
La Organización Mundial de la Salud define a la fatiga pandémica como la desmotivación para seguir las conductas de protección recomendadas; puede llevar a la población a desafiar las medidas de protección sanitarias, ya sea retirándose el cubre bocas, deliberadamente no aplicar gel en las manos al ingreso a un lugar cerrado, no respetar la sana distancia, reñir con las personas encargadas de ejecutar los protocolos de sanidad.
El encierro y aislamiento aparentemente eternos afecta en cualquier contexto a la población, desde la niñez hasta los adultos mayores; la falta de control que sentimos sobre la pandemia y nuestra propia vida nos tiene de algún modo fatigados, explicó el maestro Andrés Octavio Pérez Estrada, responsable de la Unidad de Programas y Proyectos Especiales del Departamento de Atención Integral al Estudiante (DAIE) de la UACH.
Desde diciembre del 2019 cuando se conoció el primer caso de Covid-19, al día de hoy han ocurrido una serie de acontecimientos que han desgastado y repercutido negativamente en la vida de las personas en el mundo entero, no sólo a nivel personal, psicológico o social, sino también en el ámbito académico y profesional.
El este desgaste emocional y físico se le conoce como “fatiga pandémica” la cual es definida por la OMS como: “La desmotivación para seguir las conductas de la protección recomendadas que aparece de forma gradual en el tiempo y que está afectada por diversas emociones, experiencias y percepciones, así como por el contexto social, cultural, estructural y legislativo”.
Señaló que las características persistentes de la fatiga pandémica son el cansancio generalizado, alteraciones en la alimentación, en la calidad y cantidad del sueño con manifestaciones de insomnio, se puede presentar apatía, pérdida o incremento de peso al dejar de lado el interés por llevar una vida saludable.
El también psicólogo universitario explicó que este desgaste emocional puede provocar síntomas depresivos, de ansiedad, estrés e irritabilidad, lo que puede llevar a la población a desafiar las medidas de protección sanitarias, ya sea retirándose el cubre bocas, deliberadamente no aplicar gel en las manos al ingreso a un lugar cerrado, no respetar la sana distancia, reñir con las autoridades o personas encargadas que ejecutar los protocolos de sanidad, victimizarse, aislarse socialmente o buscar culpables ante los contagios.
A continuación, el Departamento de Atención Integral al Estudiante te brinda algunos consejos para mitigar los efectos del confinamiento, temor, pérdidas y falta de certeza:
- Promueve una alimentación saludable.
- Mantén una correcta higiene del sueño, duerme a la misma hora y aleja el celular de la cama.
- Propicia la actividad física como la caminata, el baile, juegos con los niños o pasear a la mascota.
- Con tu familia o círculo social inventa nuevas tradiciones, como miércoles de cine en casa o viernes de probar alimentos nuevos.
- Participar del hábito de la lectura.
- Mantener el contacto social con amigos y familiares por las vías digitales.
- Busca soluciones y no más problemas, intenta algo creativo, alternativo o diferente, pregúntale a tus hijos pequeños o vecinos como lo resolverían, te puede ayudar.
- Practica la gratitud, inicia en casa con los detalles más pequeños pero significativos, abre la puerta en el súper a otra persona o deja pasar al auto de enseguida.
- El exceso de información también genera agotamiento, toma ayunos de noticias, ya que muchas de ellas no son verificadas y generan una angustia mayor.
- Vive en el aquí y el ahora, practica Mindfulness; sumerge las manos en agua tibia, escucha música o come un bocadillo lentamente.
- Seguir una rutina en este momento es bueno, así como establecer un plan para ocupar tu tiempo. Que los demás integrantes de la familia también tengan su propio plan.
- Dosifica el uso de la tecnología, que no sea el único recurso del que dispones para el tiempo libre.
- Si haces home office, vístete para laborar, asigna un espacio de trabajo, que esté iluminado, ventilado y cómodo, con las herramientas necesarias al alcance.
- Finalmente, el compromiso de aceptación y adaptación de la realidad atípica en la que tu familia y tú viven servirá para aminorar los efectos adversos y limitantes de la contingencia, contribuye a la paz mental, incrementa el grado de eficiencia de la calidad de vida y ayuda a llevar el proceso paso a paso sin caer en la desesperanza.
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