
Chihuahua, a 23 de enero.- En un intento de explicar qué está haciendo la actual legislatura y el gobierno federal en torno a la crisis migrante, la diputada María Antonieta Pérez Reyes ofreció declaraciones que, lejos de aclarar el panorama, dejaron entrever una preocupante mezcla de evasivas, lugares comunes y una buena dosis de improvisación.
A una pregunta directa sobre las acciones concretas para abordar la problemática migratoria, Pérez Reyes optó por exaltar el papel de los consulados mexicanos en Estados Unidos. Según la legisladora, estas oficinas ofrecen asesorías jurídicas para garantizar los derechos de los migrantes, llegando incluso a «estar presentes en los centros de detención», una afirmación que suena más a anécdota aislada que a política pública efectiva.
Sin embargo, cuando el cuestionamiento giró hacia lo que se está haciendo en el territorio nacional, especialmente ante la inminente llegada de migrantes a México, Pérez Reyes cambió de tema con la habilidad de quien esquiva una bala. Prefirió hablar de los estados y su papel, aunque sin ofrecer detalles específicos, y mencionó que la Federación está instalando «grandes albergues» sin precisar cuántos, dónde, ni bajo qué condiciones se encuentran estos espacios que aún no han podido ser terminados, al menos en ciudad Juárez, según se informó.
La legisladora tampoco perdió la oportunidad de criticar a la gobernadora María Eugenia Campos, calificando como insuficiente su postura de atender a los migrantes de manera temporal y luego trasladar la responsabilidad a la Federación, de quien depende enteramente la política migratoria. Es claro que la diputada tiene más habilidad para señalar errores ajenos que para explicar los propios.
En un giro sorpresivo, Pérez Reyes reconoció que Ciudad Juárez enfrenta un rezago «enorme» en infraestructura social y de salud. Su lista de carencias abarcó desde, «No hay escuelas, no hay pavimento, no hay drenaje, ni guarderías», pero sus soluciones se limitaron a promesas vagas de «trabajar en ello». Por si fuera poco, admitió que la mayor parte de los proyectos con impacto económico dependen del ámbito federal, dejando entrever la poca influencia de los legisladores locales en temas prioritarios.
En un último esfuerzo por redondear su discurso, la diputada aseguró que la presidenta de México no está «nadando de muertito» y que su administración está impulsando un Plan México que, según ella, llevará al país del puesto 13 al 10 en la economía mundial. Una declaración que más bien suena a un sueño guajiro que a una estrategia fundamentada.
En conclusión: Mientras las palabras se pierden entre evasivas y optimismo desmedido, la realidad sigue golpeando con fuerza a los migrantes a quienes se les va a ofrecer, según se prometió, la friolera cantidad de 2 mil pesos como apoyo en caso de ser deportados e inscribirlos en el IMSS, lo cual pareciera una burla.
Por otro lado el daño que se genera en las comunidades fronterizas, con la posible llegada de deportaciones masivas y las caravanas de migrantes que vienen en camino, que se estima en un número de al menos 3 mil nuevos migrantes. Quizá la diputada debería dejar de lado los discursos grandilocuentes y empezar a construir soluciones tangibles.