Por HORUS La Columna
Por sus obras los conoceréis (y por sus juguetes también)
¡Paren todo! Que se detengan las líneas de producción en Stuttgart, Detroit y Tokio. Que Elon Musk empiece a temblar en su gigafábrica de Texas, porque desde la mismísima y gloriosa Base Militar de Santa Lucía —ese epicentro de la alta tecnología mundial y los vuelos comerciales fantasma— nos ha llegado la última maravilla del ingenio cuatroteísta: el Olinia 1.
La mismísima presidenta Claudia Sheinbaum arribó al evento manejando el mentado minivehículo eléctrico. Una escena verdaderamente conmovedora que a más de uno le recordó las pistas de Go-Karts de los centros comerciales, pero con presupuesto federal. Dice la doctora, con esa elocuencia que la caracteriza, que este carrito de 150 mil pesos es obra de las «mentes de jóvenes mexicanos». Una forma muy elegante de camuflar lo que a leguas parece un proyecto escolar de ciencias de preparatoria que, por azares del destino (y del presupuesto público), terminó con placas oficiales.
La Promesa: Un auto eléctrico, soberano, sustentable y extrañamente barato.
La Realidad: En un país donde la red eléctrica nacional se sostiene con alfileres y apagones programados, la gran solución gubernamental es un carrito de golf glorificado para que los ciudadanos se queden varados, pero eso sí, de manera muy ecológica y «soberana».Dicen que el costo redefinirá la competencia. Lo que no nos dicen es si los 150 mil pesos incluyen las baterías, las bolsas de aire (si es que tiene) o si el motor se impulsa con la pura fuerza de la «esperanza de México». Al final, la narrativa es la misma de siempre: si el AIFA no funcionó para los aviones, tal vez sirva como pista de pruebas para los juguetes de la nueva era industrial. Por sus obras los conoceréis… y por el tamaño de sus vehículos los mediréis.
Mientras tanto, en las tierras chihuahuitas: Pasos de gigante
Cruzando el mapa, lejos de los delirios automotrices de la capital y el Estado de México, en Chihuahua la política no se hace sobre carritos eléctricos de juguete, sino a ras de suelo y con botas bien puestas. Mientras algunos especímenes políticos locales avanzan con la velocidad de una tortuga con reumatismo, el que anda desatado y con el acelerador a fondo es el secretario general de Gobierno, Santiago De la Peña.
El hombre se tomó muy en serio el manual de la omnipresencia este fin de semana:
- Viernes de Salud y Comunidad: Empezó supervisando el Hospital Central en nombre de la gobernadora Maru Campos, para luego internarse en el asentamiento tarahumara Napawika. Y no iba solo; armó una comitiva de peso completo con Diodoro Siller (Trabajo), Enrique Rascón (Pueblos Indígenas) y Gilberto Baeza (Salud).
- Sábado de Crucero: repitió dosis con Baeza y Rascón, placeándose en los cruceros para recordarle a los ciudadanos que el gobierno estatal sí sabe bajarse del escritorio.
- Domingo de Canchas: Cerró la jornada en las canchas de Ávalos, sumando al equipo a Jorge Chanez (Obras Públicas).
Lectura entre líneas: Esto no es una simple coincidencia de agenda ni un repentino amor por el deporte dominguero. Esto se llama estrategia de visibilidad sostenida.Mientras en el centro del país diseñan cochecitos para el futuro utópico, De la Peña está pavimentando el presente con «pasos de gigante». La narrativa en el tablero local es clara: la carrera rumbo al 2027 ya comenzó, y la figura pública no se construye con discursos acartonados desde Santa Lucía, sino con permanencia, calle y contacto directo.
Al final del día, las diferencias son abismales: unos apuestan por la ficción de un cochecito eléctrico de 150 mil pesos; otros, por la terca y real estrategia de gastar suela en el territorio. ¿Qué proyecto llegará más lejos? Hagan sus apuestas.