
Por HORUS la Columna
¡Vaya semana para la diplomacia de «abrazos y no balazos» (o de «pausas» y berrinches)! Resulta que mientras en Palacio Nacional se desviven redactando notas diplomáticas con aroma a indignación soberana, en las llanuras de Chihuahua los agentes de la CIA se sentían más cómodos que en un Starbucks de Langley.
1. El «AirBnB» de la Inteligencia
Gracias a fuentes estadounidenses —porque aquí la transparencia es un mito prehispánico— nos enteramos de que una decena de agentes gringos operaban en territorio nacional como si fuera su patio trasero. Desde la oficina en Monterrey hasta el EPIC en El Paso, Texas, autorizaban y monitoreaban incursiones sin avisar al Gobierno Federal.
¿La razón? «Falta de confianza». ¡Qué detalle! Los vecinos del norte decidieron que era más fácil pedir perdón (o mejor, no pedir nada) que pedir permiso. Lo más tierno del asunto es que la SEDENA, siempre tan institucional ella, dice que «nomás estaba mirando». Se deslindan de la CIA alegando que solo daban «seguridad perimetral». Traducción: los gringos hacían el trabajo sucio, las investigaciones y la estrategia, mientras nuestros soldados cuidaban que no se metiera ningún espontáneo al set de filmación del narcolaboratorio.

2. Tragedia, Empatía y el «Tío Donald»
La muerte de los agentes Richard Leiter Johnston II y John Dudley Black (un «médico táctico» que terminó su turno de la peor manera) ha desatado la furia del rubio de la Casa Blanca. Donald Trump, fiel a su estilo de diplomacia por megáfono, ya sentenció que «México está perdido» y que somos dependientes de ellos.
Y para rematar, su portavoz Karoline Leavitt le pide a la Presidenta Sheinbaum «un poquito de empatía». ¡Vaya audacia! Nos invaden las fronteras operativamente, no avisan por «corruptos» y todavía quieren que les mandemos flores y una tarjeta de agradecimiento. Mientras tanto, en las plataformas de apuestas como Polymarket, las probabilidades de una incursión militar formal ya rozan el 50%.!

3. El Juego de las Sillas (y de los Parientes)
En medio de este caos, la Presidenta decidió que Esteban Moctezuma ya había disfrutado suficiente del Potomac y lo manda de regreso, poniendo en su lugar a Roberto Lazzeri. Un técnico del CIDE, sin estudios en el extranjero y sin perfil político. ¿La estrategia? Probablemente dejarle todo el paquete de la negociación a Marcelo Ebrard, a quien Sheinbaum ya le puso la espada de Damocles encima sugiriendo una investigación por los «vuelos de lujo» de su hijo en Londres. Nada como un poquito de chantaje interno para mantener al negociador alineado, ¿verdad?

4. El «Contralmirante» Huachicolero
Y para cerrar con broche de oro este guion de serie de espionaje barata, Omar García Harfuch nos presume la captura en Argentina de Fernando Farías, alias el «Sobrino Real» (o algo así), acusado de liderar la red de «Los Primos» en la Marina.
Resulta que el hombre que debía cuidar nuestros mares estaba, presuntamente, más ocupado coordinando el desembarco de 30 buques de huachicol fiscal en Manzanillo y Altamira. ¡Qué eficiencia! Mientras la CIA desmantela laboratorios en el norte, nuestras propias autoridades desmantelan la ética en los puertos.
En resumen:
• La CIA: Opera sin avisar porque no confía.
• La SEDENA: Vigila el perímetro (de lejos, para no ensuciarse).
• Trump: Nos da por perdidos.
• Palacio Nacional: Cambia embajadores y amenaza con auditorías familiares.
Al final, parece que el único «enroque» que funciona es el de la realidad superando a la ficción. ¡Buen provecho, señora Presidenta, la nota diplomática ya está servida!