Informes, y contrainformes y la batalla por el 2027

Informe y contrainforme

“Contrainforme” de la senadora: espejo, espejito…

En política, cuando no se tienen responsabilidades ejecutivas, la tentación de pontificar desde la grada suele ser irresistible. Y eso fue exactamente lo que ocurrió con el “contrainforme” convocado por la senadora Andrea Chávez Treviño, quien decidió montar su propio acto paralelo para explicar por qué —según su versión— Chihuahua vive poco menos que en estado de sitio.

El formato no fue novedoso: micrófono en mano, cifras lanzadas al aire y una narrativa cuidadosamente hilada para reforzar el libreto nacional. La receta es conocida. Si algo funciona en Palacio, ¿por qué no replicarlo en la entidad?

La senadora habló de deuda pública, de impuestos, de inseguridad, de la Sierra abandonada y de un estado supuestamente en ruinas. El problema no es el derecho a criticar —que lo tiene— sino la selectividad quirúrgica de su memoria. Porque cuando el reflector apunta a la Federación, la severidad se convierte en indulgencia.

Resulta llamativo que se cuestione el endeudamiento estatal mientras se omite el crecimiento sostenido de los compromisos financieros federales. O que se condene el Impuesto Sobre Nómina sin explicar con qué recursos se sustituiría esa recaudación si, como suele prometer su partido, todo debe ser más barato, más eficiente y, de paso, más popular.

El guion incluyó también la crítica a la estrategia de seguridad estatal, como si la violencia en Chihuahua fuera un fenómeno encapsulado que no dialoga con la dinámica nacional. Curioso enfoque para una legisladora que forma parte de la mayoría en el Senado y que, en teoría, tiene herramientas para incidir en la política pública federal en materia de seguridad.

En el terreno social, la narrativa fue igualmente predecible: los programas federales como bálsamo universal y la administración estatal como obstáculo estructural. El contraste es cómodo. El aplauso es fácil. La responsabilidad, en cambio, es selectiva.

La puesta en escena tuvo además un claro aroma preelectoral. Más que un ejercicio de rendición de cuentas alternativo, pareció un acto de posicionamiento personal rumbo a 2027. Porque en política nada es casual, y menos cuando se convoca a militantes de distintos municipios para escuchar un diagnóstico que, más que técnico, fue estratégico.

El riesgo de estos ejercicios es que, en su afán por descalificar todo lo que huela a oposición, terminan simplificando problemas complejos y polarizando aún más el debate público. Chihuahua enfrenta retos reales: deuda, sequía, violencia, desigualdad. Convertirlos en munición discursiva puede ser rentable en el corto plazo, pero no necesariamente útil para resolverlos.

El “contrainforme” dejó claro algo: la senadora quiere ser protagonista del debate estatal. Está en su derecho. Lo que queda pendiente es si ese protagonismo vendrá acompañado de propuestas concretas, viables y financieramente responsables, o si seguirá orbitando alrededor de la consigna.

Porque una cosa es criticar desde el templete, y otra muy distinta es gobernar. Y en esa diferencia, por ahora, cabe todo un informe.

El tigre, el león y el Estado que “no se entrega”

Por el otro lado, la gobernadora María Eugenia Campos Galván no se quedó corta en simbolismo. En su Cuarto Informe lanzó una frase diseñada para la coyuntura: “el Estado no se entrega”. Una declaración que, más que administrativa, fue política. Cuando se le preguntó a quién iba dirigida, respondió sin titubeos: “para todos”.

Para todos los que dicen que Chihuahua va mal. Para todos los que auguran que “va a entrar un partido nuevo”. Para todos los que insisten en que el rumbo es equivocado. Es decir, para la oposición… aunque no se le mencione por nombre.

La mandataria apeló además al termómetro más subjetivo pero más rentable: los aplausos. Dijo que le impresionó la actitud positiva en el Centro de Convenciones y que, probablemente, fue el informe “con más ánimo”. Traducción política: si hubo ovación, hay respaldo.

Y ahí está el contraste. Mientras la senadora construye la imagen de un estado en ruinas, la gobernadora presume entusiasmo, resultados y optimismo. Una habla de colapso; la otra, de aplausos. Una advierte deuda y abandono; la otra reivindica obra y continuidad.

Lo interesante no es quién grita más fuerte, sino quién logra apropiarse del relato colectivo, pero con propuestas sustentadas financieramente, no solo dichos y promesas al aire que, para terminar pronto, han abusado los morenistas y al no tener un sustento financiero legal, tienen a buscar en otros horizontes no necesariamente tan en orden, por no decir ilegales.

En medio de esta disputa narrativa, un serio periodista me lanzó una pregunta: “¿Realmente Morena quiere gobernar Chihuahua? Tal vez se estarían sacando la rifa del tigre… y ya sabemos que el león no es como lo pintan”.

La analogía no es menor. Gobernar Chihuahua no es administrar una consigna; es lidiar con sequía estructural, violencia compleja, presión presupuestal y una economía fronteriza que depende de factores nacionales e internacionales. No es lo mismo criticar la deuda que reestructurarla. No es lo mismo cuestionar la estrategia de seguridad que asumir el costo político de cada cifra mensual.

Deja un comentario

Descubre más desde Al Instante Chihuahua.com

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo