El secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya Chávez, no pudo ocultar del todo el dejo de resignación cuando le preguntaron sobre la reunión del PAN en la que se perfila la posibilidad de que Marco sea el abanderado del partido a la gubernatura de Chihuahua.
La pregunta era directa. La respuesta, breve y contenida.
“Yo lo que te puedo decir es que yo siempre voy a estar respaldando y apoyando lo mejor para Chihuahua”, dijo, y casi de inmediato cerró la entrevista.
No hubo defensa de su propio nombre, ni matiz, ni siquiera la fórmula habitual de “el partido decidirá”. Solo esa frase genérica, dicha con la parsimonia de quien ya asume que la carrera por la candidatura panista a la gubernatura se le está escapando de las manos.
Para quienes han seguido de cerca las aspiraciones de Loya Chávez, el mensaje fue claro. El actual titular de Seguridad Pública había sido mencionado de manera recurrente como uno de los perfiles con posibilidades reales dentro del PAN. Sin embargo, el viento parece soplar en otra dirección. Y él, al menos en público, ya no disputa el terreno.
Su respuesta no fue un endoso entusiasta ni una declaración de guerra interna. Fue, más bien, la aceptación contenida de quien entiende que la definición del partido ya está caminando por otro lado. Un “apoyaré lo mejor para Chihuahua” que suena menos a convicción política y más a conformidad resignada.
En la política chihuahuense, a veces el silencio y las frases cortas dicen más que los discursos largos. Este miércoles, Gilberto Loya Chávez eligió no pelear la narrativa. Y en esa renuncia discreta, muchos leyeron el principio del fin de una aspiración.