Por HORUS La Columna
Maru Campos regresó de la Feria Aeroespacial de Farnborough y, como quien limpia el polvo de la maleta, soltó la frase perfecta para estos tiempos: “Gobernador no pone gobernador, sería el beso del diablo”.

Qué oportuna. La gobernadora se desmarca de cualquier sospecha de dedazo y subraya que el Comité Directivo Estatal del PAN ya tiene un “decálogo” cuya primera regla es dar resultados. Porque, dice, “si no hay resultados, ¿qué le ofrecemos a la ciudadanía?”.
Mientras la mandataria habla de piso parejo y de perfiles competitivos, por los grupos de WhatsApp de la militancia panista circula un mensaje que no deja lugar a dudas sobre las intenciones de quien lo diseñó: “Amigo panista, ¿estás de acuerdo en que el priista Santiago De la Peña sea nuestro candidato para competir por la Presidencia Municipal de Chihuahua?”. Solo dos opciones: Sí o No. El objetivo era evidente: sembrar duda, activar el rechazo, convertir el origen priista de De la Peña en una mancha indeleble.
El problema es que la consulta se les fue de las manos. Una usuaria no solo contestó que sí, sino que lo hizo público y explicó por qué lo prefería antes que a otros perfiles. El efecto boomerang. Lo que se pretendía como una encuesta de desgaste se transformó en un respaldo espontáneo. En política, cuando intentas enterrar a alguien y los propios militantes lo sacan a flote, el mensaje es otro: el personaje ya tiene músculo propio.
Y no solo dentro del PAN. En la oposición también lo leen fuerte. Por eso Dionisia Chaparro, la manifestante que desde hace tiempo se planta frente a Palacio de Gobierno con lonas y gritos, ha recibido apoyo logístico y financiero de asociaciones ligadas a Morena —FEDECO y Retén Ciudadano— con el fin expreso de mantenerla como “piedra en el zapato” de Santiago de la Peña. Su reclamo personal (un despojo de hace más de doce años) es legítimo en tanto ejercicio de manifestación. Lo que ya no es tan legítimo es que se le use como arma política de desgaste contra un aspirante que la 4T identifica como peligroso.
Cuauhtémoc Estrada, coordinador de la bancada morenista en el Congreso, no se queda atrás. En más de una ocasión ha convertido sus ruedas de prensa en trinchera contra De la Peña. La última fue particularmente pintoresca: se autoproclamó “más chihuahuense” que el secretario de Gobierno.
Su actuar ya que el secretario lo invitó a que no se interpusieran a la aprobación de la Poniente 5, un proyecto carretero que ayudaría a librar el intenso tráfico de la ciudad de Chihuahua, y le dijo el es juarense, no conoce ni la ciudad, ni las necesidades de la capital.
De la Peña no se amilanó. Sacó la frase atribuida a Chavela Vargas y la hizo suya: “Yo soy chihuahuense y los chihuahuenses nacemos donde nos da la chingada gana”.
Ahí quedó el debate de la autenticidad territorial.
Lo que se ve con claridad es el contraste. Por un lado, la gobernadora predica piso parejo, resultados y que nadie imponga candidaturas. Por el otro, en las trincheras digitales y en las banquetas de Palacio, se operan mensajes anónimos, se financian protestas y se disputan certificados de chihuahuensidad. El “beso del diablo” del que habla Maru Campos no necesariamente viene de la silla gubernamental. A veces llega disfrazado de encuesta de WhatsApp, de lona pagada o de discurso de pureza regional.
Santiago de la Peña, mientras tanto, sigue acumulando lo único que realmente importa en esta etapa: que lo ataquen. Porque en política, cuando te ignoran estás muerto; cuando te agreden desde varios frentes, es que ya eres factor. Y el decálogo del PAN, por más resultados que exija, todavía no ha inventado la vacuna contra eso.
En fin, Maru Campos ya lo dijo: serán los resultados, y no el dedo, los que definan al candidato del PAN a la alcaldía de Chihuahua. Qué coincidencia que, justo cuando se habla de “piso parejo”, el director de la Junta de Aguas, Alan Falomir, otro de los aspirantes, apareció con los programas más visibles y más votables de la administración.
Los Aguardianes, Chihuahua Sin Fugas y la inversión histórica en redes de agua y alcantarillado en colonias que llevaban años gritando por una tubería nueva no son solo obras. Son exposición. Y de la buena: en las colonias donde realmente se van a contar los votos. El Cabrito se ha vuelto presencia cotidiana ahí donde el PAN necesita sumar y donde Morena, aunque en silencio, ya está raspando.
Todo mundo da por hecho que el blanquiazul gana la capital. El detalle es con quién. Y en ese cálculo, Falomir tiene lo que pocos exhiben en este momento: calle, resultados tangibles y una narrativa lista para envolver. Mientras otros pelean a gritos o a mensajitos de WhatsApp, él reparte tubos y se toma la foto con el agua corriendo.
Barredoras de oro y cartuchos quemados

Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia de Ciudad Juárez, acaba de recibir lo que en política se conoce como un regalo envenenado: una denuncia penal ante la Fiscalía Anticorrupción por peculado y uso indebido de facultades.
El monto: más de 105 millones de pesos.
Los denunciantes: dos exalcaldes panistas, Gustavo Elizondo y Ramón Galindo, acompañados del abogado Mariano López. La respuesta del todavía poderoso fronterizo fue tan predecible como mediocre: los llamó “cartuchos quemados, muy quemados” y desechó el asunto como “estrategia desesperada del PAN” que, según él, ya había sido aclarado por la Auditoría Superior del Estado.
Qué conveniente.
Resulta que entre 2022 y 2024 el municipio rentó ocho barredoras mecánicas por casi 29 meses. El costo por unidad: alrededor de 750 mil dólares, unos 13.1 millones de pesos… solo por rentarla y mantenerla. El precio de mercado de una máquina similar ronda entre 47 y 55 mil dólares. Es decir, con lo que se pagó por rentar una sola barredora se pudieron haber comprado trece. Con las ocho, el municipio pudo haber adquirido un patrimonio propio por menos de ocho millones de pesos. En cambio, se esfumaron 105.6 millones.
Y no es solo el sobreprecio del 1,400 por ciento. La empresa beneficiada, PYPRA S. A de R.L. MI, estaba registrada como microindustria dedicada a productos eléctricos, electrónicos y maquila. No tenía un solo vehículo ni barredora a su nombre cuando ganó la licitación. Facturó entre 33 y 36 millones de pesos anuales al erario municipal, lejos de los límites de una microempresa. Los tiempos de la licitación se recortaron de tal forma que nadie más pudo competir. No hubo estudio de mercado que justificara rentar en lugar de comprar. Y para coronar la obra, el contrato exigía que cada máquina recorriera 411 kilómetros diarios —el equivalente a ir de Juárez a Delicias todos los días— durante dos años y medio. Sin una sola bitácora que demuestre que el servicio se prestó.
Pérez Cuéllar, lejos de dar la cara con números, prefiere el desprecio. “Cartuchos quemados”, dice. Como si el monto no existiera. Como si la empresa fantasma no hubiera cobrado. Como si la Auditoría Superior del Estado fuera el tribunal de última instancia y no un trámite más que ahora tendrá que revisar la Fiscalía Anticorrupción, esta vez con denuncia penal de por medio y solicitud expresa de que el SAT revise las declaraciones de la afortunada compañía.
Mientras en la frontera se rentan barredoras a precio de jet privado, en el sur del estado se liberan 2.5 millones de moscas estériles cada dos días para combatir el gusano barrenador. Al menos en ese frente hay claridad: o se reporta a tiempo o se pierde la exportación. En política juarense, en cambio, el reporte llega tarde, el sobreprecio se justifica con auditorías “ya aclaradas” y los cartuchos quemados siguen disparando… aunque sea contra las arcas de la ciudad.
Porque si algo queda claro es que el diablo no necesita besar a nadie. A veces basta con rentar ocho máquinas a precio de oro y esperar a que nadie pregunte dónde están las barredoras.