El coordinador de Morena en el Congreso defiende la federalización de la salud y cuestiona la postura de Chihuahua, pero evita responder de fondo a las deficiencias que han enfrentado entidades incorporadas al modelo federal
El coordinador de la bancada de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada Sotelo, volvió a defender la estrategia de federalización de los servicios de salud y cuestionó que Chihuahua mantenga una posición distinta frente al IMSS-Bienestar, en una postura que evidencia, más que una defensa de las necesidades particulares del estado, su insistencia en que la entidad se alinee con el proyecto de salud impulsado desde el Gobierno Federal.
Durante sus declaraciones, el legislador morenista sostuvo que Chihuahua debería avanzar hacia la incorporación al esquema federalizado y argumentó que los estados que ya lo hicieron han registrado crecimiento en infraestructura hospitalaria, camas y contratación de personal médico.
Sin embargo, su argumento parte de una premisa que resulta, cuando menos, cuestionable: que la federalización por sí misma representa una solución a los problemas de salud.
La realidad que enfrentan distintas entidades incorporadas al modelo federal ha generado precisamente reclamos por falta de medicamentos, deficiencias en hospitales, carencias de personal y problemas de operación. Por ello, reducir el debate a si Chihuahua debe firmar o no un convenio con la Federación parece una simplificación de un problema mucho más complejo.
Estrada incluso cuestionó al secretario de Salud estatal, Gilberto Baeza Mendoza, por señalar que el esquema federalizado no necesariamente representa una solución para Chihuahua.
“Todavía ni termina. Me parece que determinar si ahorita tiene resultados o no, es a priori”, sostuvo el diputado.
El problema es que mientras Morena pide paciencia para que el modelo dé resultados, los ciudadanos no tienen la posibilidad de esperar indefinidamente a que un sistema termine de funcionar.
Federalización no significa automáticamente mejor servicio
Estrada argumentó que en los 24 estados que han avanzado en la federalización existe una diferencia en infraestructura, número de hospitales, camas y contratación de personal respecto de las entidades que permanecen fuera del esquema.
Pero el legislador omitió poner sobre la mesa la otra cara de la moneda: que la incorporación al IMSS-Bienestar no garantiza por sí misma que los hospitales tengan medicamentos suficientes, que las instalaciones funcionen adecuadamente o que los pacientes reciban atención oportuna.
El debate no debería reducirse a cuántos estados han firmado, sino a qué calidad de atención reciben sus habitantes después de hacerlo.
Y ahí es donde la defensa de Estrada comienza a perder fuerza.
Chihuahua puede necesitar más infraestructura, más médicos, más medicamentos y mejores servicios, pero la discusión debería partir de las necesidades reales del estado y no de la premisa de que la única salida es aceptar el modelo federal diseñado desde la Ciudad de México.
El argumento de “conjuntar esfuerzos”
El coordinador morenista plantea que la salud debe atenderse “conjuntando esfuerzos” y no mediante sistemas fragmentados.
En principio, nadie podría estar en contra de una mayor coordinación entre instituciones y gobiernos.
Lo cuestionable es que esa coordinación termine convirtiéndose en subordinación.
Chihuahua tiene necesidades específicas y un sistema estatal que, con todas sus deficiencias, también cuenta con infraestructura, personal y mecanismos propios de atención. Antes de entregar su operación a un esquema federal, lo razonable sería demostrar con números, resultados y garantías concretas que los pacientes estarán mejor atendidos.
No basta con decir que 24 estados ya aceptaron.
Tampoco basta con asegurar que la infraestructura ha crecido.
La pregunta fundamental es mucho más sencilla: ¿están recibiendo los ciudadanos una mejor atención médica?
Farmacias del Bienestar, otro punto pendiente
La misma lógica aparece en la discusión sobre las llamadas Farmacias del Bienestar.
Estrada reconoció que el esquema se está implementando inicialmente en las entidades que ya cuentan con el convenio de federalización y señaló que la presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado ampliar posteriormente su cobertura.
Sin embargo, nuevamente queda pendiente la pregunta sobre la capacidad real del sistema para garantizar el abasto y la entrega efectiva de medicamentos.
Porque de poco sirve anunciar nuevas farmacias, cambiarles el nombre o incorporarlas a una estrategia nacional si el ciudadano termina llegando a una ventanilla y recibe como respuesta que el medicamento no está disponible.
El problema de fondo no es quién administra la farmacia, sino si tiene el medicamento que el paciente necesita cuando lo necesita.
Chihuahua no tiene por qué aceptar a ciegas
El discurso de Estrada parece colocar a Chihuahua ante una disyuntiva artificial: federalizarse o quedarse rezagado.
Pero existe una tercera posibilidad: exigirle al Gobierno Federal garantías, recursos, infraestructura, personal, medicamentos y resultados antes de comprometer el sistema estatal con un modelo cuya operación todavía genera cuestionamientos.
El propio diputado reconoce que el sistema de salud mexicano está fragmentado y que existen enormes áreas de oportunidad. También admite que tanto el modelo anterior como el actual tienen problemas y que “faltan muchas cosas por mejorar”.
Entonces, si faltan tantas cosas por mejorar, la pregunta obligada es por qué Chihuahua tendría que incorporarse al esquema federal simplemente porque otros estados ya lo hicieron.
La salud no debería convertirse en una prueba de lealtad política
La postura de Cuauhtémoc Estrada vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que trasciende los colores partidistas.
El estado necesita coordinación con la Federación, sí; pero coordinación no debe significar obediencia política.
Si el IMSS-Bienestar es realmente la solución que Morena asegura que es, entonces corresponde demostrarlo con resultados medibles: hospitales funcionales, médicos suficientes, medicamentos disponibles, atención digna y reducción de tiempos de espera.
Mientras eso no ocurra de manera contundente, pedir que Chihuahua se incorpore bajo el argumento de que “24 estados ya están” resulta insuficiente.
La salud de los chihuahuenses no debería utilizarse como moneda de cambio política ni como un acto de alineamiento con la Federación.
Y si el Gobierno de Morena está tan convencido de las bondades del modelo, la mejor manera de convencer a Chihuahua no será con discursos de tribuna, sino con resultados visibles en los estados donde ya opera.
Porque al final, para el paciente poco importa si el hospital pertenece al estado o a la Federación.
Lo que importa es que haya camas, médicos, medicamentos y atención cuando llegue enfermo.
Si quieres, puedo convertir este mismo texto en una columna política mucho más mordaz y sarcástica, haciendo énfasis en que para Morena “federalizar” parece significar que Chihuahua debe entregar el control de la salud a la 4T, aunque los resultados no sean precisamente para presumirse.