Entre casetas, compadres de diferentes partidos y “besamanos”

POR HORUS La Columna

Porque en Chihuahua ya no se trata solamente de quién trabaja, quién descansa o quién cobra en las casetas. Ahora resulta que también habrá que preguntar quién pasa lista, quién lleva la charola y quién tiene el compadre adecuado para hacerla circular.

Juan Blanco: de las casetas a las explicaciones

Apenas salió Juan Blanco de la responsabilidad en Carreteras de Cuota y comenzaron a aparecer los “pecadillos” que, según versiones atribuidas a trabajadores, habrían acompañado su paso por el Gobierno estatal.

De acuerdo con esos señalamientos, a través de Fernando Robles, identificado por empleados como cercano a Blanco, se habrían realizado presuntos “pases de charola” para eventos políticos de Cruz Pérez Cuéllar y César Jáuregui, incluso con supuestas instrucciones para que trabajadores acudieran y pasaran lista.

La acusación, de confirmarse, sería bastante más delicada que una caseta descuidada o cualquier otro problema administrativo.

Porque una cosa es que una pluma no suba, que el pavimento esté para llorar o que los aforos anden bailando; y otra muy distinta sería que las estructuras gubernamentales se utilizaran para movilizar apoyos políticos.

Eso sí sería pasar de la caseta a la caja registradora electoral.

Hasta ahora son señalamientos que requieren pruebas y explicaciones formales. Pero políticamente el asunto tiene una peculiaridad bastante sabrosa: Cruz Pérez Cuéllar y César Jáuregui pertenecen a proyectos partidistas distintos, al menos en el papel.

Uno es Morena.

El otro, PAN.

Pero si las versiones sobre operadores, recursos y movilización política llegaran a comprobarse, entonces habría que preguntarse si la verdadera alianza no estaría cocinándose en algún lugar mucho más discreto que las dirigencias partidistas.

Porque en política, ya se sabe, hay amistades que sobreviven incluso a las ideologías.

Y vaya que algunas sobreviven.

El PAN y la peligrosa tentación de hacerse el ciego

Aquí viene la parte incómoda para Acción Nacional.

Si los señalamientos contra Blanco terminan teniendo sustento, los panistas tendrán que decidir si prefieren mirar hacia otro lado porque el personaje alguna vez les fue útil o si finalmente aplican aquello de que la lealtad partidista no puede estar por encima de la rendición de cuentas.

Porque el problema de los partidos no es solamente tener adversarios afuera.

También es tener operadores adentro que puedan terminar convirtiéndose en una piedra amarrada al cuello.

Y aquí convendría recordar aquel viejo principio político: que no haya ilusos para que no haya desilusionados.

Alfredo Chávez trae la espada desenvainada

Mientras unos intentan explicar casetas, Alfredo Chávez anda repartiendo golpes políticos con una generosidad que ya quisieran algunos repartidores de volantes.

Primero le respondió a Andrea Chávez por aquello de que la gobernadora tenía la obligación de acudir al informe presidencial.

La respuesta del panista no fue precisamente una invitación a tomar café.

Le recomendó estudiar la Constitución y le recordó que acudir a un acto presidencial no equivale, según su interpretación, a cumplir una obligación republicana.

Dicho en términos políticos: Chávez no solamente contestó; quiso dejar a la senadora sentada en el pizarrón.

Y como si faltara gasolina, después se fue contra Cruz Pérez Cuéllar.

Al alcalde con licencia le dijo, básicamente, que no se creyera tan importante y que mejor se pusiera a hacer campaña porque, según él, va perdiendo en las encuestas.

Eso sí: el panista aprovechó para lanzar la pregunta que seguramente no caerá demasiado bien en el cuartel morenista:

¿De dónde salen tantos recursos para tanta fiesta?

Porque, según Chávez, hay muchos eventos, mucho jolgorio y poco resultado.

La acusación es política y deberá contrastarse con las cuentas públicas y los resultados de la administración municipal. Pero electoralmente tiene una intención clarísima: obligar a Cruz a hablar de su gobierno y no solamente de sus aspiraciones.

Santiago, mientras tanto, sin gritos y con foto

Y mientras Alfredo Chávez anda con la espada, Santiago de la Peña parece haber descubierto otra estrategia: sonreír, escuchar y tomarse la foto correcta.

El secretario general de Gobierno apareció acompañado de Chávez en el Club del Abuelo “Genaro Vázquez”, donde convivieron con adultos mayores y escucharon historias de vida.

Nada de pleitos.

Nada de Morena.

Nada de Constitución.

Nada de “La Barredora”.

Pura convivencia.

“Qué chulada de tarde”, escribió De la Peña.

Y sí, políticamente también fue una chulada de fotografía.

Porque mientras otros perfiles se desgastan en la confrontación, Santiago aparece construyendo cercanía, particularmente con sectores ciudadanos que no necesariamente viven pendientes de la grilla partidista.

Eso también es hacer política.

Y quienes están pensando en 2027 seguramente lo saben.

Maru, en otro carril

Mientras tanto, la gobernadora María Eugenia Campos apareció con otra agenda: salud y atención a la infancia.

Se reunió con el equipo del Programa Intersectorial para la Atención a la Desnutrición Infantil, reconocido con el Premio de Innovación Pública NovaGob México 2026, y revisó avances de la estrategia junto con funcionarios del sector salud.

La diferencia de estilos es evidente.

Mientras el tablero político comienza a llenarse de golpes, acusaciones, alianzas y precandidaturas disfrazadas de convivencia ciudadana, desde Palacio de Gobierno se intenta colocar sobre la mesa una agenda de resultados.

El informe de Marco Bonilla

Por cierto de resultados, hoy Marco Bonilla divide el día en dos actos. A las 11:00, en cabildo, presenta su Quinto Informe de Gobierno. A las 6:00 de la tarde, en el Centro de Convenciones y Exposiciones, baja el mismo relato a la ciudadanía. No es un detalle menor: primero el recinto formal, después el escenario amplio. El alcalde cierra el ciclo de cinco años con el formato que mejor le ha funcionado: número en la mesa y mensaje en el foro.

El discurso que se anticipa no es sutil. Chihuahua, dice el entorno del alcalde, está entre las tres ciudades con mejor calidad de vida del país. La seguridad, insiste Bonilla, mejoró “muchísimo” en la percepción. El contraste lo pone él mismo: Ciudad Juárez, donde la sensación de inseguridad se disparó. En la capital, el relato es el inverso. Quien viva en ciertos fraccionamientos o circule de noche podrá discutir el adjetivo; el gobierno no lo discute. Lo exhibe.

Hay cifras que el informe va a repetir hasta el cansancio. El alumbrado: casi 95 por ciento de luminarias nuevas en cinco años. El ordenamiento urbano, que ya no se vende como promesa sino como avance. La transparencia, presentada como método y no como adorno. Y la joya administrativa: un municipio con salud financiera rara en el país, “modelo”, respetuoso de las cuentas. Eso no se improvisa. Se hereda, se cuida y se presume. Bonilla lo presume.

También hay continuidad, y no solo de obra. El alcalde se presenta como extensión del gobierno de Maru Campos: no el caudillo que decide solo, sino “la sociedad y su alcalde tomando decisiones”. Es la fórmula política de esta administración. Funciona mientras la sociedad que sienta a la mesa sea la misma que encabeza el informe.

Los pendientes no desaparecen por el horario del evento. Poniente 5 sigue abierto. El alcalde se dice propositivo ante las fuerzas políticas; el expediente, en cambio, no se cierra con un discurso. El relleno sanitario “ya ahí va”, “estamos listos”, “el alcalde lo está trabajando”. Traducción: no está resuelto. En un quinto informe, lo que aún se trabaja es tan elocuente como lo que ya se inaugura.

La tesis de fondo es simple y electoralmente útil: Bonilla cumplió lo que prometió en campaña y lo está realizando. Esa es la línea que recorre cabildo a mediodía y el Centro de Convenciones al atardecer. Quien quiera el catálogo de logros, ahí estará. Quien quiera el saldo de lo que falta —el poniente, la basura, la distancia entre percepción y calle— tendrá que leer el informe con menos aplauso y más lápiz.

Cinco años no se juzgan solo por el brillo de las luminarias. Se juzgan por lo que la ciudad ya no discute y por lo que, a estas alturas, todavía tiene que explicar. Hoy Bonilla explica. La ciudadanía, a las seis de la tarde, escuchará. El resto del juicio no cabe en un mensaje.

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