Unos gritan, otros construyen alianzas; Maru cambia el tablero; Santiago gana terreno: las señales rumbo al 2027

Por HORUS La Columna

 

En medio del ruido político nacional, de las acusaciones cruzadas, las narrativas de “narcosoberanía” y las disputas partidistas que tienen al país atrapado entre la polarización y el desgaste, la gobernadora María Eugenia Campos Galván decidió mandar otro tipo de mensaje desde Aguascalientes: el de la política de alianzas, relaciones internacionales y construcción de agenda común.

Y no fue un encuentro menor.

La fotografía reunió a perfiles políticos que hoy representan uno de los bloques más visibles de oposición y gobernanza subnacional del país: Tere Jiménez, Libia Dennise García Muñoz Ledo, Mauricio Kuri y nada menos que a Isabel Díaz Ayuso, una de las figuras más mediáticas y polémicas de la política española contemporánea. 

Y ahí estaba Maru, no como espectadora, sino como parte de un grupo de gobernadores que buscan construir una narrativa distinta a la centralización política impulsada desde Palacio Nacional. Porque aunque oficialmente el encuentro giró en torno a cultura, turismo y deporte, sería ingenuo pensar que la conversación se limitó únicamente a promoción turística y actividades recreativas.

La política nunca funciona así, lo interesante es el momento en que ocurre. Mientras Morena y sus operadores nacionales intentan colocar a Chihuahua en el centro de una narrativa de crisis, confrontación y sospecha, Maru Campos aparece en un escenario internacional hablando de cooperación, desarrollo social y fortalecimiento comunitario. Es decir: cambia el tablero.

Y no es casual, en política, las imágenes importan. Y la imagen de Maru junto a Díaz Ayuso también manda señales hacia ciertos sectores empresariales, conservadores y de clase media que ven en la presidenta madrileña un símbolo de confrontación frontal contra la izquierda populista. Hay afinidades ideológicas evidentes, pero también una estrategia de posicionamiento.

Además, el tema del deporte como herramienta de reconstrucción social tampoco es improvisado. En Chihuahua saben que la crisis de seguridad no se combate únicamente con patrullas y operativos; también requiere tejido social, espacios públicos y oportunidades para jóvenes. Por eso el discurso de “entornos sanos” y convivencia comunitaria empieza a convertirse en parte importante del lenguaje político estatal.

Claro, detrás de todo también hay lectura rumbo al 2027.

Porque mientras algunos actores locales siguen atrapados en la grilla doméstica, Maru continúa construyendo relaciones nacionales e internacionales que fortalecen no solo su figura, sino también la del grupo político que representa. Y eso, en tiempos donde la política mexicana se define cada vez más por bloques y alianzas, tiene peso específico.

Al final, el encuentro en Aguascalientes deja algo claro: la gobernadora chihuahuense entendió que en política no basta con resistir ataques; también hay que proyectar liderazgo, interlocución y capacidad de sentarse en mesas donde se discuten agendas más amplias que la coyuntura local.


El Congreso de Chihuahua dejó de ser esta semana un recinto legislativo para convertirse, por momentos, en algo más parecido a una arena de lucha libre política con tintes de mitin, tribunal popular y terapia colectiva de frustraciones partidistas.

De un lado, los diputados de Morena desplegando lonas como si estuvieran en plantón permanente frente a Palacio Nacional. Del otro, panistas y asistentes respondiendo al grito de “morenarcos”, “Fuera Morena” y “narcogobierno”, mientras el pleno parecía debatirse entre legislar o abrir oficialmente una sucursal del circo romano.

Y todo por el famoso narcolaboratorio de El Pinal.

Ese que algunos personajes de la 4T juraban que prácticamente era un terreno baldío con dos tambos abandonados… hasta que la propia Fiscalía General de la República terminó confirmando toneladas de químicos, reactores, metanfetamina y toda una pequeña industria farmacéutica del crimen organizado instalada en plena sierra chihuahuense.

Pero claro, una vez que la realidad arruinó la narrativa, Morena tuvo que cambiar de estrategia: del “ahí no había nada” al “queremos explicaciones”.

Y entonces aparecieron las lonas.

Porque si algo domina perfectamente la política mexicana moderna es el arte del performance legislativo. Ya no basta con debatir; ahora hay que montar escenografía. Diputados sosteniendo mantas, consignas cuidadosamente calculadas y la inevitable frase de ocasión: “licencia es congruencia”, dirigida a María Eugenia Campos Galván.

La escena habría sido impecable… de no ser porque del otro lado comenzaron a retumbar los gritos de “morenarcos”.

Y ahí el discurso se les descompuso.

Porque Morena insiste en querer instalar la idea de que Chihuahua vive una especie de conspiración internacional encabezada por agentes extranjeros, mientras simultáneamente carga el peso político de gobernadores señalados, investigaciones federales, vínculos incómodos y una percepción nacional cada vez más deteriorada sobre su relación con el crimen organizado.

El problema es que la narrativa de soberanía se vuelve difícil de sostener cuando media clase política morenista cruza todos los fines de semana a El Paso para hacer shopping, tramitar visas o mandar a estudiar a sus hijos a Estados Unidos mientras en tribuna descubren súbitamente el nacionalismo revolucionario.

Y entonces el Congreso se convirtió en espejo perfecto del México actual: todos gritando “narco” contra todos.

Los morenistas exigiendo explicaciones sobre agentes extranjeros. Los panistas respondiendo con Rocha Moya, Adán Augusto y el “narcogobierno”. Ciudadanos coreando consignas como si estuvieran en estadio de futbol y diputados utilizando el pleno como set de TikTok político.

Eso sí, entre el ruido, hubo un detalle que Morena seguramente no calculó bien: la FGR ya confirmó que sí existía el narcolaboratorio y que sí había dimensiones industriales en el operativo de El Pinal. Es decir, el debate dejó de ser si existía o no; ahora el problema es quién queda políticamente atrapado por lo que ahí ocurrió.

Porque las preguntas incómodas ya no son exclusivas para el Estado.

También empiezan a alcanzar a la Federación.

¿Quién sabía? ¿Quién autorizó? ¿Quién coordinó? ¿Quién dejó operar durante tanto tiempo semejante infraestructura criminal? Y peor aún: ¿por qué algunos intentaron minimizarlo durante días?

Mientras tanto, en el Congreso local, el espectáculo sigue.

Lonas, consignas, rechiflas y diputados jugando a la resistencia patriótica en un país donde el crimen organizado controla carreteras, extorsiona productores y desplaza comunidades enteras mientras la clase política compite por ver quién grita más fuerte “traición a la patria”.

Lo verdaderamente irónico es que, entre tanto grito de “morenarcos” y “licencia es congruencia”, quizá nadie notó el dato más preocupante de todos: el narcotráfico ya logró algo que parecía imposible.

Convertir la política mexicana en un concurso permanente de acusaciones donde todos señalan… y nadie queda limpio.


 

Y mientras unos siguen peleando en la tribuna, otros ya están construyendo relaciones de largo plazo y el empresariado ya empezó a observar

En política, los símbolos pesan. A veces más que los discursos, más que los boletines y, en no pocas ocasiones, más que las propias estructuras partidistas. Por eso la reunión encabezada por Santiago de la Peña la noche de ayer en Lago Di Como no fue simplemente otro encuentro social con empresarios. Fue un termómetro político. Y de los que dejan huella.

Más de 600 empresarios y representantes de familias de peso económico en Chihuahua acudieron a la convivencia. No era cualquier mesa ni cualquier fotografía. Era el tipo de reunión donde se mide quién tiene interlocución real, quién genera confianza y, sobre todo, quién logra conectar fuera del discurso oficial.

Porque una cosa es llenar un salón con funcionarios obligados a asistir y otra muy distinta convocar a quienes normalmente no regalan su tiempo ni su respaldo político. Ahí es donde empieza la lectura fina.

Y Santiago llegó cómodo. Relajado. Cercano. Pero sobre todo acompañado de su esposa, un detalle aparentemente menor que terminó convirtiéndose en uno de los comentarios más repetidos de la noche. En un ambiente donde abundan los políticos de pose, el secretario proyectó una imagen distinta: la del hombre familiar, accesible y sin estridencias.

No faltaron quienes, entre mesa y mesa, comenzaron a soltar esa frase que terminó flotando en el ambiente como mensaje político disfrazado de comentario casual: “quien no le falla a su familia, no le falla a nadie”.

En cualquier otro momento habría parecido una frase más. Pero en la Chihuahua de hoy, donde la clase política carga un desgaste severo y la desconfianza pública crece, ese tipo de símbolos adquieren otro valor. Particularmente cuando empiezan a surgir nombres rumbo al 2027.

Porque aunque oficialmente nadie está en campaña —al menos no todavía—, lo cierto es que los grupos económicos, políticos y sociales ya comenzaron a medir perfiles. Y en esa evaluación silenciosa, Santiago de la Peña empieza a colocarse como una figura que genera algo cada vez más escaso en la política mexicana: percepción de estabilidad.

No es casualidad. Mientras otros actores se desgastan en confrontaciones, grillas internas o estridencias mediáticas, De la Peña ha optado por construir una imagen de operador serio, institucional y con capacidad de diálogo. Un perfil que suele crecer cuando los escenarios se polarizan.

Y en el empresariado local eso cuenta. Mucho.

Porque los empresarios chihuahuenses podrán tener diferencias entre ellos, pero hay algo que valoran profundamente: certidumbre. Y anoche, más allá del menú o los saludos protocolarios, el mensaje que varios parecieron leer fue precisamente ese.

Falta mucho rumbo al 2027. Demasiado. Pero en política los posicionamientos reales empiezan mucho antes de que aparezcan las campañas. Empiezan en las mesas privadas, en las conversaciones de pasillo y en reuniones como la de anoche, donde los asistentes no solo escuchan: observan.

Y anoche, varios observaron a Santiago de la Peña como algo más que secretario General de Gobierno.

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