El ‘Bienestar’ de la Lona Obligada: Cuentos de Mágica Devoción Popular en la Sierra

Por HORUS la Columna

En la majestuosa Sierra Tarahumara, donde el aire es puro y las necesidades son abundantes, ha brotado una repentina y «espontánea» pasión política. Como por arte de magia —o por el arte de la extorsión social— miles de fachadas serranas han sido decoradas con mantas de un metro cuadrado. ¿Las estrellas del decorado rural? Nada más y nada menos que el alcalde con licencia Cruz Pérez Cuéllar y la senadora —también con licencia— Andrea Chávez.

Y es que, ¡vaya coincidencia! Resulta que a los beneficiarios de los programas sociales del Bienestar les dio, exactamente al mismo tiempo, un arranque de fervor por estos dos personajes. Claro que si a usted le da por pensar mal y cree que los están amenazando con quitarles la beca en la próxima renovación si no cuelgan la lona, ¡qué malpensado es! Aunque, bueno… el miedo a perder el único pan de la mesa hace milagros, y en la Sierra el hambre no sabe de tiempos electorales.

Por supuesto, no hay que restarle mérito a la fe verdadera. Habrá quienes, por convicción propia o por puro contagio del compadre y la comadre, cuelguen su manta felices de la vida a favor de dos políticos que jamás en su vida han visto en persona. Están en todo su derecho de adorar a sus santos patronos de la boleta.

Un espectáculo guinda en carretera (y con marcador 2 a 1)

En un recorrido por las calles y avenidas principales de la Sierra —ahí por donde casualmente pasa todo el mundo en sus vehículos— el paisaje natural ha sido superado por el ingenio publicitario. Mantas a diestra y siniestra. Eso sí, para los amantes de las estadísticas, hay un dato demoledor: las lonas de Cruz Pérez Cuéllar le ganan a las de Andrea Chávez en una clara proporción de dos a uno. Parece que en la guerra de egos y presupuestos por la gubernatura de Chihuahua, el alcalde trae la billetera —o la presión— un poco más pesada que la senadora. Cada quien por su lado, faltaba más, demostrando la «unidad» del partido.

Pero lo más tierno de este circo no es el acto en sí, sino los «voluntarios» que lo ejecutan. Si usted pensaba que eran los equipos de campaña de los aspirantes los que andan sudando la camiseta bajo el sol, se equivoca. La chamba sucia la están haciendo los abnegados empleados de Bienestar. Sí, esos de los chalecos guindas que pagamos todos con nuestros impuestos y que se suponen están para servir a la ciudadanía, andan muy ocupados haciendo de promotores inmobiliarios de lonas electorales.

 

¿Y las autoridades electorales? Bien, gracias; tomando el café

Ante semejante despliegue de cinismo, usted se preguntará: ¿Y el Instituto Estatal Electoral? ¿Dónde está la autoridad?

Pues la presidenta del IEE en Chihuahua, Yanko Durán, ya aclaró sus dudas a los despistados. En una brillante demostración de burocracia pura, dejó en claro que no es su función mover un solo dedo ni andar de curiosos. Están «impedidos», dice. Aunque el delito electoral les brinque en las narices, les escupa en la cara y tape la visibilidad de la carretera, ellos no pueden hacer nada si no hay una denuncia formal de por medio. Una maravilla de la justicia ciega… y sorda.

La ley electoral es muy clara en sus tiempos, y hoy por hoy, ni siquiera hay candidatos oficiales definidos por ningún partido. Pedir licencia de sus cargos no les da pase libre para pasarse el calendario electoral por el arco del triunfo. Pero en el Chihuahua de la Cuarta Transformación, las campañas anticipadas son como los fantasma: todo el mundo los ve, todo el mundo les teme, pero las autoridades juran que no existen porque nadie los ha llevado en una jaula a presentarlos en la oficina.

Así que ya lo sabe: si pasa por la Sierra y ve un mar de lonas guindas, no piense que es un acto de precampaña ilegal pagado con programas sociales. Es solo la «espontánea primavera política» que llegó temprano a Chihuahua, patrocinada por su chaleco guinda de confianza.

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