Chihuahua, Chih.– La violencia que terminó en tragedia volvió a ser minimizada por las autoridades. El fiscal general del estado, César Jáuregui Moreno, informó que se investiga la actuación de los policías municipales que acudieron a un llamado de auxilio de una mujer, quien reportó que su propio hijo la estaba agrediendo físicamente. El arresto, sin embargo, terminó con el joven muerto.
El fiscal, con una calma digna de manual burocrático, aseguró que la “intervención de los policías fue conforme al protocolo”, ya que el sujeto —intoxicado y violento— “necesitaba ser sometido”. “Lo bueno es que hay videos”, dijo, como si las imágenes de una muerte pudieran clasificarse entre lo positivo.
Según Jáuregui, en las grabaciones “se percibe una violencia extrema” por parte del detenido y una “intervención normal” de los agentes. Normal, aparentemente, significa que un ciudadano termine sin vida tras un arresto.
La necropsia reveló un edema pulmonar, pero aún falta establecer si la causa de muerte fue la intoxicación o el sometimiento policial. Mientras tanto, los agentes involucrados no están detenidos, sólo “a disposición de la fiscalía”, en esa cómoda figura legal que suele ser preludio de la impunidad.
En resumen: un joven intoxicado murió bajo custodia policial, la madre que pidió ayuda ahora enfrenta un duelo, y el Estado se refugia en el eufemismo de la “intervención normal”.