Por HORUS La Columna
Hay ciudades donde la justicia tarda, pero llega. Y luego está Ciudad Juárez, donde la justicia no siempre llega, pero los balazos sí. Puntuales, eficaces y, por lo visto, bastante confundidos.
La escena de esta semana parece sacada de una película de los hermanos Almada, pero sin guion, sin director y con presupuesto municipal. A plena luz del día —10:20 de la mañana, para ser exactos— una camioneta Chevrolet S-10 color gris, con placas XN-1480-B, terminó con dos impactos de bala en la puerta trasera izquierda. ¿El motivo? Haber tenido la mala fortuna de parecerse a otra camioneta.

Según los primeros reportes, un escolta personal, del dueño del camión, decidió que los ocupantes de la unidad eran los responsables del robo de un
tráiler bajo su resguardo. Y como en Juárez la presunción de inocencia parece opcional, procedió a rafaguearlos. Sin mediar palabra, sin pedir identificación y, al parecer, sin revisar dos veces.
La unidad baleada quedó varada en el kilómetro 20, en el cruce de Independencia y Tecnológico. El tráiler robado apareció abandonado en otro punto cercano. Es decir, los verdaderos responsables estaban en otro lado, pero eso es un detalle técnico cuando se tiene una pistola y una sospecha.

La historia, como buena producción fronteriza, tuvo giro dramático. Tras la detención inicial del supuesto escolta, la investigación posterior reveló que quien realmente disparó fue el propio dueño del camión, concesionario del Grupo Ave, identificado como Emanuel Abysaed Corral Mendoza, de 43 años, quien, al ubicar una troca “similar” cerca de la glorieta del kilómetro 20, decidió aplicar justicia exprés.

Confusión, dicen. Error humano, quizá. Lo que no es error es el patrón: no es la primera vez que este personaje se ve involucrado en hechos donde hay disparos de por medio. Las autoridades confirmaron que es la segunda ocasión en que protagoniza un episodio similar. Y como si el currículum necesitara una línea adicional, en el año 2000 fue detenido cruzando droga hacia Estados Unidos.
Pero tranquilos. Todo bajo control. Las autoridades municipales lo detuvieron —eso sí— y el vehículo fue asegurado y entregado a la Fiscalía General del Estado. La Secretaría de Seguridad Pública Municipal prometió ampliar la información en próximas horas, vía su área de comunicación social, ese departamento que siempre llega después de los disparos.
Mientras tanto, los ciudadanos de a pie —los que no traen escolta ni confunden vehículos— hacen un llamado a los partidos políticos para que tengan cuidado con este personaje, al que califican como una “sanguijuela” con aspiraciones recurrentes. Porque en Juárez no solo se disparan balas: también se disparan carreras políticas, aunque el historial pese más que el arma.

Lo verdaderamente preocupante no es la confusión entre camionetas. Es la normalización de que cualquiera con arma y apellido conocido pueda decidir, en segundos, quién vive el susto de su vida y quién paga los vidrios rotos. En una ciudad donde la presencia de grupos armados es tan evidente como la relajación de la autoridad, algunos supuestos escoltas parecen sentirse investidos de una licencia para disparar primero y explicar después.
Juárez, esa frontera donde el western nunca terminó de filmarse. Aquí no se escuchan silbatos de árbitro, sino detonaciones. Y mientras las autoridades municipales afinan comunicados, los ciudadanos siguen afinando la suerte: que hoy no les toque parecerse a nadie.