“Cruzando culpas, huyendo de Juárez”

 

Por HORUS la Columna

Pues ya arrancó la pasarela rumbo al 2027 y no, no es en el Fashion Week de París, sino en la jungla electoral chihuahuense, donde los codazos, zancadillas y cachetadas con guante blanco ya se sienten, especialmente entre los dos galanes de la película: Cruz Pérez Cuéllar, alcalde de Juárez, y Marco Bonilla Mendoza, su rival político y presidente municipal de Chihuahua capital.

Y como en toda buena telenovela de la política mexicana, ya comenzó el drama, el lloriqueo y el “me atacan, me persiguen, todo mundo contra mí”. El alcalde juarense anda más paranoico que detective en cantina, asegurando que Bonilla le tiene montada una campaña de desprestigio. ¿Por qué? Porque salió embarrado en la famosa “Lista de Marco”, acusado nada más y nada menos que de tener amiguitos incómodos en el crimen organizado.

Pero claro, Cruz no se queda callado. Agarró su medio de confianza (ya sabes, uno de esos donde la línea editorial se imprime en el recibo de nómina) y le regresó el trancazo a Bonilla con una supuesta investigación de la DEA por sus propios presuntos nexos con el narco. ¡Tómala! Esto ya no es política, es lucha libre de rudos contra rudos, pero sin referee y con el público viendo desde la trinchera de la desesperanza.

Lo cierto es que el berrinche de Pérez Cuéllar se parece más a una cortina de humo que a una denuncia real. El hombre anda haciendo proselitismo con sombrero ajeno, recorriendo el estado como si fuera vedette en gira, repartiendo útiles escolares —por supuesto con cargo al erario— mientras Juárez se desangra, literalmente.

Porque mientras el “narcoalcalde” (como lo llaman ya sin pudor sus críticos) anda de gira artística, su ciudad vive una crisis de violencia brutal. Tan solo en julio, 95 asesinatos. En marzo, 103. Y en las últimas 48 horas, 23 ejecuciones, cortesía de La Empresa y su pelea sangrienta con el cártel Doble A por el negocio del cristal. ¡Y Cruz jura que todo está bajo control! Pues claro, él lo ve todo desde Parral, Delicias o Guachochi, menos desde Juárez.

Y eso no es todo: la familia LeBarón pidió su destitución y la de su jefe de seguridad, acusándolos de mantener en funciones a un funcionario señalado como uno de los asesinos en la masacre de Bavispe. Eso ya no es política local, es un escándalo con eco internacional. Pero Cruz, impávido, sigue en campaña, pensando más en la gubernatura que en gobernar.

¿Y Bonilla? Pues tampoco es santo de altar. Si hay que investigarlo, que se investigue, pero eso sí, sin borregazos ni filtraciones a modo. Porque si la DEA realmente lo tuviera en la mira, ya estaría sonando en algo más serio que una nota sospechosamente publicada en un medio de conveniencia.

Aquí el verdadero problema no es quién le tira a quién, sino quién está dejando tirada a su ciudad. Juárez vive uno de sus peores momentos, convertido en el segundo municipio más violento de México, con calles plagadas de miedo, impunidad y cuerpos sin justicia.

Y mientras tanto, Cruz Pérez Cuéllar anda en su tour “Regálame tu voto 2027”, más ocupado en juntar simpatías que en enfrentar al crimen organizado. Y a los juarenses, pues que Dios los agarre confesados… porque su alcalde ya los dejó en visto.

Así que no se extrañe usted si pronto vemos a estos dos próceres de la democracia dándose con todo, uno gritando “¡me atacan!” y el otro “¡me calumnian!”, mientras Chihuahua entero se pregunta: ¿y quién carajos va a gobernar, mientras se pelean por el trono?

Porque al paso que vamos, el 2027 no se ve como una elección… se ve como una escena final de Game of Thrones, pero con menos honor y más narcos.

HORUS se despide, no sin antes recordar: si van a pelearse por el poder, al menos disimulen que les importa la gente.

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