
HORUS, la Columna
Hoy, 1 de octubre, la historia de México da un giro inédito. Claudia Sheinbaum toma protesta como la primera mujer presidenta de los Estados Unidos Mexicanos. Pero, ¡esperen un momento! ¿Nos estamos apresurando en la celebración? Después de todo, ¿qué tan diferente será este sexenio de lo que hemos vivido los últimos seis años? Una cosa es romper el techo de cristal, y otra, romper con el guion político ya conocido.
El acto protocolario está bien coreografiado. A las 9:00 a.m., en el Palacio Legislativo de San Lázaro, pasará la lista de asistencia (no sea que algún legislador se quede dormido). Se leerá el Bando Solemne y el artículo 87 Constitucional, como si la legalidad fuera la única formalidad que nos preocupa en este circo político. ¡Claro! La banda presidencial pasará de las manos del eterno presidente en campaña, Andrés Manuel López Obrador, a Sheinbaum en un gesto de continuidad más que de cambio.
En las urnas, millones votaron por ella. ¿Pero, y el otro México? Ese que no tiene voz en la narrativa oficial, el que aún no compra las promesas de la 4T, el que ha visto cómo se diluyen las esperanzas de transformación real. Esos mexicanos que no ven en la entrega de la banda presidencial un símbolo de progreso, sino una confirmación de que el guion sigue.
Andrés Manuel, el «Rey Republicano» que predicaba la austeridad desde un trono en Palacio Nacional, finalmente se despide. Seis años viviendo en el corazón de la capital, con una sonrisa amplia y saludando desde una de sus camionetas blancas mientras llueven aplausos de sus fieles seguidores. Ahí lo tienen, despidiéndose como si dejara un legado intachable. Pero los millones que no votaron por Claudia, ¿acaso aplauden también?
Mientras AMLO firma sus últimos decretos, como quien asegura el cierre perfecto de su serie de reformas —la Guardia Nacional y los Pueblos Indígenas, que más suenan a marketing político que a soluciones de fondo—, una pequeña noticia se cuela en la narrativa oficial: un Tribunal en Colima, con toda la ironía del mundo, detiene la implementación de la Reforma Judicial. ¡Ups! Parece que la 4T no contaba con que el Poder Judicial tuviera algo que decir al respecto. El juez federal Francisco García Contreras se convierte, por un breve momento, en el héroe que detiene a la maquinaria oficialista.
Y mientras el INE y el Consejo de la Judicatura Federal son notificados de que deben frenar sus acciones, todos nos preguntamos: ¿se atreverán a desobedecer? Morena, el partido en el poder, ha demostrado que cuando se trata de seguir su propio guion, las órdenes judiciales no les preocupan tanto. Así que queda por ver si este será el primer capítulo de un nuevo México bajo la presidencia de Sheinbaum, o si seguiremos viendo las mismas escenas de siempre, solo con una protagonista distinta.
¡Larga vida a la 4T! O, mejor dicho, larga vida a lo mismo de siempre, pero con un toque de «feminismo» político que, esperemos, no sea solo para la foto oficial.