Chihuahua, Chihuahua – En un acto de profunda “reparación histórica” que dejará boquiabiertos a más de un padre de familia, la Secretaría de Educación del estado ordenó cambiar el nombre de la Escuela Primaria “Gustavo Díaz Ordaz” (CCT 08EPR0125W), ubicada en la calle Manuel Gómez Morín s/n, colonia Santo Niño, por el de Salomón Gaytán Aguirre.
La instrucción, enviada de manera perentoria a las autoridades de la zona escolar, exige que el cambio se realice “a la brevedad posible”, incluyendo el letrero físico del plantel, y que se informe del cumplimiento. Todo ello sustentado en la Recomendación 98VG/2023 de la CNDH y las labores de la Comisión para el Acceso a la Verdad, que buscan sustituir los nombres de exfuncionarios “responsables de violaciones graves a los derechos humanos” por los de “víctimas”, como acto de dignificación.
Así, el expresidente Gustavo Díaz Ordaz —recordado principalmente por ordenar la matanza de estudiantes en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968— pierde una escuela primaria en Chihuahua. En su lugar entra Salomón Gaytán Aguirre, dirigente campesino, fundador en 1964 del Grupo Popular Guerrillero en la sierra de Chihuahua y participante en el asalto al cuartel militar de Ciudad Madera el 23 de septiembre de 1965, donde murió durante el enfrentamiento con el Ejército.
Según la versión oficial del oficio, Gaytán fue “víctima de ejecución extrajudicial”. La historia, un poco más compleja, registra que él y un grupo de guerrilleros armados atacaron un cuartel militar en plena noche, en un acto que pretendía iniciar la lucha armada en el norte del país. Murieron varios de los asaltantes, entre ellos Gaytán y su sobrino Antonio Scobell. Acciones previas del grupo incluían robos de armas, sabotajes y “ajusticiamientos” de civiles acusados de colaborar con terratenientes.
El razonamiento de las autoridades es impecable en su lógica actual: como Díaz Ordaz es considerado responsable de graves violaciones a los derechos humanos, su nombre debe borrarse de las escuelas. Y como Gaytán murió en un enfrentamiento con el Estado mientras formaba parte de un grupo insurgente que buscaba derrocarlo por la vía armada, ahora es “víctima” digna de dar nombre a niños de primaria.
Uno se pregunta qué pensarán los niños de primer grado cuando les expliquen que su escuela ya no se llama como un expresidente de México, sino como un fundador de un grupo guerrillero que asaltó un cuartel del Ejército mexicano. ¿Se convertirá en materia de civismo? ¿Habrá una nueva clase de “Formación para la Memoria Histórica” donde se explique que atacar cuarteles es heroico, pero reprimir manifestaciones es imperdonable? ¿O simplemente cambiarán el letrero, pintarán las paredes y asunto resuelto?
La medida forma parte de una ola nacional de “renombramientos” impulsada por la actual narrativa oficial, que parece consistir en blanquear a unos violentos y demonizar a otros según el bando que más convenga en 2026. Mientras tanto, en Chihuahua —donde el transporte público Bowí y Juárez Bus acaban de recibir certificación internacional AENOR como los mejores de México—, las prioridades educativas parecen inclinarse más por la resignificación ideológica que por mejorar realmente la calidad de la enseñanza.
Al final, el cambio se hará “a la brevedad”. Los padres de familia de la colonia Santo Niño tendrán que explicar a sus hijos por qué su escuela ya no honra a un presidente constitucional —por más controvertido que sea— y ahora lleva el nombre de un guerrillero rural muerto en combate.
La historia, como siempre, la escriben los que mandan. Y los letreros de las escuelas, al parecer, se cambian con la misma facilidad con que se reescribe el pasado. Bienvenidos a la nueva memoria histórica chihuahuense: donde un asalto a un cuartel se convierte en acto de dignificación y un presidente incómodo desaparece del mapa educativo con un simple oficio.
Que no falte el acto cívico inaugural con pancartas y todo. Los niños, mientras tanto, seguirán yendo a la misma escuela de siempre… solo que con nombre nuevo y una historia un poco más conveniente.