Por HORUS La Columna
En la alta política mexicana, la congruencia suele ser el bien más escaso y la hipocresía, el recurso más abundante. El último botón de muestra nos lo regala la senadora con licencia Andrea Chávez, quien parece haber descubierto que los principios ideológicos son tan flexibles como una liga de oficina, dependiendo de la temporada electoral.
El misterio de la encuesta anónima
En las últimas horas, los teléfonos de los chihuahuenses comenzaron a sonar con la insistencia de esas encuestadoras fantasma —de las que lanzan la piedra y esconden el logotipo—. Una voz robótica, pero con una clara consigna, soltaba la siguiente joya demoscópica:
“¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con aplicar en Chihuahua la propuesta de Andrea Chávez sobre aborto legal y gratuito? Marque dos si está de acuerdo o tres si no está de acuerdo”.

Así, a rajatabla. Sin anestesia y sin dar el nombre de la firma que patrocina el sondeo, pero dejando muy claro el nombre de la «promotora» de la iniciativa.
Defensora de la vida… según el calendario
Lo verdaderamente fascinante —por no decir grotesco— de este asunto no es el debate sobre la interrupción legal del embarazo, un tema complejo que merece seriedad. Lo que raya en el cinismo es el timing de la legisladora.
¿No era acaso la misma Andrea Chávez la que hace apenas unas semanas se desgarraba las vestiduras y se proclamaba ferviente defensora de la vida? ¿No fue ella quien se ofendió hasta las lágrimas cuando la presidenta estatal del PAN, Daniela Álvarez, osó mencionar en el debate público su actual estado de gravidez?
En aquel momento, el embarazo era una bandera sagrada, un escudo contra la crítica política. Hoy, parece que la urgencia de su agenda progre la lleva a empujar la legalización del aborto legal y gratuito en la entidad.
Una incongruencia tamaño familiar
Aunque siempre cabe otorgar el beneficio de la duda en este circo llamado política, resulta imposible no levantar la ceja ante semejante pirueta. Promover activamente una iniciativa para despenalizar el aborto mientras se presume la dulce espera es, por decir lo menos, un acto de disonancia cognitiva nivel Dios.
Entre los pasillos políticos ya se murmura con sorna: ¿estará esperando la senadora el momento más rentable mediáticamente para decidir sobre la vida del ser que lleva en su vientre? ¿O es simplemente que la ideología de partido pesa más que el instinto de coherencia?
Al final, para Chávez, parece que la política se resume en una máxima muy pragmática: «estos son mis principios, pero si no le gustan a la encuesta… aquí tengo otros».