Por HORUS la Columna

Dicen que en política nadie se hace el tonto… sin un buen motivo. Y si alguien sabe de eso, es Adán Augusto López, ese exgobernador tabasqueño de semblante imperturbable, que hoy quiere convencernos de que no sabía —¡imagínese usted!— que su secretario de Seguridad Pública, Hernán Bermúdez Requena, era más bien secretario del Crimen Organizado versión sureste.
Y no lo decimos nosotros, lo dicen los papeles filtrados del Guacamaya Leaks (¡bendita fauna digital!). Según estos documentos revisados y exhibidos por el periodista José Luis Montenegro, desde octubre de 2021 se sabía —hasta en Palacio Nacional— que Bermúdez no solo repartía abrazos, sino también plazas, rutas de huachicol y cuotas del CJNG. Todo mientras dormía plácidamente en el gabinete de seguridad tabasqueño.
¿Y qué hizo Adán Augusto? Nada. ¿Y AMLO? Pues tampoco, salvo confesar a la mañanera que sí le habían dicho, pero ya sabe usted, él confía mucho en la gente… incluso cuando le dicen que están organizando la versión tropical del Cártel de Sinaloa.
Así, mientras en Reforma, Cárdenas y Paraíso se repartían las mochadas, “El Pantera” y “El Águila” reclutaban exmilitares como si fueran becarios del crimen. Hasta las pipas tenían ruta asignada para el huachicol, y las ganancias eran puntualmente entregadas —tipo Oxxo, pero sin ticket—. Todo, según los informes enviados a Presidencia y al CNI, mientras el país entero cantaba “no somos iguales”.
Pero no se vaya todavía, que aún hay más.

Mientras allá operan “La Barredora”, acá en el reino local —llamémosle Virreynato del Salón Consistorial— se impone otro tipo de control: el de la prensa. El Virrey de Papel, también conocido como Nachito Dávila o “El Pipope de las Mamparas”, ha ordenado el cierre tácito del acceso a periodistas a ese espacio público donde, oh tragedia, podrían entrevistar a un funcionario sin supervisión del manual de lo políticamente correcto.
No conforme con ignorar que los reporteros no muerden (bueno, salvo cuando hay corte de aguinaldo), Relaciones Públicas tuvo el atrevimiento de mandar oficios “atentamente” sugiriendo que los medios se abstuvieran de trabajar… porque podrían incomodar. ¿A quién? ¡A los mismos funcionarios que cobran para dar la cara!
Mientras allá en Tabasco esconden criminales en el gabinete, aquí se esconden a los funcionarios de los micrófonos. Unos con silencios cómplices, otros con mamparas y sellos burocráticos.
En fin… que entre narcofuncionarios y virreyes de papel, este país parece más bien una tragicomedia tropical con guion de Guacamaya y dirección de “ya sabrán quién”. Lo único que falta es que digan que todo fue culpa de la prensa… por andar preguntando.
Y usted, ¿ya instaló su mampara?