidos.

Es decir, el mensaje fue claro: lo que está en juego no es solamente quién gobierna Chihuahua en 2027, sino qué Chihuahua se quiere entregar a la siguiente generación.

El verdadero mensaje de Parral

Y quizá por eso aquella frase de Salvador Calderón adquiere mayor relevancia.

Porque en medio de encuestas, aspiraciones, pleitos internos, cálculos electorales y carreras personales, alguien recordó algo elemental:

primero Chihuahua.

Después vendrán los partidos.

Después las candidaturas.

Y después los proyectos personales.

El que no entienda esa jerarquía corre el riesgo de descubrir demasiado tarde que una candidatura puede construirse con reflectores, fotografías y declaraciones… pero un proyecto político solamente puede sostenerse con unidad, resultados y disciplina.

Mientras tanto, Santiago de la Peña ya aparece arriba en una medición.

Marco Bonilla está llevando el discurso de Chihuahua a la arena nacional.

Y algunos, desde la capital, quizá deberían empezar a preguntarse si están construyendo un proyecto para Chihuahua… o solamente construyendo su propia candidatura.

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