“Pepín”, el hermano prodigio: de la austeridad republicana al milagro inmobiliario

Por increíble que parezca, en el país donde la “austeridad republicana” se volvió dogma, los milagros financieros florecen en los potreros de Chiapas. Y el más reciente ejemplo viene del mismísimo círculo familiar del poder: José Ramiro López Obrador, alias “Pepín”, quien de pronto resultó no tener 13, sino 15 ranchos a su nombre. Sí, quince. Porque en México, si algo crece más rápido que la inflación, son las propiedades de los hermanos incómodos.

Los nuevos terrenos aparecieron —como por arte de magia burocrática— en una corrección “tardía” que Pepín hizo a su declaración patrimonial de 2020… en 2025. El Secretario de Gobierno en el gabinete del morenista Javier May, se “acordó” de incluir un par de detalles sin importancia: que además de su sueldo público, también tenía ingresos como ganadero, y que había vendido cabezas de ganado por más de un millón de pesos.

Vaya despiste. Cualquiera olvida millones y un par de ranchos, ¿no?

El ranchero de los milagros contables

Según la declaración “actualizada”, Pepín compró dos ranchos más en 2019: uno en Salto de Agua, por 3.3 millones de pesos, y otro en Palenque, muy cerca de donde reside su hermano, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, por 3.7 millones. En total, más de siete millones de pesos en propiedades rurales… en un año en el que su ingreso declarado fue de apenas 1.7 millones.

O sea, gastó cuatro veces más de lo que ganó. Y aún así, no parece preocupado por el SAT.

El documento “ajustado” por el propio José Ramiro, disponible en la Plataforma Nacional de Transparencia hasta hace unos días, muestra lo que parece ser un intento de legalizar su irregular evolución patrimonial, un auténtico acto de transparencia selectiva.

En resumen: durante el sexenio de su hermano, el campeón de la “honestidad valiente”, Pepín no compró siete, sino nueve ranchos, por un valor superior a 14 millones de pesos, mientras sólo tuvo 22 meses de empleo formal como subsecretario en el gobierno de Adán Augusto López.

Austeridad para el pueblo, abundancia para los parientes

Mientras millones de mexicanos enfrentaban recortes, inflación y discursos moralistas sobre “vivir con lo necesario”, el hermano del expresidente vivía su propio sueño ganadero: expandiendo su emporio rural a punta de declaraciones corregidas.

Porque claro, en el universo de la “cuarta transformación”, la transparencia no es rendición de cuentas, sino una especie de trámite decorativo que se acomoda según las necesidades del momento.

Hoy, con quince ranchos a su nombre, Pepín López Obrador se consolida como el ganador absoluto del concurso de los milagros financieros, un hombre capaz de desafiar las leyes de la aritmética, del mercado y de la decencia política.

Y mientras tanto, desde Palacio Nacional, el eco de aquel viejo lema retumba como una ironía:

“No somos iguales.”

No, definitivamente no. Algunos tienen ranchos… y otros solo el rancho.

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