
En un episodio digno de las más oscuras novelas de la política mexicana, el Fiscal de la Ciudad de México, Ulises Lara, hizo gala de un truco sacado directamente del manual de la impunidad, en defensa del exgobernador Javier Corral Jurado. Agentes de la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua, con orden en mano, se presentó esta noche en un restaurante de moda en la colonia Roma, dispuestos a detener a Corral por los presuntos delitos de corrupción y peculado. Pero ¿qué pasó? El gran fiscal capitalino decidió jugar a ser el héroe… para el villano.
«Decidimos no colaborar», declaró Lara con desdén, como si la justicia fuera opcional y el cumplir con las órdenes legales un asunto de gustos personales. Porque claro, en su realidad, parece que una orden de aprehensión no es más que un documento decorativo. Ahí estaba el hombre que se supone debe hacer valer la ley, bloqueando a los agentes chihuahuenses con una maniobra propia del mejor político evasor. «Una cosa es recibir la orden, y otra cosa es que estemos de acuerdo», soltó, con una arrogancia que no solo resulta insultante, sino francamente peligrosa.
Pero lo mejor vino después. En un giro que ni el más audaz guionista de telenovelas podría haber imaginado, el Fiscal Lara decide no solo detener la aprehensión de Corral, sino que, cual guardaespaldas personal, lo escolta hasta su vehículo, protegido por agentes ministeriales. ¡Qué escena! El exgobernador, sentado, rehusando ponerse de pie, como si la justicia fuera un inconveniente menor en su velada capitalina. Y ahí está Lara, el «fiscal defensor», rescatando al exmandatario de las garras de la ley y la justicia chihuahuense.
Este episodio deja mucho que pensar. Primero, ¿qué mensaje envía Ulises Lara? ¿Que la justicia es maleable, sujeta a caprichos y conveniencias políticas? Segundo, ¿qué hay de Javier Corral, el supuesto adalid de la lucha anticorrupción en su estado, ahora necesitado de un fiscal protector que lo defienda del largo brazo de la justicia?
Es patético, pero también revelador. La impunidad se sirve en la Ciudad de México con Gin Tonic en mano, y Ulises Lara parece estar encantado de ser el camarero. Mientras los ciudadanos de Chihuahua esperan que se haga justicia, en la capital del país parece que algunos tienen «fiscales a la carta», dispuestos a ofrecer rescates bajo la mesa.