CHIHUAHUA, CHIH.— Con la llegada de la temporada de lluvias, el panorama urbano de la capital experimenta una transformación que va más allá del clásico olor a tierra mojada o el reverdecer de los cerros. En las grietas de las banquetas, las orillas de las calles y los terrenos baldíos, comienzan a brotar pequeños visitantes verdes que la mayoría de los ciudadanos arranca o ignora: los quelites.
Estas plantas silvestres y comestibles, que han formado parte esencial de la dieta de los pueblos del norte de México desde hace siglos, vuelven a surgir en el asfalto. Ante este fenómeno, un investigador de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) hace un llamado a la población para mirar el suelo con otros ojos y revalorar este patrimonio biocultural.
«Los quelites no son maleza. Son alimentos llenos de historia y de nutrientes que crecen sin necesidad de riego ni cuidados. Cuando los arrancamos sin saber, estamos desechando un recurso valioso que nuestros antepasados aprovechaban», explica el M.C. Rubén Alejandro Martínez Flores, estudiante del Doctorado en Recursos Naturales por la Facultad de Zootecnia y Ecología de la UACH.
¿Qué son los quelites y por qué brotan ahora?
El especialista detalla que la palabra «quelite» proviene del vocablo náhuatl quilitl, que se traduce sencillamente como «hierba comestible». Tras los primeros periodos de lluvia en la región, la humedad activa las semillas latentes en el suelo urbano, dando paso al surgimiento de diversas especies adaptadas al clima extremo del estado.
De acuerdo con Martínez Flores, entre los quelites más comunes que la ciudadanía puede encontrar caminando por la ciudad de Chihuahua se encuentran:
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Quelite cenizo (Chenopodium album)
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Quelite de agua o bledo (Amaranthus palmeri)
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Verdolaga (Portulaca oleracea)
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Lengua de vaca (Rumex crispus)
Un tesoro nutricional incomprendido
A pesar de que el crecimiento de estas plantas suele asociarse con el descuido urbano o la suciedad, la investigación científica demuestra lo contrario. Los quelites son considerados superalimentos debido a sus altas concentraciones de vitaminas A y C, así como de minerales esenciales como el hierro y el calcio, superando en ocasiones el valor nutricional de verduras comerciales como la espinaca.
Este brote estacional representa un recordatorio de la resiliencia de la flora nativa y una invitación a rescatar el conocimiento tradicional sobre la recolección y el consumo de la despensa silvestre que, literalmente, crece bajo nuestros pies.