
Por HORUS La Columna
¡Qué generosa es la política mexicana! Es el único ecosistema del planeta donde se puede cobrar como legislador sin la engorrosa necesidad de saber leer la ley, y donde un exgobernador prófugo puede confundir una orden de aprehensión con un rapto digno de película de Hollywood. Vivimos, sin duda, en la época dorada del surrealismo jurídico.
Pasemos a revisar la primera función de este circo.
Doctores en leyes… que no existen
Esta semana, los diputados de Morena —esos abnegados siervos de la nación encargados de redactar las normas que nos rigen— decidieron aventar un monumental petardo político: solicitar un juicio político contra la gobernadora Maru Campos ante el Congreso de la Unión. Querían el aplauso, la foto, la relevancia. Querían verse como los grandes defensores de la legalidad.
El único y pequeñísimo detalle es que invocaron una ley que dejó de existir en el año 2018.
Sí, leyó usted bien. Nuestros flamantes legisladores basaron toda su pomposa estrategia jurídica en un fantasma legislativo que lleva casi una década en el camposanto del derecho.
Como bien señaló el Secretario General de Gobierno con una mezcla de lástima y hastío, el «profesionalismo» de este grupo parlamentario brilla por su ausencia. Da pena ajena. Varios de ellos se ostentan con orgullo como abogados, pero parecen haber obtenido el título en una rifa de kermés. Si los encargados de crear las leyes para los mexicanos ni siquiera saben cuáles están vigentes, la solución es simple: o piden licencia colectiva por flagrante incompetencia, o de plano les mandamos un manual de «Derecho para Principiantes». Por supuesto, su solicitud va directo a donde pertenece: al bote de la basura de la historia legislativa. A estudiar, muchachos, que para eso les pagamos.
Javier Corral y el «chiste que se cuenta solo»
Pero si lo de los diputados fue un sketch cómico, lo del senador Javier Corral ya es una comedia de enredos de presupuesto internacional.
Resulta que el exgobernador ahora ha decidido denunciar a Maru Campos por «intento de privación ilegal de la libertad». Vamos, que el señor jura y perjura que lo quisieron secuestrar en un restaurante de la Ciudad de México.
Hay que tener la cara de cemento armado. Mire que llamar «secuestro» a la ejecución de una orden de aprehensión debidamente documentada por peculado agravado —nada más y nada menos que por el presunto desvío de 98 millones de pesos de los chihuahuenses— es llevar el descaro a niveles estratosféricos.
El gran orador, el pésimo abogado: Corral es buenísimo para el micrófono, para el drama y para la pose de mártir perseguido, pero su razonamiento jurídico da ternura, destaco De la Peña Grajeda.
El rescate VIP: Al señor se le olvida que no lo rescataron de unos maleantes; lo rescató el influyentismo y el manto protector del gobierno de la Ciudad de México para evitar que encarara a la justicia de Chihuahua.
El escudo del fuero: Ahora acusa a la gobernadora mientras él se esconde cobardemente detrás de su fuero constitucional.
Dice el Secretario General de Gobierno que el personaje de Corral ya se convirtió en un chiste que se cuenta solo en Chihuahua. Y tiene toda la razón. Lo único verdaderamente rescatable, lo único rescatable de los oscuros cinco años de su administración, es que afortunadamente el sexenio de Javier Corral solo duró cinco.
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Hasta donde tope: la rebelión norteña sacude las puertas de la FGR
Y mientras tanto, ayer miércoles fuimos testigos de uno de esos momentos. María Eugenia Campos Galván, gobernadora de Chihuahua, no fue a la Ciudad de México a firmar papeles ni a pedir audiencias con el sombrero en la mano; fue a plantar bandera, a romper la vajilla y a dejarle claro al oficialismo que en el norte la piel es dura.
A las puertas de la mismísima Fiscalía General de la República (FGR), ahí donde el régimen suele citar a sus adversarios para ablandarlos, Maru Campos soltó un bombazo que todavía tiene a más de uno buscando los pedazos en los pasillos de la Cuarta Transformación: “Vamos a dar la batalla hasta donde tope… y chin chin el que se raje, cabrones”.
Fin del comunicado. Adiós a la diplomacia de oficina.
La trampa del «testigo» y el espejo de Sinaloa
La puesta en escena de la FGR era predecible: un citatorio oficial bajo la pulcra etiqueta de «testigo». Sin embargo, en el ajedrez político actual, todos sabemos que en el diccionario federal «testigo» suele ser el sinónimo elegante de «te estamos armando el expediente para quitarte el fuero».
Campos no se tragó el anzuelo. Rodeada del PAN nacional y con la mirada clavada en las cámaras, denunció la simulación de un régimen que, según sus palabras, está «muerto de miedo» y acorralado por sus propias complicidades.
Y aquí es donde la gobernadora metió el dedo directo en la llaga más purulenta del oficialismo. Sin rodeos, comparó la implacable velocidad con la que la FGR la busca a ella, con la maravillosa impunidad de la que gozan los consentidos de la corona:
“A los funcionarios de Sinaloa acusados de nexos con el narcotráfico por autoridades extranjeras que piden su extradición les dan impunidad absoluta… Hoy a mí me citan tramposamente para declarar, mientras a quienes tienen órdenes de aprehensión en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico los invitan a tener entrevistas amigables”.
El golpe fue certero y con dedicatoria implícita para Rubén Rocha Moya y la comitiva sinaloense. La narrativa es demoledora por simple: el gobierno federal abraza a los delincuentes, ofrece cafés cordiales a los sospechosos con lazos criminales y, en cambio, utiliza todo el aparato del Estado para perseguir a la oposición. Intentan empatar los cartones de la vergüenza, pero el lodo les llega ya a las rodillas.
De Chihuahua para la nación: el frente de resistencia
Lo interesante del episodio es que Maru Campos utilizó el banquillo de la FGR como un trampolín nacional. Dejó de litigar su caso particular para convertirse en la voz de un descontento generalizado. Recordó a los niños con cáncer sin medicamentos, a los maestros golpeados y a las madres buscadoras ignoradas por el Ejecutivo.
“Hoy soy yo… mañana pueden ser ustedes”, advirtió, transformando su citatorio en una suerte de profecía autoritaria para cualquiera que ose levantar la voz ante el absolutismo guinda.
¿Qué sigue en el tablero?
Con este choque frontal, Chihuahua entra en una zona de guerra política abierta con la Federación. La gobernadora ya midió el agua a los camotes y decidió que la mejor defensa es un ataque de caballería. No se va a esconder, no va a negociar en lo oscurito y, sobre todo, no va a permitir que la procesen en silencio.
La moneda está en el aire. El régimen de Morena ha demostrado que no le teme a violar la Constitución «sin rubor alguno», pero en Chihuahua se han topado con una pared que no se va a agrietar fácilmente. Por lo pronto, la advertencia quedó grabada en piedra en la explanada de la FGR. La gobernadora ya lanzó el reto y avisó que va por todas las canicas.
Y el que se raje… ya sabe lo que le toca.