POR HORUS La Columna
Hay ausencias que dicen más que cualquier discurso. Y la de Maru Campos en el segundo informe de gobierno de Claudia Sheinbaum fue, sin duda, una de esas.
Mientras la presidenta presumía desde Palacio Nacional los resultados de sus dos primeros años de administración, Chihuahua tuvo su propio capítulo: prácticamente ninguno.
Y quizá por eso la gobernadora decidió no prestarse al protocolo.
Porque una cosa es acudir a un acto republicano por obligación institucional y otra muy distinta hacer como que no pasa nada cuando desde la Federación se han lanzado acusaciones, señalamientos y una ofensiva política contra una gobernadora que, guste o no, ha decidido plantarse frente al proyecto de la llamada Cuarta Transformación.
Maru Campos lo explicó sin demasiadas vueltas: “uno sabe bien cuándo una invitación es por compromiso y cuándo por consideración”.
Y ahí está el verdadero fondo del asunto.
La gobernadora entendió que su presencia podía ser utilizada como simple fotografía de unidad republicana mientras, en los hechos, las diferencias entre Chihuahua y Palacio Nacional siguen siendo evidentes.
Así que hizo lo que consideró prudente: quedarse en Chihuahua, atender su agenda y evitar una escena política incómoda.
Un informe con muchas cifras y pocas historias para Chihuahua
El segundo informe de Sheinbaum tuvo, como suelen tener los informes presidenciales, una larga lista de cifras, porcentajes, programas sociales y anuncios.
Pero si la pregunta es qué tuvo que celebrar Chihuahua particularmente en el discurso presidencial, la respuesta resulta bastante más modesta.
Porque mientras desde Palacio Nacional se hablaba de los grandes logros nacionales, aquí el balance federal no parece precisamente para echar las campanas al vuelo.
Y ahí apareció Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia de Ciudad Juárez, dispuesto a hacer el trabajo que quizá la propia Federación dejó pendiente: explicar qué, según su apreciación, ha hecho el Gobierno de México por Chihuahua.
Y vaya que sacó la calculadora.
Pérez Cuéllar destacó que 400 mil 377 adultos mayores reciben pensión en Chihuahua, además de 101 mil 734 mujeres beneficiadas con programas sociales.
También presumió la construcción de siete puentes y entronques, con 134 kilómetros de infraestructura, de los cuales 116 corresponden al estado, pero la verdad nadie sabe de ellos.
Habló de la reducción de homicidios y aseguró que en Ciudad Juárez existe una disminución acumulada de alrededor de 30 por ciento durante los últimos cinco años y de 40 por ciento entre enero y julio de 2026.
Aquí, por cierto, habría que hacer una pausa.
Porque si hay un rubro donde la Federación y el Gobierno municipal de Juárez deberían dejar de disputarse las medallas y ponerse a trabajar coordinadamente, es precisamente el de seguridad, porque si Chihuahua se encuentra en el no honroso tercer lugar de homicidios dolosos en México es porque las cifras las aumenta los homicidios ocurridos en ciudad Juárez; pero eso nadie lo dijo.
También puso sobre la mesa el nuevo hospital de Ciudad Juárez, con 32 especialidades y capacidad para beneficiar a cientos de miles de derechohabientes, que hasta donde se sabe el hospital aún no cuenta con toda la infraestructura médica instalada y si es así porque no atienden a los derechohabientes de la capital y del resto de los municipios que esperan meses y a veces años para una cirugía.
“Chihuahua se está quedando atrás”
El alcalde con licencia aprovechó para lanzar una de las críticas que seguramente más ruido harán en Palacio de Gobierno: acusó que Chihuahua está quedándose atrás en materia de vivienda debido al supuesto divorcio entre el Gobierno estatal y la Federación.
Según sus cifras, mientras en el país se han contratado cientos de miles de viviendas, Chihuahua no estaría aprovechando suficientemente los programas federales.
Y ahí está precisamente el detalle.
Porque el discurso de Pérez Cuéllar pretende instalar una narrativa muy conveniente para Morena: si algo no llega a Chihuahua, la culpa es de Maru Campos.
Si llega, es mérito de Claudia Sheinbaum.
Si no llega, es culpa del Gobierno estatal.
Una fórmula bastante cómoda.
Lo curioso es que, si el Gobierno Federal tiene programas, recursos y capacidad para ejecutarlos, habría que preguntarse también por qué necesita que un gobierno estatal panista le abra la puerta para cumplir con sus responsabilidades.
¿Acaso los programas federales desaparecen en los estados gobernados por la oposición?
¿La infraestructura federal depende de que el gobernador o gobernadora sea de Morena?
¿La salud, la vivienda, las carreteras o el agua deben convertirse en instrumentos de premio y castigo político?
Ese es justamente el debate que Pérez Cuéllar parece evitar.
Los mil millones que ahora sí se presumen
También habló de los distritos de riego de Delicias y Valle de Juárez, donde, según expuso, se contempla una inversión federal de mil millones de pesos para cada uno en materia de tecnificación.
Es una buena noticia.
Nadie sensato podría estar en contra de que Chihuahua reciba recursos para tecnificar el campo, ahorrar agua y fortalecer su infraestructura hidráulica.
Pero una inversión federal no debería convertirse en argumento partidista.
Porque los chihuahuenses no reciben recursos federales por simpatía hacia Morena ni deben agradecerlos como si fueran una dádiva presidencial.
Es dinero público.
Es presupuesto de todos, pero tan solo es una pequeña parte de los impuestos que generamos los chihuahuenses que regresan a los ciudadanos, que no alcanza ni el 1 por ciento de lo que se manda.
No se debe olvidar que es obligación del Estado mexicano.
Y si el Gobierno Federal tiene capacidad para invertir en Chihuahua, debería hacerlo sin exigir como condición una genuflexión política.
La paradoja de Cruz
Cruz Pérez Cuéllar también habló de salarios, empleo y crecimiento económico. Presumió el incremento del salario mínimo y colocó a México como uno de los países con menor desempleo a nivel mundial.
Perfecto.
Pero si el país está tan bien, habrá que preguntarle entonces por qué una de las principales demandas ciudadanas sigue siendo mejorar la seguridad, los servicios, la infraestructura, la salud y las oportunidades de vivienda.
Porque gobernar no es ganar una presentación de PowerPoint.
Gobernar es que esos indicadores nacionales se traduzcan en mejores condiciones de vida en cada municipio.
Y Chihuahua, particularmente, no puede conformarse con que le digan que las cosas están bien porque una gráfica nacional así lo indica.
Maru no fue a aplaudir
En este contexto, la decisión de Maru Campos adquiere otra dimensión.
No fue a sentarse en una silla para cumplir con la fotografía.
No fue a aplaudir un discurso que, desde su perspectiva, ha sido acompañado de una estrategia política de confrontación hacia Chihuahua.
Y tampoco cerró la puerta.
Eso es importante.
La gobernadora fue muy clara al reiterar su disposición para colaborar con el Gobierno Federal “por el bien de los chihuahuenses”.
Es decir: una cosa es la disputa política y otra las responsabilidades institucionales.
Maru no está diciendo que Chihuahua deba divorciarse de México.
Está diciendo que no está dispuesta a aceptar que la coordinación republicana se convierta en subordinación política.
Y ahí radica la diferencia.
Que dejen el pleito, pero todos
Cruz Pérez Cuéllar pidió terminar con lo que llamó un “pleito permanente” entre Chihuahua y el Gobierno de México y reclamó una estrecha coordinación con la presidenta.
La petición suena sensata.
Lo que no resulta tan sensato es pretender que la responsabilidad del distanciamiento recaiga exclusivamente en el Gobierno estatal.
Si realmente quieren coordinación, que haya coordinación.
Si realmente quieren diálogo, que haya diálogo.
Si realmente quieren que lleguen recursos a Chihuahua, que los manden.
Y si realmente quieren una relación republicana, que ésta no dependa del color partidista del gobernador en turno.
Porque Chihuahua no necesita pleitos entre gobiernos.
Pero tampoco necesita que, bajo el pretexto de terminar con los pleitos, se pretenda que una gobernadora panista se quede callada mientras desde la Federación se le cuestiona, se le acusa o se le intenta colocar en el banquillo político.
La silla vacía de Maru Campos en el informe de Sheinbaum fue, finalmente, algo más que una ausencia.
Fue un mensaje.
Y mientras unos celebraban desde Palacio Nacional los números de la transformación, en Chihuahua la pregunta sigue siendo mucho más sencilla:
¿Cuánto de esa transformación se ha sentido realmente aquí?
Porque una cosa es lo que se informa en la capital del país y otra muy distinta lo que los chihuahuenses pueden tocar, usar, disfrutar y reconocer como resultado de un gobierno.
Y en esa diferencia entre el discurso y la realidad es donde empieza, precisamente, la verdadera evaluación política.