
La gobernadora Maru Campos y el presidente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, se reunieron en Chihuahua para hablar de lo que todo partido en el poder necesita escuchar: que su gobierno es ejemplo y que la unidad es la única vía. El encuentro, presentado como un diálogo estratégico, giró en torno a la necesidad de fortalecer “gobiernos humanistas y de resultados” frente a los retos nacionales.
Ambos coincidieron en que la fórmula para salir de la actual coyuntura pasa por fortalecer las instituciones locales y mantener un compromiso “inquebrantable” con las causas ciudadanas. En el papel, la agenda quedó reducida a tres pilares: unidad institucional, trabajo coordinado entre la dirigencia nacional y el gobierno del estado, y acciones centradas en salud, seguridad y crecimiento económico.
Hasta aquí, el guion es previsible. Lo interesante está en el reconocimiento que Romero Herrera hizo de la administración de Campos. El dirigente nacional no dudó en catalogarla como un ejemplo de lo que el PAN quiere proyectar en el resto del país. En otras palabras: Chihuahua debe funcionar como vitrina. Mientras el partido busca recuperar terreno nacional de cara a 2027, necesita estados que demuestren que sí se puede gobernar con resultados y sin el ruido de la confrontación permanente.
La capital mejor evaluada… y el circo de los que ya se pelean por la silla
Chihuahua capital es, según RUBRUM, la mejor evaluada del país bajo Marco Bonilla. Número uno en desempeño, servicios públicos, cercanía y seguridad. Top 3 entre 104 alcaldes. Mientras el alcalde se baña en números, el resto de la clase política local ya está en modo canibalismo anticipado. Porque en esta ciudad, el éxito de uno es la oportunidad de los demás para empezar a medir la silla.
La encuesta de Gobernarte confirma lo obvio: el PAN arrasa con 49.7 % de la preferencia partidista. Morena se queda en 30.1 %. El resto es estadística de relleno. Pero dentro del panismo la pelea ya es a cuchillo. Santiago de la Peña lidera con 29.1 %, César Jáuregui le pisa los talones con 24.9 %. El resto se acomoda como puede. Y para que no quede duda de que la contienda está caliente, este miércoles, De la Peña desayunando con Alejandro Cano en la esquina de Aldama y Ocampo. Mensaje leído. Experiencia y operación política compartiendo mesa. Casualidad, dicen los ingenuos.

En la mesa de al lado, como si el guion lo hubiera escrito un guionista de telenovela, apareció Alan “el Cabrito” Falomir. El mismo que horas después confirmó su registro como aspirante. El director de la JMAS también quiere la silla.
Y lo hace con la elegancia de quien sabe que en esta carrera larga el que menos se raspe llega más lejos. Mientras tanto, Manque Granados aprovecha cualquier micrófono para recordar que Maru Campos da resultados y que los de Morena son “traidores a la patria” por sus vínculos con el crimen organizado. Critica a Marina del Pilar y a Rocha Moya mientras se posiciona ella misma. Todo muy coherente.
Y como si faltara color, Julián LeBarón oficializó su aspiración a la gubernatura con Somos México. El partido “limpio”, el de las causas, el que no carga con el bagaje de los demás. Guadalupe Acosta Naranjo lo presentó como el candidato de la sociedad civil. LeBarón habla de paz, de amenazas de muerte y de que Chihuahua es el estado más peligroso para los niños. Bienvenido al club de los que prometen lo que nadie ha podido entregar.

Pero donde de verdad se pone sabroso el espectáculo es en la cancha de Morena. El PT local, con América Aguilar, jala para Cruz Pérez Cuéllar. El PT nacional, con Lilia Aguilar, jala para Andrea Chávez.
Y las diputadas locales de Morena, Jael Argüelles y Elizabeth Guzmán, salen a defender la “unidad” y a regañar a Lilia por atacar a Cruz. “La izquierda del PT es solo narrativa”, dice Argüelles.

“Nuestra fuerza está en sumarnos”, insiste Guzmán. Mientras tanto, se agarran del chongo por la candidatura. La unidad de la 4T, esa que tanto pregonan, se deshace en público por un simple capricho de quién lleva el nombre en la boleta.
Así está Chihuahua en julio de 2026: la capital mejor evaluada del país, con un alcalde que saca 10 en las encuestas, y una manada de aspirantes, aliados y “compañeros de lucha” que ya se están comiendo entre ellos por las sillas que todavía no se desocupan.