La Gran Huida: ¿Qué pasa en el DIF y sus “Unidos por Amor”?

Chihuahua escandalosa. La historia de operativos fallidos y derechos vulnerados. Esta vez, la triste trama involucra a Centros de Asistencia Social, más exactamente a «Unidos por Amor», donde lo que debería ser un refugio para los menores tutelados por el Estado se convirtió en escenario de una fuga masiva de jóvenes en busca de un lugar mejor — o en este caso, cualquier lugar que no sea ahí.

Resulta que el DIF Estatal, en un despliegue operativo de esos que uno no sabe si reír o llorar, decidió hacer una «intervención» en los albergues de la ciudad para trasladar a algunos de estos menores a otros centros. La razón oficial: “sobrecupo y malos tratos”. Lo cierto es que la situación se les fue de las manos. Los chicos, que no son tontos y ven venir de lejos cuando alguien intenta venderles espejitos, decidieron tomar cartas en el asunto y romper el cerco. ¿Resultado? De 8 a 10 jóvenes desaparecidos, un operativo en papel mojado, y una fuga que parece sacada de una película de aventuras — solo que esta es una realidad que debería avergonzar a quienes operan el sistema de asistencia estatal.

Y uno se pregunta: ¿quién tiene la brillante idea de organizar un operativo de traslado sin asegurar que los Derechos Humanos estén presentes para observar? ¿Qué pensaron los funcionarios del DIF? Quizás confiaban en que el traspaso sería discreto y sin ruido, pero, sorpresa: la Comisión Estatal de Derechos Humanos salió a reclamar que ni les avisaron. Vamos, ¡ni un mensaje de cortesía!

Al final, la historia que nos cuentan es una de disfunción, de protocolos inexistentes o, al menos, invisibles. Los jóvenes no solo salieron corriendo; algunos incluso quebraron ventanas del autobús para escapar. Si esta no es una señal de alerta, ¿qué será? Porque, que quede claro, huir de un centro de asistencia social debería ser la excepción, no la norma.

Y si usted cree que esto fue todo, pues no. Ya suman diez jóvenes que han optado por escapar de los centros de asistencia de Chihuahua en apenas dos días. No solo se fugaron los del operativo de “Unidos por Amor”; también se reportó que dos mujeres de 17 y 14 años huyeron del albergue en otro momento, y dos más se escaparon de «El Porvenir del Estudiante» en plena madrugada. Ahora, la Fiscalía General del Estado tiene que hacer malabares para tratar de dar con ellos.

Entre los desaparecidos hay dos hermanos de Agua Prieta, una joven de El Paso, Texas, y hasta un joven de 18 años de Guachochi, quien, con razón, se hartó de la «asistencia social» y decidió buscar su propia suerte. Con razón, porque si algo queda claro es que para estos menores, el Estado ha sido un mal padrastro.

Es inevitable preguntarse: ¿qué hacen los administradores de estos centros? ¿Qué tanto revisan los altos mandos del DIF la situación de los menores bajo su tutela? Porque más allá del caos operativo, el fondo del asunto sigue siendo el bienestar de los menores, y aquí queda claro que alguien —o más de uno— no está cumpliendo con su deber.

Por ahora, las autoridades han lanzado la orden de búsqueda de los menores. Mientras tanto, en los pasillos de la Comisión de Derechos Humanos se preparan los informes, y en los albergues solo queda la pregunta incómoda: ¿qué falla en un sistema que debería proteger y no asustar a los menores? ¿Será este escándalo el que finalmente remueva conciencias y provoque reformas de fondo, o será otro episodio en el que nada cambie? La gran huida en «Unidos por Amor» pone el dedo en la llaga y deja al descubierto que, cuando se trata de la asistencia social en Chihuahua, el amor, al parecer, es escaso.

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