
Washington, D.C. – 17 de abril .- Donald Trump, ha iniciado una nueva cruzada económica con un objetivo claro: debilitar el poder manufacturero de China presionando a sus socios comerciales para que limiten sus lazos económicos con Beijing. La estrategia, según fuentes cercanas a su equipo, se centra en condicionar las exenciones arancelarias a la colaboración en esta ofensiva comercial.
México en la mira
Fuentes cercanas al gobierno mexicano han indicado que se espera una petición formal de parte de Estados Unidos para que México aumente los aranceles a vehículos eléctricos de fabricación china, en un esfuerzo por bloquear rutas indirectas de exportación hacia el mercado estadounidense. La Secretaría de Economía mexicana declinó hacer comentarios al respecto.
La medida busca aprovechar las negociaciones con decenas de países que solicitan reducciones o exenciones a los históricos aranceles que Trump impuso al inicio de esta administración. A cambio, Estados Unidos exigirá medidas concretas para evitar que China eluda esas tarifas, incluyendo aranceles secundarios —es decir, sanciones económicas— a productos importados desde países con fuertes vínculos comerciales con la nación asiática.
“Tal vez deberían hacerlo”
Trump insinuó la estrategia esta semana en una entrevista con la división en español de Fox News, cuando fue consultado sobre si los países latinoamericanos deberían verse forzados a elegir entre la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China o las inversiones estadounidenses. “Tal vez deberían hacerlo”, respondió el exmandatario, en una declaración que resalta el tono desafiante de su política exterior económica.
Uno de los pilares de esta nueva estrategia es el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien ha asumido un rol protagónico en las conversaciones. Bessent ha declarado que es momento de que los aliados militares de Estados Unidos se comporten también como aliados económicos. “Entonces podremos acercarnos a China como grupo”, afirmó.
Entre la amistad y la confrontación
La postura de Trump hacia China ha oscilado entre la confrontación comercial y los gestos personales de camaradería hacia el presidente Xi Jinping, a quien ha llamado su amigo. No obstante, su administración ha sido una de las más agresivas en cuanto a sanciones, aumento de aranceles y acusaciones de prácticas desleales por parte de Beijing, como el robo de propiedad intelectual y la manipulación de subsidios.
Actualmente, los aranceles estadounidenses a productos chinos han sido elevados hasta un 145%, como respuesta a contrarrepresalias del gobierno chino. Aunque Trump ha anunciado una pausa de 90 días en los aumentos de tarifas a cerca de 60 países —excepto China—, la presión continúa creciendo.
Obstáculos diplomáticos
Para que esta estrategia tenga éxito, Trump necesitará alinear a países clave de Europa y Asia, muchos de los cuales dependen en gran medida del comercio con China. Sin embargo, la política de aranceles sin distinción entre aliados y adversarios ha debilitado la confianza de varios gobiernos en la fiabilidad de Estados Unidos como socio comercial.
Aunque el futuro de esta política aún es incierto, lo que está claro es que Donald Trump está decidido a volver a poner a China en el centro del debate económico mundial y hacer de su contención un eje de su posible retorno a la Casa Blanca.