Por HORUS La Columna

Algo no cuadra en Morena. O más bien, todo se está moviendo demasiado rápido como para que alguien pretenda vender estabilidad. La inminente salida de Luisa María Alcalde Luján hacia el gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no es un simple ajuste: es una sacudida que deja al partido —otra vez— en estado de reconfiguración.
El pretexto es técnico: la Consejería Jurídica quedó vacante tras la renuncia de su titular para competir por Guerrero. La realidad es política: Morena sigue parchando fugas internas con movimientos de último minuto.
Y claro, si Alcalde se va, alguien tiene que llegar. El nombre que flota —y cada vez pesa más— es el de Ariadna Montiel Reyes. Pero ahí aparece el primer problema serio: Bienestar no es cualquier oficina, es la columna vertebral electoral del obradorismo. No se puede dejar vacía sin generar otro boquete.
Entonces entra en escena Citlalli Hernández Mora, quien casualmente dejó la Secretaría de las Mujeres para “dedicarse al partido”. Casualidad, claro. En política las casualidades suelen tener firma.
El resultado es un juego de sillas donde nadie suelta el poder, solo lo redistribuye. Pero en ese reacomodo hay damnificados.

El proyecto de Andrea Chávez Treviño empieza a tambalearse. Y no solo por la grilla interna: la situación legal de su suplente, Nora Yu, complica cualquier intento de pedir licencia sin perder control político. La ley no es opcional, aunque en Morena a veces lo parezca.

En contraste, quien sonríe —y con razón— es Cruz Pérez Cuéllar, que ve cómo el tablero se acomoda para recibir, eventualmente, el clásico dedazo. Y en la misma lógica, la delegada del Bienestar, Mayra Chávez Jiménez, se posiciona como carta fuerte en Ciudad Juárez. Porque en Morena, el poder territorial no se construye con discurso: se administra.
Y hablando de discurso, vámonos al terreno donde la narrativa ya se rompió: la seguridad.

El caso de los agentes estadounidenses muertos en la sierra entre Morelos y Guachochi abrió una caja de Pandora que nadie ha logrado cerrar. Versiones van, versiones vienen, pero lo cierto es que el fiscal César Jáuregui Moreno fue claro… y luego tuvo que matizar. Que si no participaban, que si solo iban de paso, que si pidieron “rait”. Una narrativa que se desmorona sola.
Porque en la sierra no se pide aventón. Y menos en una zona donde el control territorial lo disputan grupos armados.
El punto es que la tragedia —cuatro muertos— fue rápidamente reciclada en el debate político. Morena encontró en el tema un filón: acusar a la gobernadora María Eugenia Campos Galván de permitir injerencia extranjera. Aunque, curiosamente, el propio Omar García Harfuch ya salió a enfriar el tema: sí hay colaboración con agencias como la Central Intelligence Agency, pero no operan en campo.
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Soberanía vulnerada o cooperación institucional?
Porque mientras el Senado juega a citar —sin facultades reales— a la gobernadora, como bien apuntó Luis Donaldo Colosio Riojas, los que deberían explicar la relación con agencias extranjeras son otros: Relaciones Exteriores, la Defensa… y la propia Presidencia.
Pero en política siempre es más fácil construir culpables que asumir responsabilidades.
Y en medio de ese ruido, lo verdaderamente importante quedó relegado: el desmantelamiento del mayor narcolaboratorio de metanfetaminas del país. Una instalación industrial, con capacidad de hasta 2.8 toneladas, que representaba casi mil millones de pesos para el crimen organizado. Eso sí es un golpe estructural. Pero vende menos que el escándalo.

Mientras tanto, la realidad en el terreno es otra. Basta ver lo ocurrido en Ojinaga. Balaceras, bloqueos, vehículos incendiados y un audio desesperado del jefe policial pidiendo refuerzos. Esa es la verdadera cara del problema.
Un corredor —de Aldama a Ojinaga— disputado por “La Línea”, los Cabrera y el Cártel de Sinaloa. Tres fuerzas, un territorio… y un Estado que llega después.
Así que mientras Morena reacomoda fichas y redefine lealtades, Chihuahua sigue atrapado entre la narrativa política y la violencia real.
Y en ese choque, como siempre, la política va adelante… y la realidad termina alcanzándola.