El mensaje desde el desierto: Ken Salazar y Maru Campos enfilan dardos hacia el centro

HORUS La columna

Chihuahua a 20 de septiembre – La visita del embajador Ken Salazar a Chihuahua ha dejado claro que las arenas del desierto chihuahuense no solo son testigo del polvo y del sol abrasador, sino también del eco de las palabras que cimbran la tranquilidad de Palacio Nacional. Y, como bien lo sabe la historia, desde estas tierras desoladas han surgido figuras que han lanzado desafíos al poder central. Ayer, Salazar, flanqueado por la gobernadora Maru Campos, se unió a ese grupo de próceres que desde el norte apuntan con precisión quirúrgica al centro.

El primer dardo no fue otro que un empoderamiento público y simbólico hacia Maru Campos, la primera mujer gobernadora en la historia de Chihuahua. Salazar no escatimó en elogios, reafirmando el respaldo del presidente Biden y la vicepresidenta Harris, casi como quien ya anticipa el fin de la era Trump. Es más, pareciera que Salazar está apostando a un escenario donde Harris llega a la presidencia de los Estados Unidos, y qué mejor manera de comenzar a pavimentar esa relación que exaltando la conexión con Maru Campos. El mensaje no solo fue para la opinión pública local, sino un recordatorio a la federación de que Chihuahua es un socio clave para el vecino del norte.

El segundo misil apuntó directamente al corazón del narcotráfico. En el desierto, donde Juárez, Villa y Madero trazaron líneas en la arena, Salazar y Campos dibujaron una alianza binacional en el combate al fentanilo, una droga que mata tanto en Estados Unidos como en México. Campos dejó claro que su gobierno ha incautado más de un millón de dosis, una cifra que impacta y que coloca a su administración en el foco del combate al narcotráfico. Pero, con la otra mano, lanzó un desafío en reversa: que Estados Unidos controle el flujo de armas que alimenta la violencia en México. ¡Toma eso, Washington! Si va a haber corresponsabilidad, debe ser de ida y vuelta, dijo Campos sin titubear.

Y luego vino el último golpe, uno que seguramente hizo sudar a más de uno en el Palacio Nacional. Salazar, con su estilo diplomático pero directo, puso sobre la mesa la reforma judicial de López Obrador. En una «entrevista banquetera» –como si la informalidad no restara ni un ápice de seriedad al asunto–, el embajador insistió en la necesidad de un poder judicial fuerte, libre y confiable para garantizar la seguridad de las inversiones extranjeras. ¿Acaso fue un mensaje disfrazado de preocupación económica? Claro, pero el destinatario no es solo el inversionista, sino López Obrador, quien desde la mañanera continúa con su necedad reformista.

En resumen, la visita de Ken Salazar a Chihuahua fue una operación quirúrgica: desde el desierto, donde los grandes de la historia mexicana retaron al poder, el embajador lanzó un mensaje en tres frentes. Primero, consolidar a Maru Campos como la aliada favorita de Washington. Segundo, reconocer la lucha contra el fentanilo pero exigir que Estados Unidos haga lo propio con el tráfico de armas. Y tercero, advertirle a AMLO que jugar con el sistema judicial puede tener consecuencias muy serias para el T-MEC.

Así, el eco de las palabras de Salazar retumba en el desierto, mientras López Obrador seguramente prepara su respuesta desde su centro de poder. Pero no olvidemos, las mejores batallas siempre han comenzado desde el norte.

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