Andy se baja… para subirse: el heredero de Morena deja la oficina y apunta a San Lázaro

Con la solemnidad de quien anuncia un sacrificio histórico —aunque en realidad cambia de escritorio— Andy Manuel López Beltrán presentó su renuncia a la Secretaría de Organización de Morena para buscar una diputación federal por el VI Distrito de Tabasco, en una decisión que, según su propia narrativa, no responde a ambición política sino a un llamado casi místico de “volver al territorio”.

El hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador dejó su cargo en el Comité Ejecutivo Nacional de Morena y su asiento en la Comisión Nacional de Elecciones, no sin antes despedirse con una carta cargada de cifras monumentales, elogios sin pudor y esa retórica épica que en Morena suele convertir cualquier movimiento interno en una hazaña de dimensiones históricas.

Porque, según el balance presentado por Andy, en apenas un año y siete meses logró afiliar a 10 millones de nuevos militantes, credencializar a casi 7 millones, instalar comités seccionales en prácticamente todo el país y convertir a Morena —nada menos— en “la organización política más grande en la historia de México y una de las más grandes del mundo”. Una modestia que, evidentemente, brilla por su ausencia.

El ahora exsecretario de Organización explicó que deja el cargo en “congruencia” con los acuerdos internos del partido, ya que buscará ser diputado federal por el distrito tabasqueño que comprende Centro, Jalapa, Tacotalpa y Teapa. Es decir, el heredero político deja la oficina central para regresar a la cuna del obradorismo, donde el apellido pesa más que cualquier estructura partidista.

En su despedida, López Beltrán no perdió oportunidad de refrendar su “disciplina y lealtad” a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien calificó —sin rubor alguno— como “la mejor Presidenta de México y el mundo”, una frase que parece competir más en el terreno de la devoción partidista que en el de la política seria.

También aprovechó para recordar que “el pueblo es nuestro guía, fuerza y razón de ser”, en una carta que mezcla balance administrativo, declaración de amor político y una candidatura que, aunque todavía se envuelve en el lenguaje de los tiempos legales, parece estar más que cantada.

Así, Andy López Beltrán deja Morena… pero no demasiado. Renuncia al cargo para buscar otro, presume una estructura partidista casi planetaria y se lanza a la boleta con el discurso de siempre: volver a los orígenes, escuchar al pueblo y seguir transformando al país.

Porque en la política mexicana, a veces la renuncia no es una despedida. Es apenas el siguiente escalón.

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