
Por HORUS la Columna
Morena se prepara para su pomposo Consejo Nacional este domingo 4 de mayo, donde –nos dicen– se discutirá con toda seriedad la ética, los principios y la unidad del movimiento. Ahí estará presente la carta enviada por la flamante presidenta Claudia Sheinbaum, esa especie de encíclica progresista que pretende marcar el rumbo moral del partido. Y justo cuando creíamos que el guion de la Cuarta Transformación no podía ponerse más surrealista… ¡sorpresa! Morena firma un acuerdo de cooperación con el Partido Comunista de Cuba.
Sí, ese mismo partido que lleva más de seis décadas sin permitir elecciones libres en Cuba, que encarcela disidentes y que ha convertido a la isla en un museo del autoritarismo con playas bonitas. ¿Y quién representa a México en este despliegue diplomático de realismo mágico? Carolina Rangel, secretaria general de Morena, que viajó hasta La Habana a tomarse la foto con Miguel Díaz-Canel, heredero directo de los Castro y promotor del totalitarismo caribeño. Todo esto, apenas un día antes del Consejo Nacional donde Cuauhtémoc Estrada Sotelo, coordinador de los diputados de Morena en el Congreso local –con cara seria y discurso solemne– pide “reglas claras” y “ética interna”.
No hay más ciego que el que no quiere ver
Porque mientras aquí se llenan la boca con discursos sobre democracia participativa, congruencia política y combate al nepotismo (aunque eso sí, hasta 2030), en Cuba se sella una alianza con una dictadura de manual. No es exageración: el Partido Comunista de Cuba es un aparato de represión institucionalizado, que ha destrozado la economía, silenciado la crítica y obligado a cientos de miles de cubanos a huir en balsas improvisadas.
Entonces, cuando Claudia Sheinbaum jura por todas las de la ley que “no hay intención de comunizar México”, pero su partido se abraza fraternalmente con una dictadura comunista, el mensaje es claro: una cosa es el discurso frente a los votantes, y otra muy distinta lo que se cocina en las sombras del poder.
¿Se trata solo de «intercambiar experiencias»? ¿Van a importar manuales sobre cómo sofocar protestas o cómo sostenerse en el poder sin rendir cuentas? ¿O quizá ya están preparando una cátedra especial sobre cómo maquillar la pobreza con retórica revolucionaria?
El pacto con el comunismo cubano es más que un gesto diplomático: es un retrato de la doble moral que consume a Morena. Un partido que dice luchar contra la corrupción, pero aplaude a regímenes cleptocráticos; que dice defender la justicia social, pero se alía con quienes condenan a su pueblo a la miseria.
No, señora Sheinbaum, no basta con negar el comunismo. Cuando su partido firma acuerdos con dictaduras, el problema ya no es lo que dicen… sino lo que hacen. Y si la historia sirve de algo, los mexicanos sabemos muy bien que el autoritarismo no siempre entra por la puerta principal: a veces se cuela por la puerta trasera, disfrazado de «cooperación».