
Por: HORUS La Columna
¡Paren todo! Que la senadora Andrea Chávez ha salido a regalarnos una dosis de esa «convicción» que solo el poder absoluto puede comprar. Con esa sonrisa que parece ensayada frente a un espejo de Palacio, nos anuncia que el «compañero» Adán Augusto López dejará de jugar a los dados en el Senado para concentrarse en lo que mejor sabe hacer: la «operación electoral» de cara al 2027.
Qué ternura da leer que buscan evitar que el «PRIAN» regrese, cuando tienen operando a personajes que harían palidecer al mismísimo Negro Durazo. Dice la senadora que Adán se va a «avanzar territorialmente» en las gubernaturas. Lo que se le olvidó mencionar en su boletín lleno de «alegrías y victorias» es que el nombre de su guía moral y político ha estado más vinculado a las crónicas policiales que a las parlamentarias últimamente.
Es curioso que hablen de «transformar de raíz a nuestra Patria» mientras las sombras de la famosa «Barredora» —ese grupo criminal que parece tener mejores contactos en la política que un lobbista de Washington— acechan el historial del tabasqueño. ¿Será que esa es la «mayoría calificada» que pretenden fortalecer? ¿Una mayoría que se barre a la justicia y trapea con la ética?
Pero no se preocupen, que para cuidar el changarro en el Congreso han elegido a Nacho Mier. Sí, el mismo que ahora tendrá la titánica tarea de seguir entregando «sueños y anhelos» (y quizá uno que otro favor legislativo) mientras su jefe político opera en las sombras de los territorios que pretenden conquistar.
La «continuidad» está garantizada: de un operador con nexos oscuros a un «compañero» que sabe perfectamente cómo doblar manos sin que se note mucho el moretón. Dice Chávez que el pueblo les entregó su confianza; lo que no dice es que, con esos operadores, la confianza del pueblo parece ser el último de sus requisitos, siempre y cuando tengan el territorio «bien barrido» para el 2027.
¡Qué linda es la transformación! Donde los «anhelos» del pueblo se traducen en asegurar que el grupo en el poder no suelte la ubre, sin importar si para lograrlo tienen que pactar con los dueños de las brechas y los señores de las sombras.