El Ajedrez Político: Un movimiento audaz de Maru Campos con Adriana Terrazas en CDMX

HORUS, la Columna

En un giro digno de las mejores jugadas políticas, la gobernadora Maru Campos ha movido ficha al nombrar a Adriana Terrazas Porras como nueva representante del Gobierno del Estado en la Ciudad de México. Un nombramiento que ha dejado a más de uno rascándose la cabeza, sobre todo porque la ex presidenta del Congreso del Estado no es precisamente una figura que se esperaba ver en las filas de la administración estatal, menos aún tras su turbulenta salida de Morena. Pero, en la política, como en el ajedrez, los movimientos inesperados suelen ser los más efectivos.

El cargo que ahora ocupa Terrazas estaba bajo la tutela del sonorense José Serrato, quien, según las malas lenguas, salió por la puerta trasera tras chocar con la propia gobernadora. ¿Un conflicto de poder, diferencias irreconciliables? Quien sabe. Lo cierto es que Serrato, hermano del ex secretario de la coordinación del gabinete estatal Luis Serrato Castell, desapareció del mapa político como por arte de magia. Y en su lugar, Terrazas entra con fuerza, marcando con este movimiento una sana distancia de Morena, su partido, donde algunos legisladores se han empeñado en expulsarla, además de un linchamiento político tan intenso que tuvo enfrentar y pesa sobre dichos legisladores algunas denuncias de violencia política de género.

Maru Campos, con su característica visión estratégica, la rescató del pantano político y la integró a su equipo de manera oficial. ¿Será esta una forma de blindarse políticamente o simplemente otro ajuste de cuentas dentro del ajedrez del poder? Lo que es seguro es que, desde hace días, Adriana Terrazas ya estaba tanteando el terreno, visitando el Palacio de Gobierno como quien no quiere la cosa, mientras los rumores comenzaban a tomar fuerza sobre la invitación de la gobernadora para sumarla a sus filas.

Este nombramiento es, sin duda, una jugada magistral de Maru. Con Terrazas Porras en la capital del país, la gobernadora asegura tener una aliada con conocimiento del entramado legislativo y político del partido que se encuentra por hoy en el poder, y una visión pragmática que no se deja llevar por sentimentalismos partidistas. Así es como se juega en las grandes ligas, con movimientos inesperados que sacuden el tablero y dejan a los adversarios calculando cuál será el próximo paso.

Morena seguramente ya está tomando nota, pero una cosa queda clara: Maru Campos no se anda con rodeos, y si tiene que tomar piezas que parecían del equipo contrario para ganar la partida, lo hará sin pensarlo dos veces. Y mientras tanto, Adriana Terrazas se reincorpora a la política, con un nuevo aire y un cargo que podría significar su resurgimiento…


Alito y la Gran Aberración: El PRI en la Encrucijada

El exgobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, no se ha detenido al calificar la ratificación de Alejandro «Alito» Moreno como líder del PRI como una verdadera «aberración». Para Reyes Baeza, esta reelección no solo desafía la lógica, sino que pisotea los principios fundamentales que deberían regir a cualquier partido que se respete. Pero claro, en el PRI, las leyes y estatutos parecen ser opcionales, sobre todo cuando se trata de perpetuar a su máximo líder en el poder.

El Tribunal Electoral ha validado la reelección de Alito, garantizándole otros cuatro años al frente del tricolor, y quién sabe si hasta el 2032, si las circunstancias lo permiten. Porque seamos realistas, en un PRI donde la democracia interna es un mito, el liderazgo de Moreno es un claro ejemplo de cómo el partido ha perfeccionado el arte de blindar el poder desde adentro, sin importar las voces disidentes.

Reyes Baeza no es el único en alzar la voz. Otros magistrados también manifestaron su inconformidad, argumentando que la decisión de mantener a Moreno contradice los tiempos establecidos por el Consejo General del INE para los procesos de renovación de dirigencias. ¿Qué es lo que realmente está en juego aquí? Pues, simplemente, el futuro del PRI como partido democrático.

La reelección de Alito es un reflejo de cómo el partido de la Revolución se ha vuelto el partido de la regresión, aferrándose a figuras que representan lo peor de su pasado: caciquismo, clientelismo y una incapacidad crónica de reformarse. ¿Cómo puede hablar el PRI de ser la opción para el 2024, si sigue repitiendo los mismos errores que lo llevaron al desastre en 2018? La respuesta parece estar en los deseos personales de Moreno, más que en el bienestar del partido o del país.

Y es que, detrás de la fachada de esta “ratificación” validada por el Tribunal, hay una verdad más cruda: Alito quiere quedarse en la silla grande del PRI a toda costa, y no tiene reparos en retorcer las normas internas para hacerlo. Tal vez haya quienes lo celebren como un líder fuerte y decisivo, pero para otros, como Reyes Baeza, esto es solo una muestra más de cómo el PRI sigue en declive hasta su desaparición al ser posible que en las próximas elecciones pierda hasta su registro, tal y como le pasó al PRD.

Así, mientras Alito Moreno sigue amasando poder, los críticos dentro del PRI—cada vez más arrinconados—se preguntan cuánto tiempo más el partido podrá sobrevivir bajo una dirigencia que parece más interesada en perpetuar a su caudillo que en recuperar el terreno perdido ante el electorado. Quizá en 2032 ya no quede mucho del tricolor para liderar, pero a Moreno eso parece importarle poco.

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