
Chihuahua, a 17 de enero. – La presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Miriam Hernández Acosta, lanzó una contundente advertencia sobre los riesgos que implica la reciente reforma al Poder Judicial impulsada durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Según la magistrada, esta transformación podría abrir las puertas a la influencia de los cárteles del crimen organizado en la elección de jueces y magistrados.
“Si los cárteles pudieron incidir en elecciones populares, ¿qué nos hace pensar que no podrán hacerlo en este nuevo ejercicio?”, cuestionó Hernández con evidente preocupación. En un tono mordaz, aseguró que se trata de un tema que no solo inquieta, sino que amenaza gravemente la integridad del sistema judicial en todo el país.
La magistrada no escatimó en críticas hacia el expresidente, señalando que esta reforma nació «desde el hígado de alguien que desconoce la ley y no respeta las instituciones». Según Hernández, esta decisión no solo es un error, sino un retroceso que tardará más de una década en corregirse.
“El problema no es que el sistema judicial necesite cambios, eso es innegable. Pero no se puede medir a todos con la misma vara de la corrupción, especialmente cuando las acusaciones provienen de quien ha ocultado sus propios señalamientos bajo la alfombra”, puntualizó en referencia directa a López Obrador, sin titubeos.
La magistrada advirtió que este caos legislativo es el inicio de un ciclo de peligroso autoritarismo. “Estamos avanzando hacia un régimen que destruye en lugar de construir. Las consecuencias de estas malas decisiones las estamos viendo ya, y el costo será altísimo para el país”, afirmó.
Finalmente, Hernández hizo un llamado a la sociedad a defender las instituciones que todavía resisten. “Nos toca, como sociedad, alzar la voz y proteger la república que conocemos. Desde cada trinchera, debemos luchar contra este desorden que amenaza con devorarnos”.
En contraste con el panorama sombrío que pinta, la magistrada expresó su respaldo a quienes permanecerán en el Poder Judicial. “Ellos son los más preparados, y necesitamos apoyarlos para que mantengan el equilibrio en medio de esta tormenta”.
El legado de esta reforma judicial no solo despierta incertidumbre, sino que deja un sabor amargo de improvisación y revanchismo político, un cóctel explosivo que podría socavar la confianza en uno de los pilares fundamentales de la república.