A manera de Columna. Por HORUS
Una vez más, el Poder Judicial de la Federación ha optado por colocarse del lado del poder institucional y no del verdadero interés público. Esta vez, avalando la destrucción de presones en el rancho “El Saucito”, propiedad del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, bajo el argumento de “proteger el derecho humano al agua” y “preservar el interés social”. La resolución del Tribunal Colegiado en Materia Penal y Administrativa del Décimo Séptimo Circuito —que favorece a la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA)— plantea más preguntas que respuestas sobre la imparcialidad de la justicia mexicana.
La versión oficial celebra la legalidad de las acciones de CONAGUA, pero omite el contexto político, las arbitrariedades técnicas y la selectividad con la que se aplican estas “medidas correctivas”. La demolición de represas, en teoría construidas sin autorización, se presenta como un acto de nobleza institucional. Sin embargo, el caso está cargado de simbolismos políticos y deja al descubierto un doble rasero en la administración del recurso más valioso del país: el agua.
Un juicio a modo
El fallo judicial se basa en que los propietarios del rancho no presentaron títulos de concesión válidos para el uso de aguas nacionales, y que el municipio no tiene facultades para otorgarlos. Hasta ahí, el argumento tiene sentido jurídico. No obstante, el problema no es legal, sino político y de coherencia institucional.
En Chihuahua —como en gran parte del país— existen miles de represas, bordos, norias y obras hidráulicas construidas sin permisos formales, muchas de ellas en terrenos de pequeños productores o comunidades rurales, sin que exista un despliegue coercitivo semejante al que ha aplicado CONAGUA en “El Saucito”.
Lo peor del caso es que fueron autorizados por funcionarios de la Conagua que hicieron su agosto en la historia de la institución, y prueba de ello todos los pozos y obras hidráulicas en los campos menonitas.
¿Dónde están las excavadoras federales en los ranchos de los actuales aliados políticos o en propiedades más discretas pero igualmente irregulares? La ley, cuando se aplica con criterios selectivos, deja de ser justicia y se convierte en instrumento de revancha.
¿Justicia ambiental o justificación política?
La narrativa oficial señala que permitir que el agua retome su cauce natural es una acción en favor del derecho humano al agua. Una postura que, aunque legítima en lo teórico, resulta contradictoria cuando se contrastan los hechos en campo: Chihuahua sigue enfrentando sobreexplotación de acuíferos, tomas clandestinas en zonas agrícolas industriales y redes de corrupción hídrica en las oficinas de CONAGUA, sin que exista un despliegue mediático o legal tan firme como en el caso de Duarte.
Que quede claro: el exgobernador César Duarte debe responder por sus actos y por cualquier ilegalidad cometida, incluyendo las que involucren el manejo del agua. Pero usar su caso como símbolo de legalidad es un peligroso espejismo de justicia. Sobre todo cuando es evidente que la demolición de presones no responde únicamente a un interés ambiental o hídrico, sino a una narrativa gubernamental que busca blindar políticamente su discurso de austeridad y legalidad.
¿Un precedente que se aplicará a todos?
El fallo judicial sienta un precedente que podría ser saludable si se aplicara sin distinción. Pero si la CONAGUA y el Poder Judicial se convierten en jueces parciales que actúan según el perfil del propietario del predio intervenido, estamos ante una justicia de espectáculo, no de Estado.
¿Se aplicarán ahora las mismas sanciones en otros ranchos, empresas, industrias y campos de cultivo con infraestructura hídrica irregular? ¿Habrá demolición de presones en terrenos de políticos activos? ¿Se investigará a quienes durante años han usufructuado el agua sin títulos ni control?
Hasta ahora, no hay señales de que eso ocurra. Lo que sí hay es una narrativa cerrada, repetida y aplaudida por los voceros del poder: “El agua es un derecho, no una mercancía”. Lástima que en México ese derecho parece depender de quién seas, a quién molestes y qué historia convenga contar en ese momento.