
Por HORUS La Columna
¡Qué momento para el orgullo chihuahuense! Mientras medio país sigue atrapado en la gruta de la polarización, la gobernadora Maru Campos se plantó en el corazón del Vaticano –nada más y nada menos que en la Sala Clementina– y puso el nombre de Chihuahua en el mapa mundial de la diplomacia cultural y espiritual. Y lo hizo, atención, arropada por la Secretaría de Relaciones Exteriores y con el aval pleno del gobierno federal de Claudia Sheinbaum.
Sí, leyeron bien: la misma SRE que organiza este evento año con año eligió a Chihuahua como anfitrión 2024, la entidad número 17 en tener ese honor. Y no llegó cualquier delegación: llegó una comitiva integrada oficialmente –por primera vez en la historia del evento– con representantes de pueblos originarios. Encabezada por la mandataria estatal y las niñas rarámuris del Coro Yermo y Parres de Carichí, el prodigioso pianista Romeyno Gutiérrez y el Conjunto Primavera, todos llevando la voz, la música y la dignidad de nuestras sierras hasta los oídos del Papa.
Ese es el mensaje que México necesitaba ver: una gobernadora de oposición que, en lugar de encerrarse en la trinchera ideológica, construye puentes (literalmente hasta el Vaticano) con el gobierno federal. Y lo hace a través del diálogo político respetuoso que ha mantenido con la presidenta Sheinbaum. Resultado: la Embajada de México ante la Santa Sede y la Cancillería abrieron las puertas de par en par para que Chihuahua brillara en uno de los escenarios más simbólicos del planeta.
No es poca cosa. En tiempos donde la descalificación fácil es el deporte nacional, Maru Campos demuestra que se puede ser oposición firme y, al mismo tiempo, interlocutora eficaz. Que se puede defender la autonomía estatal sin renunciar a colaborar cuando se trata de poner en alto el nombre de México y, sobre todo, de los pueblos originarios que durante décadas han sido mero folklore de postal.
El Vaticano no es cualquier foro: es el espacio donde la diplomacia mexicana suele mandar mensajes de unidad nacional. Que este año la voz cantante (literalmente) la haya tenido Chihuahua, y que lo haya logrado una gobernadora panista con el respaldo institucional del gobierno morenista, es una lección de política adulta que muchos deberían tomar nota.
Así se hace grande un estado: no gritando más fuerte, y en esta ocasión, lo hicimos cantando con acento rarámuri en la sala del Papa. Punto para Maru, punto para Chihuahua y punto para México y, sobre todo, punto enorme para nuestras comunidades indígenas que por fin ocuparon el lugar protagónico que merecen.
¡Que viva Chihuahua, carajo! Y que viva la política que une en lugar de dividir. Ejemplo mundial, desde el desierto hasta el Vaticano.
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Pero, ¿quién va a negar un viajecito cultural-religioso en plena crisis de seguridad? Ni el mismo Papa.
La joya de la corona fue el secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya, que no se perdió la bendición papal. Muy devoto, muy sonriente, muy acompañado de su esposa, tomándose la foto del recuerdo mientras en Chihuahua nadie tomaba la mañanera de los lunes porque, obvio, el jefe estaba en misa de gallo… pero en italiano.
Y hablando de marketing personal: ¿ya notaron que todos, absolutamente todos los boletines de la SSPE ahora llevan la leyenda “por instrucciones del secretario Gilberto Loya” o “gracias a la visión estratégica del secretario Gilberto Loya”? Hasta para detener a un ratero de gallinas parece que hace falta la genialidad táctica del futuro candidato del 2027. Los reporteros ya están hasta la coronilla. Pronto van a poner: “El sol salió hoy por instrucciones del secretario Gilberto Loya”.
Cuidado, Gilbertico, que eso ya huele a promoción personal anticipada y hay quien toma nota para denunciar ante el INE. Aunque, claro, para cuando llegue la multa, tú ya estarás posando en otra foto: ahora con el Papa, mañana con el próximo presidente… siempre con cargo al erario.
Total, qué bonito mensaje navideño nos mandan desde Roma: mientras los chihuahuenses pagamos la gasolina de las patrullas que no patrullan, ellos rezan por nosotros… desde la Piazza Navona con cappuccino en mano.
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Los que si andan de muy buena caridad, son los diputados de Morena, pero haciendo caravana con sombrero ajeno
¡Qué bonito se ve el Congreso cuando se pone altruista! Resulta que los honorables diputados de Morena, esos mismos que nunca han pagado un boleto de camión en su vida, descubrieron de pronto la sensibilidad social: exigen que el Gobierno del Estado tome los camiones Bowi averiados (esos que ya no sirven ni para llevar a los burócratas a sus casas) y los “adapte” mágicamente para personas con discapacidad o los done a los CREI.
¡Bravo! ¡Aplausos! ¡Qué generosos! Lástima que no sea con su dinero.
Matías Prieto, líder de UntraC, les dio una respuesta que debería colgarse enmarcada en el salón de plenos:
“¿Por qué no ponen de su bolsa, mitad y mitad, y compran camionetas adaptadas para todo el estado, como hacemos nosotros?”
Claro, eso sería pedirles demasiado. Mucho más fácil estirar la mano al erario ajeno y posar de redentores en la foto.
Porque, a ver, diputados de la 4T chihuahuense: el Bowi no fue creado para caridad selectiva, fue un sistema de transporte masivo para la ciudadanía en general. Si ahora quieren ayudar a los grupos vulnerables (y está perfecto), que saquen una partida presupuestal propia, que gestionen recursos federales o, ya de perdida, que vendan sus camionetas de lujo y aporten. Pero no: prefieren repartir lo que no es suyo. Clásico saludo con sombrero ajeno.
Y mientras tanto, ¿dónde quedó el dinero que César Duarte dejó (supuestamente) para liquidar a los choferes del extinto Vivebús? ¿Alguien investigó a Raúl Rodríguez, ese intocable que quebró el sistema anterior y hoy goza de una jubilación dorada? ¿Por qué nunca concesionaron el transporte a gente que sí sabe, en lugar de entregárselo a funcionarios que viajan en Suburban blindada por el carril confinado, sin alto ni semáforo que los detenga?
Matías Prieto lleva años gritando en el desierto: “Ese modelo no va a funcionar, se lo van a robar todo”. Y tuvo razón. Pero nadie escucha. Prefieren seguir rodeando a la gobernadora de una caterva de inútiles que solo saben facturar viajes, viáticos y asesorías de 300 mil pesos mensuales para decir “sí, jefa”.
Así que, queridos diputados morenistas: la próxima vez que quieran hacer caridad, empiecen por donar sus dietas, sus bonos, sus vales de gasolina. O al menos tengan la decencia. Porque regalar lo que no es suyo es muy fácil. Lo difícil es poner, como hace UntraC, de su propio bolsillo.
Y colorín colorado, este cuento de la caridad ajena ya nos tiene hasta la madre.
¡Feliz Navidad, paisanos! Y que el Niño Dios les traiga seguridad… o al menos un secretario que trabaje desde Chihuahua y no desde el Vaticano. Que los diputados, saquen de sus bolsillos cuando menos para la colación de las piñatas y Amén.