El Gobierno Municipal, por su cercanía con la gente, carga con lo cotidiano: servicios básicos, calles, parques, movilidad y el acceso a oportunidades. En los últimos años la administración invirtió en rehabilitación de espacios públicos, infraestructura vial y proyectos ligados al crecimiento urbano. El balance, sin embargo, no se agota en lo inaugurado. También obliga a ver lo que sigue pendiente y cómo se repartieron el recurso y las prioridades.
La ciudad de dos velocidades
El diagnóstico más claro es la desigualdad territorial. Hay zonas que concentraron infraestructura, equipamiento y servicios. Hay colonias que siguen esperando pavimento, alumbrado, mantenimiento y lo elemental.
Una parte importante de la agenda urbana se fue a cambios de uso de suelo, autorizaciones, desarrollos inmobiliarios y proyectos que disparan plusvalía en corredores ya favorecidos. El pendiente que deja esa lógica es explícito: la planeación debería poner como objetivo la reducción de brechas, no solo el crecimiento que encarece unas cuantas manzanas.
La inversión pública, si se ordena, puede recortar esa distancia. Si no, la ciudad crece y se parte.
Parques nuevos, mantenimiento viejo
Se construyeron y rehabilitaron parques e instalaciones deportivas. El hueco está en lo que viene después: conservación, accesibilidad y uso cotidiano. En varios espacios el deterioro ya aparece; también la duda sobre quién administra y si esos lugares siguen abiertos a la función social para la que se anunciaron.
Accesibilidad que no llega al piso
La accesibilidad universal sigue siendo cuenta pendiente. Faltan señalización, adecuaciones y condiciones reales para quien se mueve en silla de ruedas, con carriola, a pie, en bicicleta o en transporte público. Una ciudad que no piensa en esos trayectos diseña para una parte de la población y deja fuera al resto.
Movilidad y el atasco de las obras al cierre
El transporte público y el estado de las vialidades siguen en la lista de lo no resuelto. El deterioro de calles en varios sectores pega a quien se desplaza todos los días y al propio servicio de camiones.
Al final de la administración se concentraron obras de inversión alta. El señalamiento no es menor: falta planeación de largo plazo para no amontonar proyectos en la recta final, cuando el calendario político apremia y el presupuesto ya no se reparte con la misma holgura.
Cultura, más allá del centro
Hubo acciones para fortalecer espacios y actividades culturales. Lo que no cuaja es la oferta permanente para artistas locales y la presencia de música, teatro, danza, artes visuales y formación en las colonias. La cultura, en este balance, no es adorno: puede ser convivencia, prevención y desarrollo. Hoy sigue demasiado concentrada.
Lo que queda en la mesa
La agenda que hereda el siguiente periodo cabe en siete renglones: menos desigualdad entre zonas; servicios e infraestructura en colonias rezagadas; mantenimiento y accesibilidad de parques y canchas; infraestructura para discapacidad; mejor movilidad y transporte público; obras planeadas a tiempo, no al cierre; y cultura que salga del circuito habitual y abra espacio a quien vive de ella.
No es un inventario de lo que no se hizo. Es el mapa de lo que la ciudad todavía no iguala. Chihuahua puede mostrar obra. El pendiente es si esa obra llegó a las mismas calles.