POR HORUS La Columna
En política, a veces las coincidencias son solamente eso: coincidencias. El problema aparece cuando empiezan a acumularse y el calendario electoral se acerca. Y en Chihuahua, a poco más de un año de las elecciones de 2027, el tablero comienza a llenarse de piezas, acusaciones, movimientos y, por supuesto, muchas ganas de aparecer en la boleta.

La gobernadora María Eugenia Campos no dejó pasar la oportunidad. Tras la detención en Estados Unidos de un exfuncionario de Sinaloa acusado de posesión de fentanilo con intención de distribuirlo, lanzó una frase que, políticamente hablando, fue todo menos inocente: quienes pedían pruebas de los presuntos vínculos entre funcionarios emanados de Morena y el crimen organizado, dijo, “ahí están las pruebas”.
El caso al que hizo referencia es el de Ricardo Verduzco Bernal, quien ocupó cargos relacionados con el deporte en Sinaloa durante administraciones vinculadas con Morena. La acusación que enfrenta en territorio estadounidense es grave: alrededor de 11.16 kilogramos de fentanilo, equivalentes a unas 111 mil pastillas.
Campos sabe perfectamente que el asunto de Sinaloa tiene pólvora suficiente para alimentar el discurso opositor. Más aún cuando Rubén Rocha Moya atraviesa nuevamente una crisis política después de solicitar licencia tras su breve regreso al cargo y en medio de señalamientos provenientes de fiscales estadounidenses, acusaciones que el gobernador ha rechazado.
Y mientras Rocha sale temporalmente del escenario, Sinaloa ya tiene nueva gobernadora interina: Graciela Domínguez Nava, quien recibió el respaldo mayoritario de Morena, PT y Verde, con 31 votos a favor y seis en contra. La oposición, faltaba más, aprovechó la ocasión para dejar claro que no está dispuesta a conceder un borrón y cuenta nueva.
El PRI incluso anunció que buscará un juicio político contra Rocha Moya, bajo el argumento de que no es necesario esperar una sentencia extranjera para impedir que vuelva al cargo.
Así que el incendio político de Sinaloa sigue encendido y, desde Chihuahua, Maru Campos se encarga de echarle un poco más de leña.
Y cuando parecía que no podía ponerse más interesante…
Aparece el asunto de los drones.
El robo de un cargamento de drones, cámaras y accesorios sustraído al salir del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles encendió las alertas de las instituciones de seguridad mexicanas y de la representación estadounidense. La empresa afectada reportó el robo, bloqueó los equipos de manera remota y difundió sus números de serie para evitar que fueran comercializados.
El asunto no es menor. De acuerdo con la información proporcionada, desde noviembre de 2025 la Sedena ha localizado 625 minas y explosivos lanzados desde drones únicamente en Michoacán, en ataques atribuidos al crimen organizado.
Y casi al mismo tiempo Estados Unidos suspendió actividades y viajes oficiales a Mexicali debido a información sobre una amenaza, recomendando a sus ciudadanos evitar edificios gubernamentales y buscar refugio en caso de un incidente. No existe, hasta ahora, un vínculo directo establecido entre ambos hechos, pero la coincidencia temporal inevitablemente genera preocupación.
En política, sin embargo, las coincidencias también se convierten rápidamente en munición.
Maru cambia el discurso: de las críticas a las obras
Pero la gobernadora no solamente está mirando hacia Sinaloa. En Chihuahua también tiene que responder a sus propios críticos.
Durante su gira por Delicias, el gobierno estatal puso sobre la mesa cifras para responder a quienes sostienen que la administración estatal no ha realizado obra pública. Y el argumento elegido fue el sector salud: más de 607 millones de pesos acumulados en infraestructura hospitalaria ejecutada por la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.
La cifra, además, no incluye el equipamiento médico que corresponde a la Secretaría de Salud.
El gobierno estatal presume también una intervención de 31 mil metros cuadrados en construcción, ampliación y remodelación de instalaciones médicas, una superficie superior a la del Centro de Convenciones de Chihuahua.
El mensaje es evidente: ante quienes quieren instalar la narrativa de que no hay obra, el gobierno de Campos responde con metros cuadrados y millones de pesos.
Porque rumbo a 2027 también se votará con memoria. Y en una elección, una obra inaugurada pesa mucho más cuando puede convertirse en argumento de campaña.
Valenciano cambia de cancha
Mientras tanto, en Delicias se mueve otra pieza.
Jesús Valenciano, quien decidió bajarse de la contienda por la candidatura panista a la gubernatura y expresar su respaldo a Marco Bonilla, recibió formalmente una invitación de Acción Nacional para buscar una diputación federal.
La decisión, dice, todavía pasa por una conversación familiar.
Una manera elegante de decir que la política ya tocó a la puerta y ahora falta decidir si se le abre.
La invitación, además, no parece casual. El PAN necesita mantener cohesionadas sus estructuras rumbo a 2027 y cualquier liderazgo con presencia territorial, particularmente en la región centro-sur, representa una pieza que difícilmente se puede desperdiciar.
En Chihuahua capital, todos quieren aparecer en la fotografía
Y si en Delicias se acomodan las piezas, en la capital la carrera tampoco da tregua.
Santiago de la Peña sigue acumulando respaldos dentro del panismo local. Militantes de larga trayectoria comienzan a pronunciarse públicamente a su favor y a señalarlo como uno de los perfiles competitivos para buscar la candidatura a la alcaldía de Chihuahua.
Pero en política, cuando aparecen apoyos públicos, también aparecen ataques.
De la Peña tuvo que salir a desmentir una supuesta invitación a un convivio con meseras y meseros en San Nicolás Terraza. Aseguró que la convocatoria era falsa y pidió no caer en publicaciones apócrifas.
Curiosamente, recordó que apenas una semana antes sí había participado en un encuentro legítimo con más de 400 trabajadores del sector.
Y ahí está otra señal de los tiempos electorales: cuando todavía falta para las campañas, ya empiezan las campañas.
Jáuregui también mueve ficha
Por si faltara alguien en la fotografía, César Jáuregui convocó a un desayuno con medios bajo el lema “Un espacio para encontrarnos”, con la promesa de generar diálogo abierto con la prensa.
Nada es campaña todavía, naturalmente.
Pero tampoco hay que ser demasiado ingenuos.
En política, los desayunos, las reuniones, los recorridos, las fotografías, los respaldos y hasta los desmentidos empiezan a construir posicionamiento mucho antes de que las autoridades electorales permitan formalmente hablar de candidaturas.
Falomir tampoco se duerme
Y mientras unos suman apoyos y otros desayunan con medios, Alan Falomir mantiene su propia ruta: confrontar directamente a Morena.
El aspirante ha llamado a frenar la llegada del partido oficial a Chihuahua y sostiene que los ciudadanos rechazan que la entidad adopte el modelo de gobierno de la llamada Cuarta Transformación. Su discurso se apoya en inseguridad, pobreza y crecimiento del poder del crimen organizado a nivel nacional.
El mensaje es claro y forma parte de una estrategia que seguramente veremos repetirse con mayor intensidad conforme avance el calendario: convertir a Chihuahua en el bastión que resista el avance de Morena.
Y mientras en Sinaloa el escándalo del fentanilo vuelve a poner sobre la mesa los vínculos entre política de la 4T y crimen organizado; mientras aparecen robos de drones y amenazas que preocupan a Estados Unidos; mientras Maru Campos presenta obra pública y sus adversarios cuestionan sus resultados; mientras Valenciano decide si cambia la alcaldía por San Lázaro y en Chihuahua capital comienzan a repartirse simpatías entre De la Peña, Jáuregui, Falomir y los demás aspirantes, una cosa queda clara:
la sucesión de 2027 ya comenzó, aunque todavía nadie quiera llamarla campaña.