“Con el agua hasta el cuello… y los pleitos hasta la cocina”

HORUS La Columna

En Morena, el enemigo ya no duerme afuera… duerme en la curul de al lado.

Este fin de semana, el partido guinda nos regaló un espectáculo de esos que ni Televisa podría guionar mejor: sombrerazos, grilla, acusaciones dignas de tribunal y hasta recuerdos olorosos a huevo podrido. ¿Los protagonistas? Ni más ni menos que el senador Juan Carlos Loera de la Rosa y la diputada local Brenda Ríos. Sí, ambos de Morena. Sí, ambos peleando como si el 2024 no hubiera pasado y el 2025 les supiera a revancha.

El senador Loera, con más resentimientos que seguidores en “X”, decidió lanzar un misil digital contra su compañera de partido acusándola, ni más ni menos, de ser parte del infame “cártel del agua”. Según él, Brenda Ríos y su esposo, el exdiputado Alex LeBaron, hicieron fortuna desde la comodidad de sus cargos en la CONAGUA y SEMARNAT, en los tiempos felices de Peña Nieto, cuando el agua corría para pocos y el negocio era redondo. De paso, les recordó a todos que también son nogaleros —porque claro, qué sería de un buen pleito político en Chihuahua sin nueces, ranchos y conflictos de interés.

Pero Brenda no se quedó callada, y lo que soltó fue dinamita. Que va a denunciar a Loera ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena (sí, eso existe), que es misógino, traidor, oportunista y que apesta más que los huevos que le lanzaron hace unos años en Delicias. Que si tiene memoria selectiva, que si escupe para arriba, que si saboteó a Claudia Sheinbaum en las internas, y que jugó para Adán Augusto como si fuera su entrenador personal.

Loera, fiel a su estilo, respondió como púgil de Twitter: que Brenda está del lado de los saqueadores del agua, que no representa al pueblo ni a la 4T, y que si de oportunismos hablamos, ella debería voltear a ver su pluri como espejo retrovisor.

Y así, el partido que se precia de ser la esperanza de México, nos muestra que la verdadera batalla está en casa. Las acusaciones ya no van hacia el PRI ni el PAN, sino hacia los que se sientan juntos en los eventos del partido (o por lo menos hasta antes del último café).

Lo cierto es que Morena en Chihuahua se está convirtiendo en un campo minado de egos, facturas políticas sin pagar y expedientes que todos juran tener en su cajón. Mientras tanto, la ciudadanía mira, perpleja, cómo los que prometieron transformación se transforman… en sus peores versiones.

La guerra ya empezó, pero no contra la oposición, sino entre “compañeros de lucha”.

Y si eso no es traición a la causa, que venga el agua y nos lleve a todos.

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