Hidrantes de adorno en el centro de la ciudad y la patada de elefante

HORUS la Columna

Nada como un incendio de gran magnitud para desnudar las omisiones que la burocracia lleva años escondiendo debajo de la alfombra. El siniestro que consumió la bodega del Milano en pleno Centro de Chihuahua dejó más que cenizas: expuso la simulación en la infraestructura de emergencia de la ciudad. Porque, ¿de qué sirve tener hidrantes si no están conectados a la red de agua?

El Heroico Cuerpo de Bomberos hizo excelente labor y hasta lo imposible para contener el fuego, pero sin acceso a un suministro inmediato, tuvieron que depender de cisternas y pipas, alargando una batalla contra las llamas que bien pudo haber sido controlada con mayor rapidez.

Y como si la falta de agua no fuera ya una vergüenza, la cereza en el pastel fue la respuesta del alcalde Marco Bonilla… o más bien, su falta de respuesta. Un reportero tuvo la «osadía» de preguntarle por qué los hidrantes estaban desconectados, pero en vez de recibir una explicación, recibió un empujón y una salida forzada del lugar por parte de agentes de la Policía Municipal. Eso sí, la razón oficial fue que estaba en zona acordonada. Claro, cómo no.

Cuando el escándalo explotó, la administración municipal se apresuró a sacudirse la culpa con un comunicado que más que aclarar, terminó de hundirlos: la desconexión de los hidrantes viene desde hace más de una década, entre 2010 y 2013, cuando se realizaron remodelaciones en el Centro. O sea, por más de 12 años, los hidrantes han sido meras piezas de ornato, dignas de un museo de simulaciones urbanas.

Pero la indignación no paró ahí. El caos interno dentro del municipio también cobró su primera cabeza: Armando Mar, titular de Comunicación Social en la DSPM, fue destituido. ¿Su pecado? Que un reportero brincó el listón amarillo y “andaba de insoportable”. Parece que a Nacho Dávila, el todopoderoso coordinador de Comunicación Social del municipio, no le bastó con ordenar la expulsión del reportero, sino que necesitaba un chivo expiatorio para desviar la atención.

Y aquí viene la verdadera reflexión: ¿qué tan insostenible se ha vuelto el manejo de la comunicación en la administración municipal? Porque el trato de “pata de elefante” de Dávila con los medios no es novedad. Su arrogancia ha sido un tema recurrente entre reporteros que cubren la fuente, pero lo que sorprende es la aparente indiferencia de Bonilla ante esta situación. ¿No se da cuenta del daño que le está haciendo a su imagen y sus aspiraciones políticas?

En cualquier administración, la comunicación es clave. Pero cuando en lugar de responder con transparencia se responde con empujones y despidos estratégicos, queda claro que la prioridad no es informar, sino controlar el discurso. Y eso, en una democracia, siempre termina saliendo caro.

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