Por HORUS La Columna
Dicen que en la política mexicana no hay tragedia que no sirva de trampolín, ni cadáver —laboral, en este caso— que no sirva de escalón. Y es que el reciente cierre de las plantas de First Brands Group en Ciudad Juárez desnudó dos realidades: la de quienes se arremangan la camisa para resolver y la de quienes, como buitres de escritorio, solo vuelan en círculos esperando sacar raja política del dolor ajeno.

Mientras la Secretaría del Trabajo del Gobierno de Chihuahua hace lo que —sorpresa— le toca hacer a la federación (instalar módulos in situ, asesorar a más de 1,300 trabajadores y, lo más importante, conseguirles chamba a 337 de golpe y ofertar 1,200 vacantes más), hubo quien prefirió invertir su tiempo en gárgaras de protagonismo.

Resulta tragicómico escuchar a la diputada morenista Jael Argüelles Díaz rasgarse las vestiduras y gritar «¡Abandono!». Diputada, con todo respeto (o con el que quede), abandono es no estar. Y aquí la autoridad estatal no solo estuvo, sino que operó: conectó con la Federación, tocó base con la Embajada de EE. UU. y entregó 1,133 constancias para que la defensa legal fuera una realidad y no un sueño guajiro.
Pero claro, para la legisladora es más fácil vender humo y convertir la incertidumbre de las familias en un spot de precampaña. La defensa laboral, diputada, se hace con expedientes, con vinculación empresarial y con estrategia jurídica, no con discursos incendiarios ni lágrimas de cocodrilo ante el micrófono.
Lo que vimos fue un clásico caso de oportunismo de manual: mientras unos construían puentes de empleo y legalidad, otros intentaban dinamitarlos con tal de que el ruido mediático los favoreciera.
La lección es clara: Si no van a ayudar a cargar la caja, por lo menos no estorben en la mudanza. Lo demás, es pura y vulgar grilla barata.