
La diputada Jael Argüelles abrió el ojo izquierdo con toda la indignación moral que le permite la 4T y lanzó la advertencia: el PAN quiere quitarle al Congreso la facultad de revisar y votar la disposición de terrenos públicos para dejar esa decisión en manos de la gobernadora. “Los tramposos de Acción Nacional quieren favorecer a sus amigos y allegados”, dijo. Los bienes públicos son de todos, no de los mismos de siempre. Muy loable.
El problema es que el ojo derecho lo tiene completamente nublado.
Porque mientras en Chihuahua se indigna por la posible discrecionalidad del Ejecutivo panista, en Ciudad Juárez su correligionario Cruz Pérez Cuéllar —hoy aspirante a gobernador por el mismo proyecto— le compró un predio a Pedro Zaragoza Fuentes, uno de sus patrones de toda la vida, para el programa de Vivienda del Bienestar. Un terreno que no tiene agua, no tiene drenaje y requiere más de dos mil millones de pesos solo en infraestructura hidráulica. La quinta parte del presupuesto de la ciudad.
Mario Mata, el director de la Junta Central de Agua y Saneamiento, fue claro: no hay concesiones de agua, no hay colectores, no hay condiciones. “¿Pues quién la va a poner?”, preguntó. Cruz, fiel a su estilo, reconoció la carencia… y de inmediato acusó a la JCAS de retrasar los servicios. El predio está en el Plan de Desarrollo Urbano, cumple con lo legal, y punto. La inversión, que la pongan otros.
No es exactamente lo mismo que critica Argüelles, ¿verdad? Allá es “favorecer a los amigos”. Acá es “cumplir con los requisitos legales” aunque el terreno no sirva para lo que se anunció. Doble rasero en estado puro.
Y el patrón se repite. Cuando le preguntaron por el incidente del rodeo, Cruz no se limitó a desmentir la “tragedia”. Calificó de “infamia” y “bajeza” lo publicado, acusó a los medios de cobardes y mezquinos que “esperaban lo peor” y, cuando le tocaron el tema de permisos y ambulancia, se deslindó con elegancia: él solo era invitado. Los amigos que organizaron, allá ellos. Él no sabía. Exactamente la misma fórmula: atacar al mensajero, controlar el relato y dejar a salvo al entorno cercano.
Mientras tanto, del otro lado del ring, Maru Campos sí se apareció ante los ganaderos de la UGRCh para presentar el nuevo protocolo contra el gusano barrenador. Nuevas parihuelas, Grupo Estatal de Emergencia, medicamentos gratuitos, cerco sanitario y un llamado al gobierno federal a dejar las diferencias políticas porque “hoy está en juego el sustento de miles de familias”. Trabajo concreto frente a la crisis sanitaria. Contrastante.
En la cocina del panismo, los “Judas” que Maru comentó —César Jáuregui y Rafael Loera— fueron vistos platicando en un bar. Discretos, reservados, como quien cocina algo que aún no debe salir del horno. Ambos niegan cualquier acercamiento a Morena. Cruz también lo niega con énfasis: “No hay ningún acercamiento, ninguna conversación… todo es guerra sucia”. Inventan cosas todos los días, dice. Faltaba más.
Y Santiago de la Peña, el secretario general de Gobierno que no es panista de cepa pero aparece bien en las encuestas para la capital, salió a decir que todavía no hay candidatos definidos para las tareas territoriales y políticas. De Alan Falomir solo resaltó sus capacidades en la JMAS. Las definiciones, se supone, llegarán este sábado en el Consejo Estatal del PAN. Él podría aparecer… si lo invitan a saludar.
Así está el tablero: una diputada de la 4T que ve con lupa las intenciones del PAN mientras su propio aspirante deja un terreno sin agua para el programa estrella de la presidenta; un alcalde con licencia que cuando le aprietan se convierte en simple invitado y califica de infamia lo que no le conviene; una gobernadora que intenta blindar su estructura mientras los señalados se reúnen en un bar; y un secretario de Gobierno que todavía no es del todo panista pero ya se mueve en esa cancha.
En Chihuahua, la moral es selectiva. Depende del ojo con el que se mire. Y del partido que convenga.